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Ramfis Trujillo y el fin del trujillismo: una carta de Orlando Objío para Aída Trujillo

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¡Carajo, es que en este país alguien todavía cree que Ramfis sirve para algo!

(Orlando Objío es historiador, sociólogo, abogado, con maestría en Historia dominicana, catedrático  de las Escuelas de Historia, Sociología y Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.  Ensayista. Ha publicado “Meollos dominicanos” y “Cultura política autoritaria dominicana”).


Señora Aída Trujillo:

La familia del Jefe ha iniciado una campaña para limpiar su imagen. Su tío político, el criminal Pechito, escribe “Yo, Ramfis”. Su tía, Angelita, escribe para excusar a su papito del crimen de las hermanas Mirabal. Su primo procura que el Estado dominicano construya una especie de museo panteón nacional para el Generalísimo, y usted añora los años que vivió a la sombra de su inolvidable abuelo. Por alguna fuente me entero que usted escribe otra novela en la que Ramfis, el añoñado príncipe heredero del “Monarca sin Corona”, será el personaje central. Se nota que la familia: abuelo-padre, constituye la cantera de alimentación de sus musas literarias. Ciertamente la familia Trujillo Martínez es digna de ser novelada, ella, como ninguna otra en la historia conocida por quien le escribe, acumula tantas lacras: inferioridad intelectual/bajos niveles culturales, sicópatas/locos, homosexuales, alcoholismo, raterismo, robo, sexualidad irrefrenable, acoso-violación sexual, prostitución, la extorsión, la tortura, el asesinato, el secuestro y las desapariciones. Su familia, señora, es la diabólica encarnación de la perversidad y el crimen. En la línea genética de esa “Perversidad Hereditaria” se halla su pareja familiar predilecta: abuelito-papi, quienes estudiados desde las perspectivas de estas ciencias configuran un caso clásico de transmisión hereditaria padre-hijo de la criminalidad.

La extensa producción bibliográfica sobre Trujillo y su régimen establece una nueva especialidad científica en la historiografía dominicana: La Trujillología. Ahora bien; revisada atentamente esta bibliografía sobre Trujillo se evidencia que hay bastante ideología, esto es, valoración política, lo que la divide en anti-trujillistas y trujillistas. Mientras los primeros nos presentan la cara horrible de “La Era del Jefe”: el terror; los trujillistas presentan las bonanzas de la dictadura: orden, delimitación fronteriza, pago de la deuda externa, creación de la nación, la moneda y el banco central, nacionalismo. Y, no podría ser de otro modo, ya que, entre otras razones, el trujillismo, visto como una fuerte corriente del pensamiento político dominicano, es el que mejor expresa el autoritarismo predominante en la cultura e historia política nacional.

En la actualidad presenciamos una verdadera ofensiva trujillista, con el propósito de defender a Trujillo, a su familia y a su régimen se escriben libros, novelas, se presenta un proyecto de ley para un museo a Trujillo y ustedes los descendientes del Jefe regresan a residir en el país. Esta producción intelectual de los trujillistas se ha incrementado, cantan loas al orden, al progreso, a la independencia financiera, a la dominicanización de la frontera, al nacionalismo del “Jefe”. Pedro Troncoso Sánchez publica un estudio de la historia política dominicana, hace una muy apretada síntesis de la etapa 1930-61, plantea que Trujillo tenía cierta visión de los problemas nacionales, lo que le llevaría “a realizaciones útiles como el arreglo de la cuestión fronteriza, la legislación laboral, el pago de las deudas externas e interna, el régimen bancario y monetario y muchas obras materiales” .

En esa línea laudatoria escriben Balaguer y Johnny Abbes García, quien en sus memorias: Trujillo y Yo, dice que tu abuelo fue el: “Dictador que hizo de la República Dominicana un modelo de orden y prosperidad en treinta y un año de gobierno serio y responsable” , “la era de Trujillo, un periodo dictatorial de 31 años, que logró controlar todas las actividades de la vida dominicana, pero que llevó al país orden y progreso, aunque se empeñen en negarlo los que todavía están bajo la influencia de la enorme propaganda anti-trujillista que circuló por el mundo entero durante muchos años, a un costo enorme para los interesados en sostener esa campaña: los comunistas” .

Ahora bien; lo que aquí interesa es la personalidad de Ramfis Trujillo, vayamos al grano. Ramfis se nos presenta como una de las figuras históricas más interesantes del régimen trujillista; constituye un caso atrayente para repensar la relación individuo e historia. La comprensión de su trágica biografía se inicia por un detalle aparentemente intrascendente: su crianza. Hijo mimado, adorado, el tesoro de su padre, al extremo de que desde niño lo preparó para ser el heredero de la dinastía Trujillo. Este sujeto colocado en el contexto histórico de la muerte del Jefe, deviene en una figura central de la coyuntura histórica que vivió el país. Ese es el momento en que se revelan todas sus limitaciones, evidenciándose como una verdadera nulidad política para retener el poder, y confirmando la apreciación final que sobre él tenía su padre: ¡Carajo, es que en este país alguien todavía cree que Ramfis sirve para algo!

Ramfis nace el 5 de junio de 1929, niño mimado y problemático, al que se le satisfacían todos los gustos y deseos, con un entorno familiar que no ofrecía ejemplos estimulantes para un desarrollo equilibrado de su personalidad, el padre, la madre, los tíos fueron modelos no éticos: “Cabe decir sin exagerar que muy pocos niños y jóvenes habían crecido y evolucionado en un ambiente tan fatal para el desarrollo de la disciplina, la responsabilidad y las virtudes humanas” . Su instrucción/escolaridad fue muy defectuosa, lo que explica que en el plano intelectual no tuviera meritos: “Su saber nunca llegó a mucho, y ya en su madurez a menudo se equivocaba al referirse a libros, autores y hechos históricos” . Sin estudiar se gradúa de Doctor en Derecho. Sin embargo; el premio nacional al mejor estudiante llevaba su nombre.

A la sombra del padre tuvo una precoz niñez militar; a los 4 años, mediante decreto, su padre, en méritos a sus servicios, le nombró Coronel del Ejército. A los ocho años, también por decreto,  se le otorga una medalla militar: “por las excepcionales virtudes de que ha dado muestras a su temprana edad”. Así las cosas, en 1938, mediante decreto, el presidente Jacinto B. Peynado, un títere de Trujillo, lo asciende al Coronel de 9 años a General de Brigada de Ejército, ascenso concedido “en mérito a los servicios”. En septiembre de 1943 el diario La nación publicó, en primera plana, una carta de Ramfis a Trujillo, tenía 14 años, en que solicita se derogue el decreto que le nombraba General, se le complació. En 1949, tiene 20 años, es capitán del Cuerpo de Ayudantes del presidente (su padre), ese mismo año es nombrado inspector de Embajadas y Legaciones con el rango de Embajador. En 1951, es teniente coronel honorario, en enero de 1952 ascendido a coronel.

Ese mismo año (1952) cumple 23 años  fue ascendido a Brigadier General y nombrado jefe del Estado Mayor de la Aviación. En 1953 es ascendido a mayor general. Recibe las máximas condecoraciones de la Órdenes Trujillo, Duarte, Colón, Mérito Militar, Mérito Aéreo, Mérito Naval y Mérito Policial. Para completar esa brillante carrera militar, Ramfis fue enviado a una academia militar norteamericana, de allí fue expulsado por dedicarse a la bohemia. Entonces, regresa al país, Trujillo acude a recibirlo. 

Joaquín Balaguer estuvo presente en el recibimiento, he aquí su relato: “Cuando Ramfis retornó al país, después de los escándalos que escenificó en Hollywood y del incidente que provocó en la escuela militar de Leavenworth, fui en compañía de Trujillo a saludarlo a bordo del yate “Angelita”. Eran las doce del día cuando entramos a la embarcación anclada sobre la orilla occidental del río Ozama. Trujillo iba eufórico, ansioso de abrazar a su hijo después de varios meses de ausencia. Pero la expresión de su rostro cambió súbitamente cuando entró al comedor del yate y halló a Ramfis completamente ebrio y en un estado físico deplorable. Su barba había crecido y se advertía que había estado entregado a los peores excesos durante varias noches consecutivas. Aquel palacio flotante había servido de escenario a varios meses de orgía. Nadie pudo ponerse de pie a la llegada de Trujillo. Para poner fin a aquella escena desoladora y al mismo tiempo insoportablemente pesada, un alto oficial, miembro de la tripulación del yate, se acercó a Trujillo con una copa de su coñac predilecto. El dictador la levantó con mano trémula, e hizo ante el asombro de todos este brindis que recuerdo entre las experiencias más inolvidables de “Era de Trujillo”: Brindo por el trabajo que es lo único que dignifica al hombre y que lo acerca a Dios”. Balaguer asume que: “El sentido de este exabrupto pronunciado con vehemencia y con cierto temblor en la voz, pasó inadvertido para quienes lo oyeron, imbecilizados por un largo viaje entre champaña y mujeres de vida alegre. Pero para mí fue un grito de dolor, salido del pecho de un hombre decepcionado que no halló en aquel momento de turbación otros términos más felices para expresar su desagrado ante aquella bacanal y para hacer al propio tiempo una confesión del fracaso de su obra más querida: sus hijos” .

La expulsión de Ramfis de la academia militar norteamericana agrietó las relaciones militares entre los dos países: “Como resultado del fracaso de Ramfis en recibir un diploma cundo asistió, pero no completó satisfactoriamente, al curso de Estado Mayor en Fort Leavenworth, Kansas, un ofendido Trujillo hizo regresar a los cadetes dominicanos y jóvenes oficiales que estudiaban en el país. En febrero de 1960 terminó sus servicios en Santo Domingo el Grupo de Asesoría Militar de Estados Unidos (MAAG). Los asesores militares norteamericanos no prestarían servicios nuevamente en la República Dominicana hasta después que Trujillo fue asesinado” . No obstante; Trujillo lo premia haciéndolo ¬¬¬Jefe  militar de de las fuerzas de aire, mar y tierra, tenía 23 años, desde entonces popularmente se le apodó como el “El Pato”.

El resultado de la adoración, la adulación y el total consentimiento del niño fue que tempranamente Ramfis presentó manifestaciones de ser un degenerado, en él se estructuró una personalidad en la que se destacan algunos elementos que caracterizan la estructura del régimen trujillista: racismo, sicopatía criminal hereditaria, acumulación delictiva de riqueza, alcoholismo, playboy, y lujuria insaciable, carencia de escrúpulos.

José Almoina, secretario particular de Trujillo y preceptor de Ramfis, estuvo muy cerca de los Trujillo lo que permitió conocer “los secretos de la familia real”, en su famoso texto: “Una satrapía en el Caribe”, nos presenta un excelente cuadro ético de la familia Trujillo: “todo cuanto del sátrapa proceda es yerba mala. Todos los Trujillo son gentes arrebatadas, locas. O son ladrones o asesinos o tienen taras sexuales considerabilísimas. No hay en la familia nada noble o puro”. Para Almoina, dentro de los Trujillo, Ramfis es un caso típico, relata lo espeluznante de la historia: “Ramfis sigue la escuela de los suyos si es que no los supera. Nos referimos a las mujeres (…) a los 15 años tenía su camarilla que le buscaba chiquillas. El Doctor Robiou, le había separado en el hospital Marión, donde era Director, una habitación para que allí Ramfis pudiera recibirlas y después de reconocidas, deshonrarlas”.

Armando Mieses Burgos y Manuel de Moya Alonso buscaban jovencitas para el mimado del Jefe: “Se las traen de todos los rincones del país para ser sacrificadas a la ya peligrosa sexualidad del vástago del tirano o que por tal pasa”.

Lo más terrible del caso está en el criminal sistema que los Trujillo establecieron para obligar que toda mujer por ellos pretendida fuese efectivamente poseída: “Si se les antoja una mujer, o cede esta o sitian por hambre a la familia. Padres, hermanos, cuñados, quedan automáticamente sin empleo”. Utilizando este método Ramfis se antojó de “una hermosa muchacha, interna del Colegio del Sagrado Corazón de Santiago de los Caballeros (…) se ordenó que fueran a buscarla”, las monjas encargadas del centro educativo se negaron a entregarla sin el permiso del padre, pero como Ramfis insistía: “entonces se buscó a éste y como no quisiera ceder, se le encarceló, apaleó espantablemente, se le arruinó, y…finalmente la muchacha fue arrancada del colegio y entregada al hijo…del Sátrapa”.

Ramfis tenía, desde los 17 años, un harén, si alguna quedaba embarazada, el método empleado para resolver el asunto fue casarla con un militar, la mujer ansiada no se conquistaba la política de los Trujillo era “Polvo o Muerte”: “Uno de los crímenes más abominables realizados por Trujillo para satisfacer caprichos de Ramfis, fue el del asesinato del oficial de la Policía Nacional, Mayor Arredondo. Tenía éste una lindísima, como de 15 años. Un día se le antojó al hijo del Sátrapa. Comprendió el Mayor lo peligroso de aquel deseo y se mantuvo reservado ante las proposiciones que se le hacían. Más, obligado a una decisión, rechazó en forma violenta semejante infamia. A las 24 horas aparecía muerto” .

Una linda joven periodista norteamericana decide viajar de vacaciones a Ciudad Trujillo, se intentó un secuestro para llevársela a Ramfis, la joven escapó arrojándose del automóvil: “produciéndose al caer al suelo algunas heridas”, se produjo un escándalo, la Embajada norteamericana tuvo que protegerla asilándola. Con ese sistema de conseguir mujeres: “Todas las muchachas más distinguidas de la Era de Trujillo han pasado por Ramfis”. Otro testigo confirma todo lo dicho sobre Ramfis: “desde su niñez fue una persona absolutamente corrompida”. Esto lo sostiene un militar de La Era, narra que cuando Ramfis apenas contaba con trece años amigos “le llevaban diariamente niñitas para que él las poseyera y el joven cansado por tanto trajín, ya no podía satisfacerlas” .

De adulto se le conoce como sicótico, alcohólico, mujeriego, ladrón, racista, asesino, torturador, nulidad militar y política que no pudo retener el poder, él no pudo cumplir el “Sueño Dinástico”. El dictador quiso instaurar una dinastía, creyó que su hijo adorado, Ramfis, sería el indicado, “El Jefe” albergaba la esperanza de que tuviese la condición de líder, así lo expresó cuando Ramfis era apenas un niño: “Es mi orgullo. Quiero ahora prepararlo con la esperanza de que pueda serle útil a la patria en tiempo oportuno y a mis amigos” .

Pero, la historia se escribiría con sentido trágico, porque “Dios castigó a Trujillo hiriéndole en la carne de sus propias criaturas. Ninguno de sus hijos respondió a las esperanzas que acarició de dar al país un sucesor de su propia sangre que lo sustituyera un día en la dirección de su imperio político . Ocurrió el caso que el mayor de sus vástagos imitó su vida sexualmente desordenada y llegó inclusive a disputarle sus propias mujeres o a interferir en sus intrigas amorosas. La vida licenciosa del padre, para quien no hubo escrúpulos que se opusiera a la realización de sus caprichos más censurables, sirvió de ejemplo a los hijos e hizo a menudo imposibles las correcciones adecuadas. Recuerdo que un día llegó al Ministerio de la Presidencia un expediente que sugería la designación del primogénito de Trujillo, quien a la sazón se divertía en París, como embajador de la República ante el Mercado Común Europeo. Trujillo sonrió con amargura cuando pasó sus ojos por el oficio que contenía esa propuesta. “¿Y todavía me dijo patéticamente, hay gente en este país que cree que Ramfis sirve para algo?” .

Entre el dictador y su prenda dorada se dio una relación conflictiva en mucho puntos, uno de ellos lo fue en lo relativo al manejo de la aviación, Ramfis medalaganariamente otorgaba rangos a diestra y siniestra, lo que disgustaba al Jefe: “Trujillo padre recriminaba a Trujillo hijo, por prodigar y festinar ascensos en la Aviación Militar Dominicana” . El conflicto fue de tal magnitud que parece que Ramfis llegó a odiar a su padre, al ver su cadáver: “Ramfis se limitó a ver el cadáver de su padre, haciendo una mueca de desprecio” .

La razón del conflicto entre padre e hijo descansaba en el hecho de la incapacidad de Ramfis para cumplir su sueño dinástico: “Ramfis iba tomando una dirección exactamente opuesta, alejándose del ejemplo de su padre en el más importante de los aspectos. Ello constituyó la fuente de las agrias disputas que progresivamente fueron distanciando a padre e hijo, tanto física como emocionalmente. Ramfis se mostraba casi totalmente desinteresado en los asuntos políticos y en la vida pública” .

Trujillo sería el primero en darse cuenta y en denunciar públicamente que Ramfis era un mequetrefe. “El Jefe no confiaba en Ramfis, sobre todo después del fracaso que éste tuvo en la escuela de Estado Mayor de Kansas, en la que fue reprobado por no alcanzar el mínimo de las calificaciones requeridas. Así lo había manifestado en diferentes ocasiones frente a sus más íntimos, y así se la hizo saber al propio Ramfis durante la celebración de su cumpleaños, inmediatamente después del regreso de éste de su gira por el territorio norteamericano” .

Mario Read Vittini, en su obra Trujillo de Cerca, narra el discurso de regalo que Trujillo le hizo a Ramfis en su cumpleaños veintiocho: “Señores: nos encontramos reunidos aquí, esta noche, para celebrar la entrada en la edad viril de mi hijo mayor, Ramfis (…). Con ese motivo ustedes tienen motivos para pensar que yo soy un padre feliz…Pero yo tengo que confesar que no es así. Que mi hijo, Ramfis no es el hombre que yo esperaba y hubiera deseado. Que él no es el hombre calificado, porque no reúne las condiciones necesarias para recibir el legado que algún día le corresponderá”.

Trujillo fue reiterativo y agregó: “Ustedes podrán pensar que yo estoy equivocado, o que soy injusto, por las apariencias de su  posición. Pero no es así, yo me he tomado muy especial cuidado de examinar su conducta, de probar su carácter desde que era un niño y de observar sus actitudes y sus reacciones y estoy seguro de que no me equivoco. Estoy convencido de que él no sabrá hacerse digno de las responsabilidades que alguna vez habrán de tocarle. Y yo, no podía dejar de manifestarle ésta justificada creencia mía en la hora que está entrando en la edad viril, aunque sin esperanzas de que su actitud cambie ni su carácter se fortalezca.

Créanme que es muy penoso decirle estas cosas a Ramfis en el día de su cumpleaños, pero me traicionaría a mí mismo si no le hago saber, en presencia de ustedes, la convicción que tengo de que él no sabrá responder al llamado de la historia”.

Ramfis replicó con un discurso lo sustancialmente dicho por su padre, enfatizaba que su este no conocía su carácter ni sus condiciones personales y que por tal razón Trujillo estaba equivocado. Fue categórico afirmando que él sí sabría ser digno heredero del poder “el día que la historia me llame (…) yo sí sabré hacerme digno del gran legado de gloria que mi padre me deje”. Ramfis le dijo al auditorio “ustedes me serán testigos”.

Entonces, Trujillo ripostó con un aplastante discurso: “¿Ustedes lo oyeron? (…) ¡Nooo…! ¡Ustedes no le serán testigos a él! ¡Ustedes me serán testigos a mí! ¡Porque el día que la historia lo llame, será precisamente porque yo falte! Trujillo invitó al auditorio a tomar nota de su discurso a “los que hayan de escribir mañana la historia dominicana: Para que los dominicanos del futuro puedan apreciar que yo no me equivoqué ni al juzgar a mi propio hijo” .

A esta tirante relación padre-hijo se agregó el asunto de la paternidad de Ramfis, dos españoles, Almoina y Galíndez, difundieron  en el extranjero la especie de que Ramfis no era hijo de Trujillo. Ambos fueron asesinados. Posteriormente, José Almoina reconoció que Ramfis “tiene de su padre la fisonomía interior de su padre, es decir, el gesto, el ademan, la mirada, la expresión de recogimiento y concentración y la rapidez de la reacción temperamentales” . Todavía hoy se continua discutiendo si Ramfis fue hijo bastardo, se busca en la genética, los rasgos físicos de la paternidad de Ramfis, unos afirman que esta no dejo evidencias físicas de que Ramfis descendiera del Jefe, se afirma que el aspecto físico de Ramfis lo delata: “Ramfis es blanco. Esto establece una cierta duda”/“Poca huella había en él de la herencia haitiana y mulata tan evidentes en sus tíos, y en grado menor, en su padre” .

Otros, en cambio, sostienen que Ramfis sí se parecía a Trujillo: “si los rasgos físicos relevantes (…) pueden ser un signo evidente de paternidad, el parecido de Ramfis lo marcaba como hijo indudable de Trujillo. Personalmente yo, en mi condición de dibujante acostumbrado a examinar los rasgos y características de una fisonomía, puedo asegurar, que en las veces que estuve frente a los dos juntos, hice cuidadosas comparaciones fisonómicas y pude apreciar que los rasgos determinantes de Ramfis, concordaban extraordinariamente bien con los de Trujillo, salvo las diferencias naturales: Ramfis era más blanco, sonrosado, más alto, más refinado y más esbelto, pero en la frente, los ojos, la nariz, la boca y la barbilla hendida, era la imagen viva de su padre” .

Víctor Grimaldi en “Sangre en el Vecindario del Jefe” se pregunta: ¿Era Ramfis hijo de Trujillo? Un primo de Ramfis le dice que “él era muy Martínez, él salió del tipo de su tío Paquito Martínez”/“Ramfis salió Martínez, Ramfis a quien se parecía era a su tío Paquito Martínez y a todos ellos” . En cambio, otra persona afirma: “Físicamente lo parecía. En otros aspectos también. Los peores.  Ególatra, apuesto, vanidoso, mujeriego, cruel y sádico, pero sin el terrible talento político de su padre” . Esto sólo lo resuelve la prueba genética, mientras tanto: “Desde luego el asunto no está del todo claro” .

Sin embargo; recientemente se hace un esfuerzo por destacar su figura histórica. Luis José León Estévez, un “trujillista fanático con Ramfis” , miembro de la camarilla criminal de Ramfis, leal a este como un perro, escribe el libro “Yo, Ramfis”, es un testimonio de lealtad perruna hacia su amo. El libro es una carta póstuma que el le escribe a su amo, porque siente “la necesidad moral” de reiterarle su lealtad: “siento la necesidad moral de repetírselo cada vez que las circunstancias lo demanden, para que tenga la seguridad de mi sincero afecto y adhesión personal”, “quiero dejar constancia escrita, de que ahora y siempre me tiene a su lado, identificado con usted en sus ideas y en sus actitudes”. El perro fiel no tiene empacho en declarar que para él la memoria de Ramfis “es un presente de inalterable exigencia en mi conducta”. En el libro León Estévez parte de la premisa de que la figura de Ramfis “despierta, por las consecuencias político-históricas de sus decisiones, una incitación a la reflexión y a la polémica”.

Se publican “Los Papeles de Ramfis”, esfuerzo de su buen amigo Emilio Rodríguez Demorizi, y ahora usted anuncia una novela en la que Ramfis será el personaje central.

Como toda producción intelectual implica una ardua investigación, por ejemplo, para escribir su próxima novela obligatoriamente tendrá usted que producir el perfil de tu padre, en ese tenor le envío este ensayo como un humilde aporte, una colaboración, para que su novela no olvide el perfil de tu héroe. Ahí le va: espeluznantes características definen la mente y el comportamiento de Ramfis: sicópata, torturador, asesino, ladrón, alcohólico, en lo sexual un acosador, mujeriego insaciable, en lo político-militar un inepto/mequetrefe que no pudo ser “el príncipe heredero”.  Lo dicho está históricamente registrado, no hay señora razón para olvidar.

En 1959 se produce la invasión guerrillera contra el tirano, quien informado previamente de los planes en su contra se prepara para el combate. Este episodio histórico pondría de manifiesta la naturaleza criminal de Ramfis Trujillo, adoptó una decisión que revelaba fino tacto político, impartió la orden de capturar prisioneros vivos: “Había una orden de Trujillo que no fue cumplida; no matar a los invasores. Tratar de capturar vivo al mayor número de hombres, para utilizar sus testimonios frente a organismos internacionales, demostrando la agresión de que había sido objeto el territorio nacional por parte de gobernantes de países latinoamericanos” . Sin embargo; Ramfis ordenó el fusilamiento inmediato de los guerrilleros, es decir, en el mismo escenario de guerra.

No obstante, 78 expedicionarios fueron hechos prisioneros, fueron remitidos a la base aérea de San Isidro, cuartel general de Ramfis, allí personalmente los interrogaba y torturaba. Ramfis los exterminó a todos, mediante el fusilamiento y los lanzaba sin paracaídas desde los aviones. Improvisó un paredón en el que eran fusilados por cadetes de la Academia Militar, soldados del CEFA, amigos de Ramfis y hasta cubanos llegaron a participar: “donde el pelotón de verdugos fue constituido por un grupo de cadetes cubanos que habían llegado al país para refugiarse, junto con Fulgencio Batista, cuando éste fue derrocado” .

Johnny Abbes García, un testigo excepcional, narra que no conoció en detalle los fusilamientos, pero que sí pudo “presenciar fusilamientos un día que fue a la Academia Militar”. No obstante; declara que: “Un día la Jefatura de Estado Mayor Conjunto dio la orden de que fueran fusilados los prisioneros. Tal orden, fue ejecutada en el patio de la Academia Militar y los pelotones de fusilamiento estaban compuestos por Cadetes, estudiantes de esa Academia. Todas las tropas de servicio en la base área de San Isidro estuvieron presentes. La mayoría de los oficiales de la Aviación Militar se encargó de dar las órdenes a los pelotones. Supe también que en los cuarteles de la Marina de Guerra y del Ejército Nacional se hicieron algunos fusilamientos” .

Hay otros testimonios: Guido D’Alesandro para la época íntimo amigo de Ramfis, narra que este invitaba a sus amigos a los fusilamientos . Mario Read Vittini afirma que para 1959: “Supimos que los capturados eran torturados y fusilados inmisericordemente en San Isidro, bajo el control del General Rafael (Ramfis) Trujillo. También supimos que se había creado un nuevo centro de torturas denominado “El 9”, porque estaba en el kilometro 9 de la Carretera Mella, que unió a los tradicionales métodos de tortura, perros y hormigas caribes” . Ramfis justificó su comportamiento criminal diciendo que: “Los fusilo para dar un ejemplo a todas las Fuerzas Armadas, pero primero los hago torturar dar un ejemplo a mis amigos de lo que les espera si algún día me traicionan” .

Delio Gómez Ochoa, en sus memorias, narra que Ramfis dirigió el interrogatorio que se le hizo: “cuando Ramfis veía que no era efectivo o preciso en mis datos, salía de la habitación. Entonces me daban golpes y me aplicaban bastones con electricidad en el pelo, para ablandarme, según decían. También a Pablito (…) le aplicaron corriente (…) Aplicaba en ocasiones el golpe del teléfono. Así le llamaban, pues con ambas manos golpeaban por los oídos y dejaban a uno casi sordo, Podían fácilmente reventar los tímpanos. Aún sufro las consecuencias de esas golpeaduras pues he perdido la audición del oído derecho, y tengo muy disminuida la del izquierdo” . Al general Juan Tomás Díaz le repugnaba la conducta criminal de Ramfis: “el culpable de esos asesinatos no es sólo el viejo, no, sino también el hijo, Ramfis, que parece que será peor que el padre, los está masacrando” .

Ramfis fue un ladrón, precisamente para 1959 se inicia, junto a su padre como empresario, lo hizo en el ramo del cacao, fundando la empresa Chocolatera Industrial C. por A. Frank Moya Pons revela que la creación de esta empresa fue una estafa al Estado dominicano: “en 1959 el hijo del Dictador se convirtió en el propietario de una industria creada diez antes por el Estado dominicano sin haber pagado un solo centavo ya que el Banco Agrícola extendió sus generosas facilidades de crédito a fin de permitirle pagar el préstamo en quince años. Ramfis nunca pagó nada pues dos años más tarde Trujillo fue asesinado y tanto él como su familia tuvieron que marchar al exilio, pasando la Chocolatera nuevamente a manos del Estado” .

Otra circunstancia que evidenciaría a la familia Trujillo Martínez como una claque de ladrones encabezados por Ramfis fue la cuestión familiar relativa a la herencia de la fortuna del jefe. Flor de Oro revela que en agosto, tres meses después de la muerte de Trujillo, en el “salón de conferencias en la Base Aérea de San Isidro”, tuvo lugar una dramática reunión familiar “para tratar de definir el asunto de la herencia” , allí, Ramfis leyó un inventario de los bienes dejado por el dictador y: “Sólo habían $ 2, 723, 349.27 en efectivo para repartir entre todos” . La estafa era de tal magnitud que allí no se llegó a repartir la herencia; ya que ninguno de los hijos de Trujillo y Lina Lovatón firmó. Posteriormente, por confidencias, Flor de Oro, se enteró que Ramfis y su madre pasaron días “cambiando títulos a las propiedades y enviando riquezas fuera del país” .

Tanta sed de dinero tenía que hasta al propio padre intentó estafarlo, Ramfis, intentó cobrarle al propio Trujillo el trabajo criminal realizado durante la invasión de 1959. Don Cucho Álvarez en sus “Narraciones sobre la Era de Trujillo” revela que: “Ramfis desde sus cuarteles de San Isidro, se había encargado de la eliminación de los restos de los combatientes. Ese trabajo sucio tendría también sus reclamos económicos. El flamante jefe de Estado Mayor Conjunto reclamó a su padre su precio, que estimó en diez millones de dólares, actitud esta que provocó grandes conflictos entre padre e hijo y que arrastró a varios miembros del gabinete y a otros familiares y relacionados con el vástago mayor del jefe” .

La muerte del Jefe saca a relucir las principales prendas que perfilan la personalidad de Ramfis, en esa coyuntura histórica su conducta se caracteriza por ser un mequetrefe sin voluntad de poder, un psicópata asesino motivado principalmente en vengar la muerte del dictador, para lograr sus fines se valdría de la tortura y el asesinato, asumió el poder militar y predijo lo que haría: “Seré tan implacable como papi. Los quiero a todos vivos” . Por igual puso de manifiesto su condición de ladrón, alcohólico y rata cobarde.

Arturo Espaillat, militar criminal de la inteligencia trujillista, cuyo nombre de guerra era Navajita, de él se decía que desayunaba con un niño pasado por agua y no tocía. Muerto Trujillo cayó en desgracia con Ramfis, relata que este lo “consideró como un competidor potencial para el poder”, así las cosas Navajita cayó preso y se le aplicó un especial método de tortura llamado “el tratamiento del insomnio”. De acuerdo a su relato de este método de tortura físico-psicológico consistía en lo siguiente: 1-el prisionero es colocado en una habitación pequeña, sin cama, todo el tiempo sentado en una silla de duro respaldo con el rostro frente a una potente luz cegadora, 2-es bien alimentado: “Durante todo el tiempo de mi tratamiento me alimentaron bien. Eso forma parte del tratamiento. Cuanto más fuerte es uno físicamente, tanto mayor es el impacto del tratamiento sobre la mente”. Y, 3-se colocan vigilantes que le impidan dormir, lo cual logran aplicando golpizas cuando el prisionero cae rendido del sueño: Un día después mis guardianes podían mantenerme despierto sólo golpeándome con palos”

Navajita, asesino y torturador, revela que el efecto del método de tortura utilizado con él era  mental: El delirio enloquecedor: “Las paredes comenzaban a bailar y yo me iba a caer de bruces de mi silla cuando el suelo de repente pareció disolverse. Monstruos extraños comenzaron a caminar vacilantes en la habitación.

No podía coordinar mis movimientos y palabras. Mis procesos mentales estaban en cortocircuito. Ya no podía pensar, sólo sentir de una forma vaga. Los monstruos se hacían más grandes y toda mi celda se difuminaba en una bruma trémula. Y entonces me borré completamente”. Ramfis introdujo ese método de tortura en el país: “Eso era algo nuevo en la república Dominicana. Ramfis había leído sobre ello en su estancia en París y recuerdo que una vez había discutido la técnica. Ramfis siempre quería estar a la altura de los tiempos” .

Tomás Báez Díaz estuvo preso “El 9”, el centro de torturas de Ramfis, escribe “En las garras del terror”, procura “describir aquel tugurio y hacer saber a la humanidad lo que allí sucedió”, allí padeció “largas horas de torturas”. En “El 9” se aplicaba un sistema que incluía torturas físicas y mentales. Entre las torturas físicas Báez Díaz refiere uno conocido como “el sistema de ablandamiento” que consistía en “goles en el cráneo con un pedazo de gruesa goma e corta dimensión”, la tortura se iniciaba “con la aplicación de golpes casi tenues”, gradualmente la intensidad de los golpes se aumentaba “hasta llegar a la violencia, acompañándolos con frases que el verdugo pronunciaba con desesperante cinismo”, el torturado “quedaba inconsciente y cuando reaccionaba, comenzaban nuevamente los interrogatorios”. En cuanto a las torturas mentales se utilizaban varias técnicas: cuando estaban en las celdas les ponían grabaciones en las que podían escuchar los lamentos de las torturas, violenta y repentinamente abrían las celdas “y nos llenaban groseramente; nos poníamos de pie y habiendo satisfecho su propósito volvían a cerrar las puertas y se retiraban. En algunas ocasiones se llevaban a uno de los compañeros y no volvían a traerlo. En estos caso pensábamos que los habían asesinado, pero no todos tuvieron ese triste destino, porque luego comprobamos que a algunos los llevaron a otras celdas” . Aquel centro de tortura fue dirigido por Ramfis, usó la silla eléctrica, látigos, pedazos de goma, el fuego, perros que comían gentes y hormigas caribes.

Ramfis tenía su propio centro de tortura: “El 9”, allí habían hasta perros que comían seres humanos. Miguel Ángel Bissié fue torturado en ese centro, en sus memorias narra que el 30 de junio de 1961 se cumplía un mes de la muerte de Trujillo, Ramfis lo celebraría torturando a los implicados en el ajusticiamiento de su padre. Miguel Ángel Bissié narra que ese día Ramfis se presentó a “El 9”: “Su llegada al recinto penitenciario fue el comienzo de la noche más negra de nuestro cautiverio (…) Esa noche, por cumplirse un mes del ajusticiamiento, se emprendió una fuerte represalia contra (…) Roberto Pastoriza, Huáscar Tejeda, Pedro Livio Cedeño, Modesto Díaz, Salvador Estrella, y Miguel Ángel Báez Díaz. A ellos también se sumaron los generales Pupo Román y García Urbáez (Billía) a quienes torturaron ferozmente.

Todos fueron llevados uno a uno ante la presencia de Ramfis. A los tormentos ya experimentados con anterioridad se añadió la quema de los vellos de los testículos y axilas mediante teas encendidas que hacían con periódicos enrollados. Los ruidos que desde la celda podíamos escuchar eran los interminables y espeluznantes alaridos que los prisioneros torturados lanzaban al sentir sus carnes laceradas y quemadas. A esos alaridos de dolor, se unía de vez en cuando, el abrir de cerrojos y arrastrar de cadenas por los escalones que comunicaban los dos pisos cuando otro prisionero era conducido ante la presencia de los torturadores. Los castigos sólo cesaron  cuando todos los torturados fueron perdiendo el sentido uno a uno” .

“El 9” contaba con un equipo de torturadores: “Entre los torturadores más crueles se encontraban Ramfis y Radhamés Trujillo, hijos del sátrapa; otros miembros de la familia del dictador como Virgilio García Trujillo, quien en su sadismo llevaba a su hijo de corta edad para que tomara parte en las torturas. J. Arismendi Trujillo (Petán); Pedrito Trujillo y Luis José Trujillo Reinoso; Tuntín Sánchez; Gilberto Sánchez Rubirosa (…) José León Estévez; el temible Johnny Abbes (…) Roberto Figueroa Carrión (…) Tavito Balcácer; el sanguinario Clodoveo Ortiz (…) Pérez Mercado, el teniente Fernández, César Lugo, el sargento Cuevas y el fiscal Teodoro Tejada Díaz (Lolito)” .

Rasgo determinante en Ramfis fue su falta de voluntad militar y política. La muerte de Trujillo provocó una “lucha secreta por el poder”. La familia Trujillo pretendía dar continuidad al régimen, pero estaba llena de mequetrefes: “El propio Trujillo había llegado a admitir esta realidad. Discutiendo ocasionalmente la cuestión de la sucesión con los más próximos colaboradores, solía decir: Bueno, eso lo van a decidir ustedes, porque con lo que existe en la familia no se pude contar” . Uno de esos colaboradores confiesa que “los hermanos de Trujillo y el resto de sus familiares quería prolongar indefinidamente, el estado de cosas dejado por el férreo gobernante desaparecido. El problema que enfrentaban consistía en que ninguno sabía qué hacer para lograr estos propósitos”.  Petán, por ejemplo,  se creía el heredero. En esa coyuntura los hermanos de Trujillo desconfiaban de Balaguer y de Ramfis “decían sin faltarles razón, que a Ramfis no le interesaba el país y que sólo pensaba en París” .

La investigación científica lo confirma: “ha trascendido que para 1961 hacía tiempo que Trujillo había perdido las esperanzas de que su primogénito (Ramfis) le pudiera sustituir en el ejercicio del poder debido principalmente a que las preferencias y veleidades personales de éste se inclinaban hacia actividades más banales y de mucho menor significación que el arte de gobernar. El hijo mayor del tirano, en efecto, no ocultaba su desdén por las responsabilidades que implicaba asumir el control absoluto de la poderosa y temible maquinaria política, económica y militar que dirigía su padre. Además, padecía de trastornos emocionales, exhibía una personalidad bifurcada y un psiquiatra español lo había diagnosticado como un enfermo psicótico-esquizofrénico” .

Y, los propios trujillista lloran lagrimas de cocodrilo: “Muy pronto se notó el poco interés que tenía Ramfis en consolidar para sí la maquinaria heredada del jefe” ,

Virgilio Álvarez Pina , trujillista sin fisuras, publica sus memorias,  narra que muerto Trujillo tuvo una entrevista con Ramfis, escuchó atentamente lo que éste le decía, advirtiendo cierta crítica al régimen de su padre, Don Cucho, por un momento, creyó que hablaba ‘con uno de los opositores del régimen trujillista, y marcando la pauta que debían seguir los trujillistas le dijo a Ramfis: “preservar el poder, eso es lo que debemos analizar hoy”, agregándole: “admitamos pues los errores, pero exaltemos al mismo tiempo la parte positiva de su obra de gobierno” .

Muerto el Jefe, la mayoría de los principales funcionarios y familiares de Trujillo “pensaba que Ramfis podría sostener el régimen y continuar la trayectoria de su padre”. Pero, Ramfis sería el mequetrefe mayor que no pudo retener el poder, esto muy a pesar de que la estructura militar le dio apoyo incondicional: “Las Fuerzas Armadas, principal sostenedor del régimen, se inclinaba a la obediencia de Ramfis, no por el liderazgo que este representaba, sino por el simple hecho de que significaba la continuidad de su padre” . “El poder militar estaba dispuesto a seguirlo, no por su propio liderazgo, si no por la herencia que él significaba” .

Ramfis, en cambio, regresó al país no por el poder, sino “carcomido por la sed de venganza”: “La sed de venganza contra los ajusticiadores de su padre y el afán de sacar del país la mayor cantidad posible de dinero dominaron a (…) Ramfis en los días que siguieron al 30 de mayo de 1961 y hasta su huida del país el 18 de noviembre del mismo año” . Por eso inmediatamente arribó al país confesó que: “No voy a cometer el tonto error que cometió mi padre (…) eso de perdonar a sus enemigos” . Fue fiel cumplidor de ese designio: “Se dedicó más a la represión de los conjurados que a la planificación de la política que se seguiría para conservar la estabilidad del régimen. Disfrutaba más las torturas y martirios de que eran objeto los implicados en el asesinato de su padre que las labores propias del Estado. En compañía de un selecto grupo de sus íntimos, pasaba largas horas en el centro de tortura de la Fuerza Aérea en San Isidro aplicando toda clase de tormento a los apresados del 30 de mayo aun cuando todos ellos había confesado los detalles de la trama y quizás mucho más” .

El último capítulo sería: El genocidio de la Hacienda María y la huída de la rata. Para agosto de 1960, Ramfis salía del país, se detectaron rumores en el sentido de que se trataba de una huida, para contrarresta estos rumores Ramfis envía una carta a los oficiales de las Fuerzas Armadas, uno de sus argumento fue que no abandonaba el país por “el fomento industrial que se ha emprendido últimamente y en el cual yo he invertido una fuerte suma de dinero” . 

Pero, por mucho tiempo los rumores persistieron, a finales de octubre/1961 “un grupo de militares de las diferentes ramas de las Fuerzas Armadas, provocó una reunión con el general Trujillo hijo: “El Pato”, en la que le hicieron saber sus preocupaciones por los insistentes rumores que circulaban en el sentido de que el Jefe del Estado Mayor Conjunto se disponía abandonar el país de forma sorpresiva en los próximos días. Ramfis mostró sorpresa frente a las afirmaciones de los militares, y puesto de pies arengó a los oficiales, negando rotundamente, los rumores y afirmando que como su padre, moriría con las “botas puestas”. A los pocos días, sin embargo, el hijo mayor de Trujillo huía del país luego de vengar la muerte de su padre con el asesinato de todos los implicados en la trama” .

Sin embargo; un mes después, en noviembre, Ramfis renunciaba al mando militar: “Se retiró luego a su residencia junto al mar en Boca Chica, donde pasó tres días bebiendo y disfrutando” . Así, se preparaba para el genocidio de la Hacienda María: allí, el 18 de noviembre de 1961, Ramfis y su cofradía criminal: Tuntín Sánchez, José León Estévez, Gilberto Sánchez Rubirosa, y Miguel Ángel Paulino asesinaron a los seis sobrevivientes del ajusticiamiento del tirano: “Fue un gesto macabro, llevado a cabo tal vez para convencer a su familia e que no era un cobarde, indigno de su padre” . Entonces, tras cometer ese genocidio: “Ramfis telefoneó a sus tíos Héctor y José Arismendi Trujillo a Jamaica (…) El mensaje de Ramfis a Héctor y José Arismendi fue que vinieran de inmediato”.

Él huyó: “puso rumbo a las brillantes luces de Paris en el yate de la familia, el “Angelita”, llevando con él el cadáver de su padre y, según se dice, 90 millones de dólares” . Flor de Oro en su relato de la época dice: “Ramfis realmente debió de haber estado contando con que nuestros tíos asumieran el control del dolor de cabeza en que se había vuelto el país. O tal vez simplemente no pudo aguantar la presión. Cualesquiera que hayan sido sus razones entró en una crisis de nervios y se acobardó”. Flor de Oro narra que se enteró “de la noticia de que Ramfis había escapado del país a bordo del Angelita, llevándose el cuerpo de mi padre, US$ 250 millones en efectivo, además de una fortuna en bonos negociables” . A Paris llegó vuelto loco, su hermana, Flor de Oro, narra que: “Pero para el ya medio enloquecido de Ramfis los problemas aun no acababan. Cuando llegó a Europa con los nervios destrozados ingresó directamente a un hospital en Bélgica para tratamientos de sueño” .

Es su comparsa la que lo desnuda: “Tras su huída, Ramfis dejó no sólo una larga hilera de sangre, sino también muchos militares de su entorno comprometidos sin amparo ni protección. Su actitud irresponsable y cobarde no se corresponde con las actuaciones de su progenitor”. Porfirio Rubirosa dijo públicamente en Paris que Ramfis era el hombre más cobarde del mundo”, agregando: “Me gustaría enfrentarlo a él en un duelo” .

Ramfis fue un hombre de la iglesia católica, entre sus tutores hubo un sacerdote jesuita, Crassweller estima que para 1955: “Ramfis era todavía un hombre de profundad piedad y fe, característica ésta que lo diferenciaba de sus padres” .  El hombre buen alumno aprendió muy bien el catecismo cristiano, lo evidencia en una carta de 1966 a su amigote Emilio Rodríguez Demorizi, le dice: “No hay que olvidar ese ejemplo de Amor que fue Jesús cuando dijo: pues dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” . La iglesia aliada del tirano tuvo cierta complicidad en los crímenes de Ramfis, un testigo ya citado narra que el capellán Miguel A. Rodríguez Castillo se acercaba a los guerrilleros prisioneros para instarles a arrepentirse “y así poder llegar al cielo en gracia de Dios”, pero se dio el caso de que un “reo le contestó con un escupitajo en la cara, por lo que el cura furioso volteó atrás gritando al pelotón: FUSILEN A ESTE DEMONIO” .

El Dr. Antonio Zaglul revela un detalle poco conocido de la personalidad de Ramfis: “su racismo”. Dice el siquiatra dominicano que en una visita que Trujillo hiciera a la base aérea de San Isidro “notó la ausencia de gentes de color entre la oficialidad. Su padre, sin informarle nada, organizó un cuerpo de negros y mulatos, personas todas de su máxima confianza y los envió a la base” . Brian J. Bosch, interesante historiador de las Fuerzas Armadas dominicanas, confirma al  Dr. Zaglul, en el caso de un militar negro, Enrique Pérez y Pérez, dice: “De hecho, debido a su raza (negra), hubiese sido muy poco probable que Ramfis hubiese permitido que Pérez y Pérez fuera un oficial de grado superior en su organización” .

El vacío de poder creado con la muerte de Trujillo, se llenó con un gobierno bipolar: Ramfis-Balaguer. Ramfis tenía en sus manos el poder militar y Balaguer el político. El gobierno se vio obligado a tomar medidas democratizadoras, a pesar de ello: “Ramfis, por su parte, seguía aplicando sus despiadados vejámenes y crueles torturas a los implicados en la muerte de Trujillo.”/p. 190. Don Cucho señala que: “Los esfuerzos que hacía Balaguer para de aparentar una real democratización del régimen parecían inútiles, frente a los atropellos de la pandilla que ejercía el poder desde San Isidro, Ramfis, Luis José León Estévez, y sus hermanos, Alfonso y Antonio Manuel, secundados por Fernando Sánchez (Tunti) y el inefable Pirulo Sánchez Rubirosa. Estos eran los principales integrantes de esta claque de ineptos, que ejercían el poder militar heredado de un hombre que con mano férrea y decisión absoluta, creó en treinta y un años una de las instituciones militares más eficientes de América Hispana” .

Era un hecho evidente para todos que Ramfis carecía de ambición política. El pobre diablo sólo servía para el alcohol, las mujeres, el crimen y el robo. Los viejos trujillistas se quejan amargamente de su incapacidad política: “Ramfis, dedicado mayormente a vengar la muerte de su pare, y a participar en la tortura y tormento físico de los apresados en los hechos del 30 de mayo, se olvidó de las obligaciones como heredero del régimen orquestado por su progenitor” . Trujillo lo sabía: “ha trascendido que para 1961 hacía tiempo que Trujillo había perdido las esperanzas de que su primogénito (Ramfis) le pudiera sustituir en el ejercicio del poder debido principalmente a que las preferencias y veleidades personales de éste se inclinaban hacia actividades más banales y de mucho menor significación que el arte de gobernar. El hijo mayor del tirano, en efecto, no ocultaba su desdén por las responsabilidades que implicaba asumir el control absoluto de la poderosa y temible maquinaria política, económica y militar que dirigía su padre.

Además, Ramfis padecía de trastornos emocionales, exhibía una personalidad bifurcada y un psiquiatra español lo había diagnosticado como un enfermo psicótico-esquizofrénico” . Había entre algunos trujillistas la creencia de que Ramfis en su incapacidad política se subordinó a Balaguer: “Ramfis, por su parte, cobarde y sin amor a la causa de su padre, puso el prestigio de su apellido en manos de Balaguer a la vez que acataba ciegamente las decisiones del traidor” .

En referencia directa a Ramfis, Don Cucho Álvarez sentencia que Trujillo “Tenía heredero económico, pero no sucesor”. Ramfis: “Era la caricatura de un dictador” . “Ramfis había heredado los defectos del dictador, pero ninguna de sus capacidades. Hijo sobreprotegido de un gobernante todopoderoso, había sido coronel a los cuatro años, general a los seis, el “mejor” estudiante de una universidad que rara vez frecuentó, jefe de estado mayor y embajador. En mayo de 1961, a los treinta y un año de edad, Ramfis era un playboy corrompido por exceso de adulación y por las grandes sumas de dinero que recibía sin esfuerzo de su parte” . En síntesis: “Trujillo no se había equivocado cuando calificaba a su vástago como inútil para el desempeño de las tareas de Estado” .

En conclusión: La personalidad de Ramfis fue definida en la trágica relación personal con su padre, este fue el eje principal que terminó por estructurar a un ser humano que ya a los diez años de edad necesitaba atención siquiátrica. Lo afirmado se revela en el expediente médico de Ramfis publicado por  Bernardo Vega en: “Los Trujillo se Escriben”. El documento revela que la atención siquiátrica la necesitó a muy temprana edad, uno de sus médicos dice: “Recuerdo vívidamente el haberme ocupado de usted cuando era un niño de diez años estudiando en la Escuela Browning en la cuidad de New York”. Desde entonces se le ofreció atención sicológica “debido a tensión, desasosiego, dificultad en relajarse y en dormir”, tenía una “vieja historia de sinusitis”/“Por años sufría de insomnio”/sufría “crisis emocionales”, producto de sus problemas emocionales se había convertido en “deprimido y retractado”/“había devenido algo frustrado, deprimido y desalentado”.

Su padre le asignó grandes responsabilidades, Ramfis tuvo que afrontar “montos heroicos de trabajo”, lo cual lo mantenía “deprimido e irritado al enfrentar situaciones para las cuales se consideraba poco adecuado”. Ramfis desarrolló un patrón compulsivo de miedo al fracaso, al rechazo, a la falta de aprobación y de sensibilidad a la crítica. Este cuadro con sus problemas/crisis emocionales terminó en convertirlo en compulsivo-depresivo-alcohólico con cierto “problema erótico”.

Se le prescribieron drogas (sedantes y relajantes musculares), “actividades atléticas constantes y vigorosas”/“métodos físicos de relajación”, que trabajase con “un ritmo físico más descansado”, tomarse su trabajo con más calma, descansar, “distraerse, por lo menos temporalmente, de sus labores, disminuir “el monto de alcohol que bebe” y llevar “una vida balanceada”, “alejado de las presiones sociales y políticas”. Para la relación con el Jefe se le recomendaron ciertas “reglas del camino”. Fue en ese estado mental que Ramfis dirigió la matanza de los expedicionarios sobrevivientes de junio del 1959. Su conducta criminal de entonces revelaba una tanatomanía/manía homicida “muy bien escondida en las entrañas de su subconsciente” . Tras el genocidio decidió aceptar los consejos de sus siquiatras y, en agosto de 1960, se marchó a Bruselas, continuando allí bajo tratamiento, regreso para las navidades del mismo año, se volvió a marchar para Europa, esta vez con una comitiva de su camarilla criminal, allá le llegó la noticia de la muerte de su jefe, entonces, estaba más borracho que una uva.

Bernardo Vega le pidió al Dr. Antonio Zaglul que evaluara el expediente siquiátrico de Ramfis, entre otras cuestiones le pidió su diagnostico de los problemas síquicos del paciente. He aquí lo que sobre este asunto específico respondió el Dr. Zagul: “En el caso de Ramfis, las depresiones bordeaban la sicosis”. Diagnostica “Depresión Endógena”/“Endógena por no haber evidencia de ninguna causa externa”: “La depresión endógena, en un lenguaje llano, es una tristeza sin causa, con una predisposición hereditaria. En este caso clínico, estimulada por el desarrollo de una personalidad en un circulo algo más que estrecho, militar y político, por complacer al padre”. Zaglul demuestra que la Melancolía de Ramfis está causada en los factores hereditarios de la familia Trujillo Valdez/“la patografía de los Trujillo Valdez”, familia de “inteligencia inferior”, frecuentada por enfermedades mentales .

Ramfis fue un sádico criminal: “con cierto sadismo, se divertía obligando a sus amigos y colaboradores cercanos a cortarse el pelo al rape, incluyendo las cejas” . Santiago Castro Ventura, médico, apoyado en el concepto de perversidad hereditaria, investiga a los Trujillo, respecto a esta familia concluye que en ella  “la vocación criminal era congénita” .

No obstante, Ramfis también adoraba a su padre, se afirma que “Ramfis Trujillo estaba interesado en que se escribiera una relación detallada de todo cuanto había sucedido en la avenida y que para ello había comisionado a Vélez Santana” .

Trujillo consciente de su poder absoluto había dicho: “Yo no necesito a nadie. Yo cojo a una mierda y lo hago una personalidad y cojo una personalidad y la hago una mierda” . Efectivamente, si en alguien se cumplió lo dicho por el Jefe fue en su añoñado bebe: lo hizo una mierda.

Señora: Sin otro particular; un humilde dominicano que cuando ajusticiaron al “HP” de su abuelito, al igual que usted era un niño, pero mientras usted era una “Alicia que vivía en el país de las maravillas”, yo, al igual que la mayoría del pueblo dominicano, vivía en un bohío cobijado de cana, con piso de tierra, fogón de leña y letrina; un humilde dominicano que, desde que su maldita familia se largó del país, disfruta de “Navidad con libertad”. 

Hoy, ya adulto, sigo humilde como cientos de miles de dominicanos, mientras ustedes los descendientes de Trujillo, disfrutan de una fortuna sacada de la sangre y el sudor de nuestro pueblo. Profundamente lamento que el ajusticiamiento no borrara las huellas de la nefasta familia Trujillo Martínez: la sangre de treinta y un años de tiranía debió vengarse por aquello de que: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”.

Señora: No le conozco ni me interesa. ¡Hasta nunca!

Notas bibliográficas:

-Pedro Troncoso Sánchez (1968), Estudios de historia política dominicana, P.172.

2-Johnny Abbes García (2009), Trujillo y Yo, P.237.

3-Johnny Abbes García (2009), Trujillo y Yo, P.336.

4-Robert Crassweller (1968), Trujillo, P.310.

5-Robert Crassweller (1968), Trujillo, P.311.

6-Joaquín Balaguer (1990), La Palabra Encadenada, P.297/298.

7-Brian J. Bosch (2010), Balaguer y los militares dominicanos, P.66.

8-José Almoina (1999), Una satrapía en el Caribe, P.22/27, todas las citas.

9-Rafael Rodríguez Guerrero (2007), Apuntes: Genealogía…P.213.

10-Fernando Infante (2009), Biografía de Trujillo, P.134.

11-En conversación informal el Dr. Luciano Castillo, antropólogo, me dijo que para la década 50, en Santiago, existía la emisora “La Voz de la Reelección”, propiedad de Expedy Pou Saleta, de quien se decía que era íntimo amigo de Ramfis. En dicha emisora, cada hora, se transmitía una cuña, en la voz del propietario, que decía: “Con Ramfis: Promesa fecunda”.

12-Joaquín Balaguer (1990), La Palabra Encadenada, P.296.

13-José Miguel Soto Jiménez (2001), Los Motivos del Machete, P.514.

14-Flor de Oro (2009), Trujillo en intimidad, P.179.

15-Robert Crassweller (1968), Ramfis y el sueño dinástico, P.314.

16-Balaguer, La Palabra Encadenada, P.193.

17-Mario Read Vittini, Trujillo de Cerca, P.227/228.

18-Citado por Santiago Castro Ventura (2007), Trujillo: Perversidad Hereditaria, P.59.

19-Robert Crassweller (1968), Trujillo, P.312.

20-Mario Read Vittini (2007), Trujillo de Cerca, P.231/232.

21-Víctor Grimaldi (2007), ¿Era Ramfis hijo de Trujillo?, en: Sangre en el Vecindario del Jefe, P.277/284.

22-Jacinto Gimbernard (2012), En referencia al “haber sido”, HOY, 2/junio/2012.

23-Señora, la familia Trujillo presenta un doble problema de paternidad, por un lado: ¿Es Ramfis hijo de Trujillo? Por otro lado, los hijos de Angelita: ¿Son de Awad, ó, de Pechito? Ahí tiene usted un interesante detalle para su novela familiar.

24-Bernard Diederich (2002), Trujillo: La Muerte del Dictador, P.159.

25-Johnny Abbes García (2009), Trujillo y Yo, P.233.

26-Rafael R. Guerrero (2007), Apuntes: Genealogía, Biográficos e Históricos, P.220.

27-Johnny Abbes García (2009), Trujillo y Yo, P.237.

28-Entrevista a Guido D’Alesandro, Listín diario, 26/julio/2010.

29-Mario Read Vittini (2007), Trujillo de Cerca, P.140.

30-César A. Saillant Valverde, Memorias junto a Ramfis Trujillo, citado por Emilio Cordero Michel, Las expediciones de junio de 1959, P.134.

31-Delio Gómez Ochoa (2006), La victoria de los caídos, P.173.

32-Miguel Ángel Bissié (1999), Trujillo y el 30 de mayo, P.30.

33-Frank Moya Pons, Frank (1992), Empresarios en Conflicto, P.37.

34-Flor de Oro (2009), Trujillo…P.87.

35-Flor de Oro (2009), Trujillo…P.88.

36-Flor de Oro (2009), Trujillo…P.88.

37-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho P.125.

38-Entrevista a Guido D’Alesandro, Listín diario, 26/julio/2010

39-Arturo Espaillat (1967),  Trujillo: Anatomía de un dictador, P.13/14, (Todas las citas).

40-Tomás Báez Díaz (1986), En las garras del terror.

41-Miguel Ángel Bissié (1999), Trujillo y el 30 de mayo, P.94.

42-Miguel Ángel Bissié (1999), Trujillo y el 30 de mayo, P.87/88. En la novela Residuos de Sombra Rafael de Peralta Romero la figura histórica de Ramfis aparece como el General Príncipe Tenebroso, el personaje es justicieramente presentado como un asesino, torturador y alcohólico que dirige un centro de tortura: la casa de la sombra.

43-Robert Crassweller (1968), Ramfis y el sueño dinástico, P.314.

44-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho, P.183.

45-Juan Daniel Balcácer (2007), Trujillo: El Tiranicidio de 1961, P.138.

46-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho, P.183.

47-La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho, P.196.

48-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho, P.183.

49-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho, P.189.

50-Manuel de Jesús Javier García (1986), Mis 20 años…P.371.

51-Bernard Diederich (2002), El regreso de Ramfis, P.163.

52-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho., P.183.

53-Víctor Gómez Bergés (2012), Carta de Ramfis, AREÍTO, 1/septiembre/2012. Efectivamente; ya Ramfis era el “Káiser de la Chocolatera”.

54-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho, P.185

55-Piero Gleijeses (1977), La crisis dominicana, P.59.

56-Piero Gleijeses (1977), La crisis dominicana, P.59.

57-Piero Gleijeses (1977), La crisis dominicana, P.59.

58-Flor de Oro (2009), Trujillo…P.106.

59-Flor de Oro (2009), Trujillo…P.107. En 1960, Ramfis recibió tratamiento psiquiátrico.

60-Flor de Oro (2009), Trujillo…P.107.

61-Robert Crassweller (1968), Ramfis y el sueño dinástico, P.314.

62-Emilio Rodríguez Demorizi (2006), La Muerte de Trujillo…P.28.

63-Rafael R. Guerrero (2007), Apuntes: Genealogía, Biográficos e Históricos, P.220.

64-Bernardo Vega (1990), Los Trujillo se Escriben, P.130.

65-Brian J. Bosch (2010), Balaguer y los militares dominicanos, P. 41.

66-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho. P.190

67-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo: Narraciones de Don Cucho. P.192

68-Juan Daniel Balcácer (2007), Trujillo: El Tiranicidio de 1961, P.138.

69-Johnny Abbes García (), Trujillo y Yo, P.336.

70-Piero Gleijeses (1977), La crisis dominicana, P.44.

71-Piero Gleijeses (1977), La crisis dominicana, P.44.

72-Virgilio Álvarez Pina (2008), La Era de Trujillo, P.192.

73-Dr. Antonio Zaglul, en: Bernardo Vega (1990), Los Trujillo se Escriben, P.133.

74-Para todo lo relativo al expediente siquiátrico de Ramfis ver a Bernardo Vega (1990), Los Trujillo se Escriben, P.116/134.

75-Bernardo Vega (1990), Los Trujillo se Escriben, P.133.

76-Santiago Castro Ventura (2007), Trujillo: Perversidad Hereditaria, P. 57.

77-Juan Daniel Balcácer (2007), Trujillo: El Tiranicidio de 1961, P.245.

78-Mario Read Vittini (2007), Trujillo de Cerca, P.261.

 

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