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"Over": novela de Marrero Aristy

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Testimonio histórico de la dependencia del pueblo dominicano

“Over” no es una simple novela; sino un verdadero testimonio histórico, en el que aparecen, con variados detalles, los rasgos característicos de un naciente capitalismo dependiente, así como todas las particularidades sociales, económicas y políticas del mismo.

Esta obra es, sin dudas, una de las más leídas de la época de Trujillo y su autor, Ramón Marrero Aristy, historiador asesinado por la tiranía en 1959, el más destacado novelista de su generación.

Muchos han encontrados en “Over” las manos del zapatra Rafael Leonidas Trujillo, en su afán de apropiarse de los ingenios y centrales de la burguesía azucarera extranjera y otros se sorprenden de la mente ágil del autor, para inventarse situaciones que “casi parecen reales”.

Decía el profesor de retórica Narciso Campillo y Correa, que una novela era la “narración ordenada y completa de sucesos ficticios, pero verosímiles, dirigida a deleitar por medio de la belleza”.  Para nosotros, “Over” no puede quedarse como una simple novela, pues tiene muy poco de “sucesos ficticios”, y no está dirigida únicamente a “deleitar” sino que es un testimonio real de denuncia al nacimiento de la dominación extranjera en República Dominicana.

EL CONTEXTO HISTÓRICO DE “OVER”.

La novela se desarrolla en el período que va de 1900 a 1930, año este último en que se inicia la tiranía de Trujillo y no en la década del 40, momento en que fue escrita la misma: “Qué seguro se siente uno trabajando en este central: No es como estar con el gobierno, que cae a cada rato y de donde despiden a uno tan fácilmente”. (1).

Como Trujillo duró más de 30 años continuos gobernando, no hay dudas de que Marrero Aristy se refiere a los primeros años de esté siglo conocido como “la época de las revoluciones y los caudillos”, durante la cual se consolidó la penetración capitalista en República Dominicana.

EL CAPITALISMO SE HACE DEPENDIENTE.

Desde finales del siglo XIX comenzó la penetración del capital extranjero en la República Dominicana, pero fue a partir de 1900 que los monopolios americanos comenzaron definitivamente a desplazar el capital extranjero europeo: Para 1907, mediante la Convención Dominico-Americana, su peso se hizo dominante en el Estado a través del control de la tierra, el comercio, la industria y la deuda externa.

La burguesía extranjera se adueñó de los centrales y de grandes extensiones de tierra.  Tenían el control de más del 60% de las líneas navieras.  Eran dueños de las haciendas de caña, café y cacao.  De la fábrica de cerveza y las mejores empresas, como la producción de electricidad y la construcción de los puertos de Puerto Plata y de Santo Domingo…” (2).

Los capitalistas extranjeros se adueñaron entre 1900 y 1924 de 2,700,662 tareas de tierras en las regiones del Este y el Sur.  En 1913 eran propietarios de 55 embarcaciones; 63 locomotoras que usaban 222 kilómetros de vías férreas, con 2,737 carros para transportar la caña. Poseían unos 5,821 animales para el tiro de la caña y tenían bajo explotación unos 13,339 jornaleros que trabajaban en los ingenios y haciendas. Además controlaban las pequeñas fábricas de pan, hielo, aserraderos, y hasta los pequeños comercios de las regiones azucareras.

Este control sobre nuestra economía devino en un control político y social, y es de allí de donde nos viene la condición de país dependiente de los Estados Unidos. Marrero Aristy explica aquellos momentos en los siguientes términos: “Me apena ver que ya no pareces un pedazo de mi tierra.  En tu propia casa te has tornado extranjero.  Tus hijos no tienen aquella arrogancia y aquella hidalguía que tuvieron sus abuelos.  Se crían enclenques, pusilánimes, encogidos, haciendo de sirviente del ingenio, y en sus labios jamás florece una sonrisa que no sea de servilismo…” (3).

Explicando la presencia del capitalismo, Marrero nos ubica en la región oriental, y en especial de San Pedro de Macorís donde se encontraban situados los principales centrales de los capitalistas americanos: “Por tus calles se camina con temor, mirando hacia atrás.  Ningún hombre es capaz de hablar en voz alta, como no sea para elogiar al mister.  Cuando las locomotoras asustan al cielo con su grito, todos sus hijos callan, como si hablase Dios; y si las factorías –Monstruos reales de una nueva y cruel religión--,  destrozan un pedazo tuyo –uno de tus hijos--,  el resto enmudece, sin lágrimas, y sin protestas.” (4).

“Ingenio poderoso, que por sus chimeneas escupes diariamente la cara de Dios! ¡Blancos insolentes, rojos de whisky, que nos miran como el amo a su esclavo! Mi pueblo, Oh, mi pueblo! estertor de agonía, en un trozo de tierra prestado donde debiste ser dueño y señor…” (5).

Pero en “Over” no nos quedamos solo con la explicación del control de la burguesía azucarera extranjera, sino que también se nos explican los resultados sobre los antiguos propietarios de la tierra y la repercusión que tuvo el desarrollo del capitalismo bajo el control americano: “—Ves  las cosas claras, hermanos; y no creas que los blancos las ven en otras formas; pero ellos aquí sólo han venido a hacer dinero.  ¿Crees que en su país no hay tierras, que allá no hay donde hacer inversiones? Si que hay! ¡Pero allá no pueden tratar al hombre como aquí!  A nosotros nos sacan la sangre, nos quitan la dignidad, nos desmoralizan.  ¡Siembran el caos con sus métodos! Y si protestas..!  Ya sabrá la compañía justificar, llegado el caso hasta que no eres hijo de tu padre” (6).

Y continúa Marrero Aristy desentrañando las peculiaridades del proceso cuando nos explica los inicios de la proletarización del campesino dominicano: “De toda la gente de la finca, ninguna tan interesante como los nativos.  Los más afluyeron en grandes cantidades desde que comenzaron las primeras tumbas, allá por los años en que se abría la finca.  Otros que antiguamente fueron dueños de terrenos, quedaron como braceros, después de haber sido despojados de sus pequeños fundos.  Los demás abandonaron sus conucos y vinieron atraídos por la noticia de la abundancia de dinero (…).  Dejaron labranzas, familias, ¡Todo! para internarse en esta vorágine” (7).

LAS CLASES FUNDAMENTALES EN LA REGIÓN AZUCARERA

En el proceso de desarrollo capitalista en República Dominicana, el azúcar fue y es la base fundamental sobre el cual se levantó nuestra sociedad dependiente.  Ayer al igual que hoy, encontramos que las manos de obras de ésta industria está constituidas fundamentalmente por obreros inmigrantes desde Haití y algunas islas del Caribe.  El dominicano ha ido abandonando los ingenios para integrarse a actividades más remunerativas.

La industria azucarera es el área que más obreros usa en nuestro país.  En tiempo de zafra aumenta el número de obreros y “todos los trabajos están encadenados y tienden a un mismo fin: del trabajo que los picadores rinden depende el de los carreteros, el del personal de transporte, por vía férrea, el operario y mecánico de la fábrica, lancheros, estivadores y embarcadores de azúcar” (8).

Los trabajadores inmigrantes eran más dóciles que los dominicanos y además recibían, con mucha más facilidad, jornales más bajos.  Esto llevó a los dueños de ingenios a ir desplazando a los trabajadores criollos sustituyéndolos por haitianos, cocolos y obreros llegados de las Antillas. Los dueños de ingenios justificaban las inmigraciones y el desplazamiento diciendo que “el bracero dominicano empieza la zafra y no la termina; que es amigo de las revueltas políticas; que gusta emborracharse y jugar gallos y otras razones fútiles y baladíes..” (9).

El jornal que cobraba un obrero en el ingenio no pasó hasta 1930 de 60 centavos por días de 14 y 16 horas de trabajo. En 1888 José Ramón Abad decía que un jornalero ganaba unos 60 centavos por día en las fincas.  Sin embargo, en 1913 el salario había descendido a unos 40 centavos.  (10).  Para 1925 el salario de un jornalero del central era, según Padilla D’Onis, de unos 35 centavos.

Luis Padilla D’Onis explicaba la diferencia de clases en relación al salario en el central cuando decía: “Entre un bracero que gana treinticinco centavos y un azucarero técnico a quien se le paga cincuentaisiete pesos con setenta centavos diarios, mejor confortable vivienda, esplendida mesa, automóvil en que pasear y todas las demás necesidades inclusive sirviente… y con lo que gana el químico habría para pagar los jornales de ciento sesenticinco trabajadores, al ínfimo de treinticinco centavos diarios…” (11). 

Y Marrero Aristy, unos de los sobresalientes historiadores de la época, en base a datos precisos, explica en “Over” diferencias de clases entre los diferentes sectores del central en los siguientes términos:

“Veo el administrador en una especie de alcázar que le sirve de residencia, rosado, saludable, rodeado de unos veinticinco sirvientes, mirando abstraídamente el mar…, su sueldo mensual necesita cuatro cifras para escribirse en dólares.  Luego, como una procesión van desfilando los subalternos del sub-administrador….  También su sueldo necesita de las cuatro cifras.  Siguen los jefes de departamentos, que son algo así como los secretarios de Estado de esta república que es el central...  Existe el auditor… y finalmente, el enorme maneger de lo que ellos llaman Stores Departamento.  Sus sueldos oscilan entre los ochocientos y seiscientos dólares al mes, además de mil comodidades y servicios que añaden a estos cargos que son verdaderas canongías”. (12).

“Van detrás de los más empleados de trescientos, doscientos, cien dólares mensuales.  Todos… extranjeros que ocupan las mejores residencias… Y finalmente, los empleadillos…” (13).

A los jornaleros, por ejemplo en el desyerbo “del interior de las piezas… donde no es posible hacer dos tareas en un día, a veces se le ha pagado a cinco centavos…  Los trabajadores a veces no quieren hacer los cultivos, no porque tengan energías para reclamar derechos o formular protestas, sino porque sus ojos les dicen que en dos días de trabajo no ganarán para comer una vez” (14).      

Y los 35 centavos que ganan no se lo pagan en dinero constante y sonante, sino en fichas y vales: “Los trabajadores de la finca solo pueden gastar su dinero con facilidad en la bodega del central porque este dinero generalmente no es tal, sino vales, y porque las pocas veces que a sus manos llega una moneda, no hallan otro sitio donde gastarla” (15).

EL BATEY DEL CENTRAL

Cualquiera que haya visitado en la actualidad un central azucarero, conoce lo que es un batey.  El batey es el “núcleo urbano”, dentro del campo de caña, donde viven los trabajadores cañeros, especialmente los cortadores de cañas y donde está situada la bodega.  Aquí es donde se conjuga en un todo la miseria y el dolor producto de la sobreexplotación de las industrias cañeras.  En el batey generalmente viven los cortadores, el bodeguero, los guardas campestres… todos apilados como seres inhumanos en donde van dejando lo más precioso de sus vidas. 

“Casitas en hileras paralelas, todas blancas, menos una, que fuera de orden, aparece negra como el carbón, despidiendo humo por una chimenea que le sale del techo.  Es la bomba.  Detrás se levantan tres barrancones con los ojos abiertos.  Más allá la bodega, pequeñita, aplastada, se encoge en un rincón..” (16).

Continua Marrero Aristy: “Llevo dos meses en un batey sin nombre, porque los fundadores de este central en su afán de abreviar tiempo y despersonalizar tanto las gentes, a los sitios como a las cosas, lo han numerado todo.  Y es cierto que he matado mi hambre, pero no sé que hacer con este hastío que me engulle día y noche” (17).

EL MONOPOLIO DEL COMERCIO

El monopolio del comercio exterior y nacional de parte de los dueños de ingenios era radical; había llevado a la ruina a los medianos y pequeños comerciantes de las regiones azucareras.

De acuerdo a Padilla D’Onis, el comercio “de La Romana, el que el Central en su provecho había destruído  y llevado a la ruina.  Nunca se pensó que pudiera ocurrir una cosa tan inaudita y arbitraria…  Los periódicos trataron la cuestión poniendo los puntos sobre las íes y fueron silenciados como por arte de magia: El Municipio no tomó ninguna media prudente para impedir el hecho y los obreros y el comercio quedaron moral y materialmente abandonado a su propia suerte” (18).  El monopolio industrial y comercial llevaba a la ruina al comercio de la región Este. 

El control sobre el comercio se manifestaba en las bodegas prohibiéndoles a estas comprar fuera de la jurisdicción del central.

“El ukase prevenía al final que todo el que no se sometiera a esa disposición administrativa (mediante circular a todas las bodegas) se veía compelido a dejar las bodegas de las que se haría cargo el central”. (19). 

El monopolio sobre las bodegas le dejaba grandes beneficios al central: si el sistema de la bodega produce pingúes beneficios “no debe de extrañarnos que la Ferrecio & Vicini, C. por A., pague como se dice—al  Ingenio Santa Fé $10,000.00 por la explotación de sus bodegas.  Es verdad que no hay comparación entre este y otros centrales; el Consuelo, por ejemplo, tiene 62 bodegas, el Santa Fé sólo tiene 17.  El número de braceros empleados por uno y otro ingenio sigue la misma proporción.  Con el consuelo sólo se puede comparar el Romana y el Barahona” (20).

El control era tan rígido, que los comerciantes de San Pedro, La Romana, y otras localidades del Este, se vieron en la obligación de organizarse y presentarse ante el gobierno, en 1924, para exigirle que terminara el monopolio del comercio y que los centrales no pagaran en fichas y vales, sino en dinero que circulara en todo el país.  En una información del periódico “El Independiente”, salió la siguiente noticia: “EL CONFLICTO COMERCIAL ENTRE LOS PULPOS AZUCAREROS Y EL COMERCIO MACORISANO NO SE HA SOLUCIONADO”.

“Cuando en pasados editoriales nos hicimos eco de la angustiosa situación de Macorís, dejando oir nuestra voz de patriótico llamamientos a los poderes encargados de evitar el ruinoso malestar de la urbe Higüeyana, obramos en defensa de serios intereses generales y nacionales amenazados por los tentáculos de los enormes pulpos exóticos que no satisfechos con las honestas ganancias de la barata explotación de los cultivos, pretenden aumentar sus beneficios harto crecido en el producido de especulaciones onerosas… Atendiendo a nuestras insinuaciones, un joven ministro… se puso al habla con elementos organizados del comercio macorisano para poner coto a los demanes insultantes y a las burdas y engreídas espolaciones”. (21).

En 1927 apareció otra información en el periódico La Opinión y dirigida al Congreso Nacional donde se planteaba, que los productores de azúcar venían “arruinado a todo nuestro comercio, pues se obligaba a sus trabajadores a recibir en pago de su trabajo fichas que sólo las bodegas de los ingenios están obligados a comprar para las necesidades de la vida”.

Además La Opinión planteó en editorial, que la situación de monopolio sobre el comercio llevaba a la crisis al comercio macorisano porque los azucareros “comenzaron a fomentar… sus propios colmados… haciendo sus importaciones directamente del extranjero y atrayendo hacia esas bodegas la clientela de trabajadores que antes se iba hasta la ciudad a hacer sus compras” (22).

Y para que se vea que Marrero Aristy no escribió a “Over” exclusivamente para deleitar veamos lo que plantea refiriéndose a la policía privada del central y al monopolio:

“La policía tengamo que andai con cuatro ojo.  Por ’aquí no pué cruzai un probe campesino con un andullito, ni con una caiguita e maji, ni con cosa alguna de la que vende la compañía en la bodega.  Si lo peone hacen un pelaito por’ahí, y siembran una batatita manque sea, o un majicito, ‘di’una ve tenemo que meteile machete y picaiselo tó! poique eso le peijuica a lo blanco…” (23).

“Los trabajadores de la finca sólo pueden gastar su dinero con facilidad en la bodega del central, porque este dinero generalmente no es tal, sino vales, y porque las pocas veces que a su manos llega una moneda, no hallan otros sitios donde gastarla” (24): “Este es un negocio cruel.  La compañía lo disfraza bajo el nombre de “tiendas para atender las necesidades de los trabajadores en los campos de caña”, cuando en realidad esto es la muerte de la región. Al latifundó han unido al monopolio comercial más vasto del país, abusando de sus empleados y trabajadores…” (25).

“Esto que tiene el carácter de una simple industria, ha invadido todos los rincones de la economía regional y ha matado al pequeño comercio nativo, subordinado a su interés toda disposición que se haya tomado para proteger a los demás” (26).

EL “OVER”

De seguro que mucho se preguntaran, ¿pero y qué es el “Over”? y es posible que buscarán en la traducción de ésta palabra en inglés, un significado que sólo encontrarán en la medida que descubran, en el desarrollo del capitalismo en nuestro país, todo un proceso radical e inhumano de sobreexplotación de la clase obrera dominicana e inmigrante.

El “Over” es para nosotros.  La superplusvalía obtenida de la sangre y sudor del pueblo dominicano.  La sed de los monopolios azucareros extranjeros no desperdiciaba un solo instante, una forma o un medio para obtener las superganancias de sus capitales invertidos en nuestro país, para reinvertirlo en otros pueblos pobres de América Latina y el mundo.

Ya no era solamente adueñarse de las fábricas de los dominicanos, de sus tierras, de sus plantaciones.  Ya no era sólo controlar el Estado dominicano con todas sus instituciones.  No era el “Over” solamente controlar el mercado interno y externo de la República, el “Over” era mucho más que ésto.  Era el robo abierto y descarado de las compañías extranjeras sobre la sociedad dominicana en su conjunto. 

Veamos como describe Marrero Aristy en su novela, lo que significa este asaroso vocablo anglosajón: en una ocasión a Comprés, el nombre de cualquier bodeguero del central, un haitiano le dijo “ladrón y Comprés se sorprendió.  Pero el policía, Cleto, uno más del batey le dijo”:  “—Bueno,  pué olvide su nombre.  Aquí pa los dominicanos usté se llama ladrón, y los’aitiano vole.  Ese es el nombre que nos dan ato los’empleados de la compañía”. (27).

Y decía un haitiano: “En la finca tó-son ladrón.  Roba el bodeguero, roba el pesador, roba la mayordomo, y yo ta creyendo que la má ladrón de totiico son el blanco que juye en su carro” (28).  Y el haitiano explotado, desgarrado por el hambre y la miseria, no se estaba equivocando.  Todo el producto del “Over” iba a parar a manos del dueño del central, del mister y sus compañías radicadas en Estados Unidos.

“Pienso como cada uno hace lo suyo.  Los pesadores de caña usan pesas cargadas para quitarles al carretero y al picador, desde quinientas a mil libras por carretada, además de doscientos que se descuentan corrientemente para que el peso del chucho salga aproximadamente con el de la factoría” (29).

Y el bodeguero Comprés, con sus meditaciones sobre el eslabón que el mismo es para el “Over” final: “Malditas tiendas!  En ellas es donde se paga la zafra.  Es con provisiones y mercancías que arrojan con mínimo un treinta por ciento neto de ganancias, con lo que se paga la elaboración de los millones de quintales de azúcar que produce la región” (30).

Y el pobre Comprés no es un ladrón para sí, sino que tiene que robar a los obreros para poder pagar la cuota del robo del que es víctima.  Cuando consiguió el trabajo de bodeguero le dijeron cuanto iba a ganar: “Sabe usted que va a ganar ocho pesos semanales en una bodeguita del campo? (31).

Por otro lado la “compañía prohíbe terminantemente las pesas cargadas, como prohíbe todo lo que signifique engaño, pero no dice nada cuando aparece el Over--! como  si fuera cosa bajada del cielo!--,  porque sabe que este irá a sus manos irremisiblemente.” (32).

Y Comprés, el bodeguero, robando, robando para el central: “En cuanto al bodeguero, la cosa es más complicada y más cruel.  Se puede decir que ningún empleado se halla tan impelido al robo y a la desesperación como éste.  Al bodeguero todo se le carga minuciosamente, ya sea una onza de pimienta, una cabeza de ajo, media libra de habichuelas o una nuez-moscada.  El departamento tiene reglamentos impresos que son verdaderas leyes; fantásticas y drásticas leyes mediante las cuales queda uno condenado, extinguido, pulverizado, sin haber sido juzgado y sin tener opción a apelación de ninguna especie”. (33).

Con el tiempo Comprés comprende que está girando en unos engranajes que sólo dejarán de saciar la sed de más y más plusvalía cuando los obreros se levanten y destruyan la maquinaria del capitalismo. Y Comprés reflexiona, “Yo pienso: ¡Otro over!...¡Otro Over! ¿Será aquí todo over?...  Es una fiebre, una locura.  Los presupuestos de todos los departamentos dejan superavits, que son over, porque sus directores compiten en economías y no gastan la suma ya harto restringida que les autoriza el central; los superintendentes, no curan a los enfermos y niegan las medicinas para no cubrir su presupuesto de año; al almacén del departamento comercial, la tienda del central, las bodegas del campo, el peso de la caña, ¡todo ha de dar over! ¡Qué obsesión de más! ¡Over! ¡Maldita palabra! ¡Parece que toda la tierra será poca para saciar su sed!” (34).

Ay! de quien denuncie el Over.  Se le acusa del mal trabajador, anarquista o simplemente de comunista:
“Quien hable aquí de hacer denuncias, ya sea peón, empleado o particular, será calificado por la compañía de “comunista”, elemento “agitador”, “trastornador del orden social”, y no faltará por ahí a un líder de la región, de esos que tienen contratos de caña, que lo acuse de algo peor, con pruebas y testigos” (35).

Comprés estaba claro.  Marrero Aristy no quería simple ficción, lo que la novela “Over” plantea es la pura verdad: “Comunistas aquí? ¡Solo hay miseria! Nuestro pueblo sufre una economía semi-feudal.  Nuestras ideas son profundamente burguesas.  Además, como dicen lo que escriben sobre esas cosas, ‘no hemos cumplido las etapas sociales’ indispensables para tal transformación” (36).  

El bodeguero esta completamente sólo entre las garras del capitalismo y del central.  El Estado no podía defenderlo, sólo se hacía lo que el central quisiera. En una ocasión se iba, en el Congreso, a legislar para que el trabajador del comercio de la República tuviera algunas horas de descanso.  El proyecto de ley planteaba que se cerraran los comercios a las 7 de la noche y los días feriados.

La Cámara de Diputados aprobó la ley, incluyendo las bodegas de los centrales, las cuales ya habían sido exceptuada por los senadores y ¿saben qué pasó?.  “El Senado rechazó la enmienda hecha por los diputados, con el fin  de favorecer a las bodegas de los campos cañeros” (37). Esto obligó a un diputado a denunciar que “esa era una ley injusta… porque precisamente, quien más necesita el cierre es el dependiente de una bodega del campo… Esa es la ley más inícua que se ha dado en el Congreso…” (38).
  
Otro diputado se levantó para explicar que él había leido un librito en el que se ponen de relieve las causas de la crisis del comercio de San Pedro de Macorís y La Romana, ciudades que están próximas a ingenios de azúcar, por la competencia mortal que ejercen contra este comercio nativo las bodegas…  El autor del librito dice que sus recomendaciones probablemente caerán en el vacío, porque hay la triste experiencia de que las leyes nuestras chocan con los alambres de las fincas.  Si el Congreso Nacional,… recomienda que eliminemos esa modificación juiciosa que se hizo al proyecto y la Cámara la acepta, parece que se confirma ese comentario del librito, de que los alambres de las fincas son un obstáculo invencible para las leyes nacionales” (39). El congresista parece que se estaba refiriendo al opúsculo “Alrededor de la crisis” de Luis Padilla D´Onis.

Pero “Over” no es sólo un testimonio histórico que puede servir a futuras investigaciones sin temor a repetir algo que no es cierto.  En “Over” descubrimos hasta las contradicciones ideológicas de las diferentes clases del modelo capitalismo de producción.

EL ANTICAPITALISMO DE MARRERO ARISTY

En la década del 20 y en especial después de la intervención norteamericana de 1916, el nacionalismo se hizo presente en todos los sectores de nuestra sociedad y además, los obreros empesaron a organizarse en gremios y sindicatos.  La revolución Rusa se había dejado sentir en todo el mundo desde 1917.

Marrero Aristy, como intelectual radical dentro del nacionalismo, al parecer tenía conocimientos de que las ideas en bogas para entonces.  Es por ésto que vemos a todo lo largo de la obra como habla de clases sociales, cambios estructurales de la sociedad, rebelión de los trabajadores contra los patronos…  Y nos deja con la impresión de que él se sitúa, al momento de escribir la obra, en una posición de simpatía con ideas no burguesas y aunque le sirvió a la tiranía, también fue ésta la que lo asesinó por actividades contra la misma.

Se lamenta Marrero Aristy en “Over”, de que “los gobiernos castigan a los desesperados que matan a los explotadores y cometen actos de terrorismo, pero a quienes deberían castigar es a estos capitalistas sin entrañas.

Cegados por su fiebre de atesorar dinero, y empecinados en conceptos de superioridad racial, explotan, oprimen y siembran el rencor en los hombres que cuando el día del estallido inevitable llegue, la venganza de las masas lo arrasará todo como un huracán” (40).

Y continúa Marrero Aristy: “Ustedes tienen esperanzas.  Tienen porvenir.  Su pueblo es libre.  Este mal pasará.  Llegará el día en que estos grandes capitales tendrán que darles al pueblo y al Estado lo que les corresponde, y devolverán buena parte de los millones que se han llevado a costa de las inmigraciones de esclavos y del nativo desorientado y abandonado” (41).

“Los negros de mi país no aprendieron nada de la guerra mundial, que debió enseñarles mucho.  En la guerra quedó demostrado que el fusil manejado por el blanco y el fusil manejado por el negro, son igualmente poderosos, y eso ha debido sacudirles, servirles de ejemplo para comprender que no hay razas superiores ni razas inferiores…” (42).

A partir de estos juicios, de estos datos localizables en nuestra histórica, debemos concluir de que “Over” de Ramón Marrero Aristy no es una simple novela.  “Over” es un testimonio histórico preciso, además de denuncia para las jóvenes generaciones de como se desarrolló el capitalismo en nuestro país, y lo que significó el desarrollo dependiente para las generaciones de entonces.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
 
1.- MARRERO ARISTY, Ramón.  “Over”. 9 edicción.  Sto. Dgo., Taller 1980.  p.160.  (En lo adelante identificaremos la obra como MARRERO). 2.- DE LA ROSA, Antonio.  Las finanzas de Sto. Dgo. y el control americano.  Sto. Dgo., Ed, Nacional, 1969. p.92. 3.- MARRERO, op. cit., p. 197, 4.- Idem., 5.- Idem. 6.- Ibid, p.68, 7.- Ibid, p.85, 8.- VIDAL., Luís Felipe.  “Apuntes sobre inmigración”, Sto. Dgo., Montalvo, 1926.  p.34;  9.- Ibid. p.8, 10.- LOPEZ.., José R.  “La caña de azúcar en San Pedro de Macorís”.  Ciencia, V.2, Nº.3, 1975; 11.- PADILLA D’ONIS, Luís de.  Alrededor de la crisis.  Sto. Dgo., Imp. La provincia, 1924.  pp. 40-41. 12.- MARRERO, p.29; 13.- Ibid, p.29; 14.- Ibid, p.44; 15.- Ibid, p.30
16.- Ibid, p.30; 17.- Ibid, p.31; 18.- PADILLA D’ONIS, op. cit., p.59; 19.- Idem.; 20.- Ibid, p.54; 21.- “El conflicto comercial entre los pulpos azucareros y el comercio macorisano no se ha solucionado..” El Independiente, 16 de Septiembre de 1924.;  22.- Editorial de La Opinión, 20 de Abril de 1927;  23.- MARRERO, p.55; 24.- Idem.; 25.- Ibid, p.66; 26.- Ibid, p.67; 27.- Ibid, p.42; 28.- Ibid, pp.42-43; 29.- Ibid, p.43; 30.- Ibid, p.204; 31.- Ibid, p.26; 32.- Ibid, p.43; 33.- Ibid, p.45; 34.- Ibid, p.175; 35.- Ibid, p.67
36.- Idem.; 37.- PAULINO RAMOS, Alejandro y Sonia Medina y Yocasta Méndez.  “Análisis socio-histórico y premisas de la ascensión de Trujillo al poder”.  Tesis UASD, 1980.  p.328.; 38.- “Discusión de la Ley sobre el cierre de comercio” Boletín Cámara de diputados, Año 2, Nº. 23, Abril 1927; 39.- Idem.; 40.- MARRERO, p.206; 41.- Ibid, p.102; 42.- Idem.

 

 

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