contacto

Historia Dominicana

Miércoles
Jul 23
Tamaño del texto
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Inicio Temas Articulos Un Libro Acerca de la Muerte de Maximiliano Gómez: El Moreno

Un Libro Acerca de la Muerte de Maximiliano Gómez: El Moreno

E-mail Imprimir PDF

El olor del olvido, de Freddy Aguasvivas: Entre la mentira y la verdad

La muerte de Maximiliano Gómez (El moreno), aparentemente tema central del libro El olor del olvido del periodista Freddy Aguasvivas (Santo Domingo, Editora Corrigió, 2001), ha dejado en todos estos años un rastro de dudas, acusaciones, muertes y mentiras. La verdad, se dice, está en las memorias de los que estuvieron vinculados al líder del el Movimiento Popular Dominicano, y de los archivos policiales así como de los organismo de seguridad dominicana y extranacionales

Freddy Aguasvivas juega con la verdad y la salpica de mentiras, entregándolas a los lectores convertida en un libro atrevido. Desde la primera hasta la última página no sabemos si estamos en el mundo de la ficción o en el de la historia. La forma en que se narra, el acomodamiento de los acontecimientos, que llevaron a la muerte de El Moreno, los nombres propios y verdaderos que se señala, y el mundo irreal creado en torno a todo esto, nos sitúan en una situación difícil para comentar esta obra. Pasemos a narrar los hechos históricos tal como ocurrieron.

Finalizada la Revolución de Abril de 1965, con la elección fraudulenta del doctor Joaquín Balaguer como presidente de la Republica Dominicana (1966), se inicio el periodo histórico popularmente conocido como “los Doce Años”.

Las tropas norteamericanas, que habían desembarcado en abril de 1965, comenzaron a desocupar el territorio dominicano, dejando cientos de agentes de la CIA y asesores militares, mientras que las fuerzas militares que se enfrentaron en la contienda civil, fueron desarticuladas y aniquiladas sangrientamente, como sucedió con las que comandó el Coronel Francisco Alberto Caamaño Deño, mientras que las otras, las del General Elías Wessin y Wessin y el General Antonio Imbert Barreras, quedaron integradas al aparato político, militar y represivo del nuevo gobierno balaguerista.

En medio del proceso de “pacificación sangrienta” iniciada por el gobierno, comenzó el desarme de la  civil y el asesinato a mansalva de los que más se habían destacado en los comandos constitucionalistas, en especial de los líderes de la izquierda dominicana.

Mientras los combatientes revolucionarios eran asesinados (se calculan en miles los muertos en los Doce Años), los grupos de izquierda entraban en un proceso de división que se había iniciado en 1965 con el Pre-Congreso del MPD, reivindicado cada uno su condición de “partido de la clase obrera”. Así, de los tres partidos de izquierda que participaron en la guerra civil (MPD, 1J4 y PSP), surgieron más de una docena en el período balaguerista.

Al mismo tiempo que la izquierda se dividía, comenzaba a “discutirse” y copiarse, las tácticas y estrategias utilizadas por revolucionarios de otros países socialistas triunfantes: se era maoísta, pro castrista, leninista, y trotskistas, y todos proclamaban tener la “varita mágica” de la revolución dominicana en sus manos. El Movimiento Popular Dominicano que surgió de la Revolución con “méritos suficientes”, se convirtió en el mas importante de los Doce Año, aunque también el que más sufrió con las divisiones y fracciones, y el más perseguido por los cuerpo de segurida del gobierno y de la estructuras de inteligencia dejadas por las tropas norteamericanas en nuestro país.

Desde el año 1967 el MPD había asumido la vuelta al enfrentamiento armado, desafiando al mismo tiempo al gobierno de Balaguer y a los Estados Unidos. Se planteaba entonces, parte de la “táctica Guido Gil” que la única forma de enfrentar “al imperialismo” era enfrentando primero a Balaguer, a través de la lucha armada. El MPD envió a sus “cuadros” a convivir con los campesinos bajo la consigna de “lo mejor al campo”, como forma de establecer una guerrillera que desencadenara la guerra “del campo que rodea la ciudad”. A fines de 1968 ya estaban organizados los “Comandos Clandestinos Revolucionarios” (CRC), como estructura para la guerrilla urbana, y se promovía la “Táctica Hilda Gautreaux”.

La “Hilda Gautreaux”, planteaba la unidad de sectores de izquierda, liberales y de derecha, opositores del gobierno, para, mediante un “Golpe de Estado Revolucionario”, tomar el poder y establecer una republica socialista. La línea política trazada levó al MPD a la conspiración en los cuarteles militares y a una guerrilla urbana no muy bien precisada. El enfrentamiento estaba planteado.

Fue el marco de esa confrontación que Maximiliano Gómez (El Moreno), se convirtió en el máximo dirigente del MPD. Contra ese líder y su partido se activaron todos los mecanismos de seguridad y la persecución se hizo implacable: cayeron asesinados Guido Gil, Otto Morales, Stalin García Henry Segarra, Amín Abel Hasbun, Rigoberto Figueroan (Chapó) y decenas de dirigente más. Otros fueron a las cárceles: El Moreno, Fafa Taveras, Cucuyo Báez, Edgar Erikson, Onelio Espaillat, Moisés Blanco Genao, Winston Vargas Valdez (Platón), y otros.

El MPD comenzó a desintegrarse. Iniciada la década de los setenta la represión se hizo irresistible; estaban activas estructuras para-militares sumamente agresivas, como los eran “La Mano Blanca”, “La Banda Colorá”, y especialmente “los Incontrolables”. El MPD se batía en retirada pero cercados por todos los frentes, pues sus lideres eran asesinados, el “Partido” se enfrentaba en una sospechosa “guerra” armada con el Partido Comunista de la Republica Dominicana (Pacoredo), e internamente se desmigajaba en luchas de fracciones mientras sus lideres intentaban dirigir la organización desde la cárcel.

Esa era la situación cuando Maximiliano Gómez, el líder de la izquierda dominicana más importantes después de Manolo Tavarez Justo, fue apresado y encarcelado. Ese hecho llevo a la dirigencia del MPD a buscar la formula para su excarcelación: el secuestro del Coronel Crowley. Con su liberación y la de otros izquierdistas, El Moreno viajó a México y desde el país azteca pasó a Cuba, y por divergencias con el gobierno de esa isla, finalmente se refugió en Europa. En el viejo continente, mientras trataba de salvar de la destrucción a su partido y de organizar un frente antiimperialista latinoamericano, encontró misteriosamente la muerte.

Todo lo anterior es parte de la historia del MPD y de El Moreno. Veamos ahora algunos detalles de la obra el Olor del olvido,  de Freddy Aguasvivas.

El olor del olvido es una obra bien escrita y aunque a veces recuerda las técnicas periodísticas, contiene capítulo que son verdaderamente un aporte para el conocimiento de una parte de nuestra historia política reciente; independientemente de eso, trataremos de descifrar los movimientos del autor entre la mentira y la verdad, que recuerda versiones puestas a circular por “emepedeistas” que conocieron de cerca el luctuoso acontecimiento, especial la versión de uno que fue alto dirigente del MPD.

Lo primero que llama la atención en El olor de olvido, es el género: ni es historia, ni es novela.

El autor se refiere a este escrito como “libro”, “trabajo”, páginas”, “obra”, pero en realidad, no hay forma de ubicar su género. Al parecer el autor quiere que se  piense en una novela histórica ya que la define como, “un atentado múltiple a la literatura y la historia “, pero de inmediato nos lleva a hacernos creer que es historia, pues se refiere a quince año de investigaciones en los que entrevistó a más de cuarenta de los participante en el hecho narrado y acumuló más de tres mil páginas y documentos, además de cincuenta y dos casetes grabados de testimonios.

Es curioso, el agradecimiento a las colaboraciones de los embajadores y diplomáticos dominicano de Francia, Bélgica, Venezuela y Ecuador. Como hombre cercano al gobierno, en el momento en que realizaba “su investigación”, parecería que el propósito tenía un interés de Estado.

En la lectura de El olor del olvido se nos va quedando la sensación de que el tema que se está manejando, es decir la muerte de El Moreno, es de interés actual para la CIA y los organismos de seguridad de la República Dominicana, encontrándose el autor en una “penosa” y “arriesgada” situación de vigilancia y persecución. Sin embargo, en el capítulo I, en el octavo párrafo, ya anuncia que Héctor Ortiz Jacques fue el principal y el de “mayor jerarquía” en el secuestro del coronel norteamericano. Este capítulo, casi completo, reseña las peripecias propias y comienza la auto presunción de que el autor es un perseguido de la CIA, lo que se repite insistentemente en la mayoría de los capítulos, como si él fuera el eje central de la narración y todo lo sucedido.

En cuanto a la silueta elaborada por el autor sobre El Moreno me parece que fue muy bien lograda, salvando este capítulo el contenido de la obra; también es interesante y apegada a la verdad documental y descripción de la táctica política del MPD, aunque olvida tocar la táctica “Guido Gil” y otros aspectos relacionados con los CRC, y las desviaciones que se cometían en la aplicación de la táctica “Hilda Gautreaux”.

Se pueden tomar con manipuladoras las falaces acusaciones del autor contra algunos de los que fueron dirigentes del MPD en relación con la muerte de El Moreno (resaltan en ellas las contradicciones que alguna vez enfrentaron a varios de los dirigentes que todavía están vivos): si es ficción es un abuso incalificables de su parte las insinuaciones y acusaciones hechas, y si es historia es una irresponsabilidad el manejo de las informaciones que dice tener y no se atreve revelar, lo que nos lleva  a pensar en los chismes baratos de los izquierdistas del patio.

Al llegar al secuestro del Coronel norteamericano nos tocamos con varias interrogantes y demasiadas dudas: si es historia hay muchas conjeturas y si es novela hay nombre reales que no debieron estar allí con tanta exactitud, pues estos no son personaje sino hombres de carne y huesos, con familias, que talvez no tuvieron que ver nada con lo que se está narrando.

Existe en la narración y en los acontecimientos relacionados con el secuestro, el canje y la consiguiente libertad de los presos políticos, una situación que no está totalmente explicada. ¿Por qué el comando secuestrador quería que se liberarán los presos en el parque Duarte –no en el parque Colón como dice Aguasvivas -, y se convocó a la población a estar presente en ese lugar?  Al parecer, el día, la hora y el lugar estaban relacionados con el inicio de una rebelión armada y/o con la ejecución del famoso Golpe de Estado Revolucionario y Antibalaguerista auspiciado por el MPD y fuerzas de la derecha, especialmente las vinculadas para entonces al General Elías Wessin Wessin.

En la obra son evidentes algunos errores históricos, como el de afirmar que Hilda Gautreaux participó en la comisión que negoció la libertad del secuestrado y de los presos políticos, cuando sabemos que la abogada Gautreaux había fallecido en el 1968, y la aseveración de que doctor Balaguer ya para 1966 había ganado dos elecciones, cuando sabemos que eso no es históricamente verdad.

Al tratar el caso del apresamiento de Héctor Ortiz, el autor describe con lujos y detalles la seguridad tenida por todos lo que estuvieron implicados en el hecho, y sin embargo encontramos inocente la forma en que el principal responsable del secuestro fue apresado. Además explica cómo la madre de Héctor se enteró de su apresamiento a través de una vecina, y sin embargo, casi inmediatamente después dice que el MPD, muchas horas después, no conocía de su captura por la policía.

En el tema de la muerte de Miriam Pinedo en Brusela el autor parece que no quiso tocar profundidad las acusaciones y contra acusaciones que se desataron después de la muerte de El Moreno, en las que fueron mencionadas una argentina exiliadas en Europa y de quien se dijo en aquella ocasión que era agente de la CIA, y la que se hicieron contra los líderes del Movimiento 24 de abril, en especial contra Héctor Aristy y que luego él demostró eran falsas; tampoco toca el autor lo relativo a las muertes fuera de Europa, de más de uno de los supuesto implicados en el asesinato de El Moreno.

El autor insiste en la persecución y vigilancia que sobre él mantenía la CIA, tanto que para ir al hotel donde se hospedó en New Jersey  apagó su celular para evitar ser localizado “por medio del satélite”. La insistencia en el tema de la persecución que la CIA hace del autor, termina, con su visita al edificio de esa agencia y en una entrevista del narrador-autor con un funcionario de alto nivel de la CIA (¿. ?).

En cuanto a Manolo Plata, a quien se tiene como principal implicado en la muerte de El Moreno, se sabe que desde 1971 desapareció sin dejar rastros, pero como sabueso adiestrado, el autor de El olor del olvido descubre su ubicación y termina casi liberándolo de toda la responsabilidad en la muerte de El Moreno. Es mas, el autor se define como el medio para limpiar de su culpa a Manolo Plata. Llega un momento en que el lector podría sentir lastima, piedad y hasta admiración por el señalado como siniestro personaje.

Conclusiones a las que se pueden llegar al terminar la lectura de la obra:

a) El olor del olvido ni es novela ni es historia. Tal vez existe en ella el interés en reeditar  el proceso de acusaciones que implicó a sectores del MPD; b) El narrador–autor-personaje construyo su propio espacio en El olor del olvido, donde se sintió cómodo para manejar todas las situaciones reales e inventadas, y adaptándose a una de las explicaciones, soslayando inexplicablemente todas las demás.

Es el autor de la obra, es el personaje principal, y casi el protagonista de todo lo narrado, mientras que “El Moreno” es solo la excusa de la narración; c) El principal mérito de El olor del olvido, es el de situar sobre el tapete la muerte de Maximiliano Gómez  (El Moreno), obligando a una investigación seria y responsable que desentrañe la verdad de todo lo ocurrido en torno a ese acontecimiento.

 

 

Resaltados

 

Un nuevo libro de Alejandro Paulino Ramos: "El Paladión: de la ocupación militar norteamericana hasta la dictadura de Trujillo"

Está circulando desde el juveves 15 de diciembre el libro: "El Paladión": de la ocupaci...

 

Alejandro Paulino Ramos escribe: "Orígenes y trayectoria de la sociedad civil en la República Dominicana, 1916-1961"

 (Este ensayo acerca de los "Orígenes y trayectoria de la sociedad civil en la Repúblic...

 

20 de octubre de 1961: "!Libertad!, !Libertad! El grito de Octubre" y "Los masacrados del octubre de 1961"

 ¡Libertad! , ¡Libertad! El grito de octubre" y  "Los masacrados de Octubre del 1961"...