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Reseñas y comentarios sobre el libro "Almoina contra Trujillo" de Salvador E. Morales

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Salvador E. Morales Pérez (autor).  Almoina, un exiliado gallego contra la dictadura trujillista, Santo Domingo, Archivo General de la Nación, 2009.  Como lo pone de relieve su autor, esta obra no pretende ser una biografía integral de José Almoina Mateos, puesto que está centrada en el lapso bastante corto, de aproximadamente ocho años, de su estadía dominicana”,

dice Roberto Cassá en el prólogo de la obra, sin embargo su autor aporta datos imprescindibles par conocer la vida del intelectual español de izquierda que al residir en la República Dominicana sirvió a la dictadura de Trujillo, inclusive como secretario personal del tirano y terminó siendo antitrujillista, y asesinado por el régimen con el que colaboró.

Salvador E. Morales Pérez  nació en La Habana, Cuba, el 9 de diciembre de 1939. Graduado de la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana en 1968, tiene doctorado de la misma universidad en 1999. Actualmente se desempeña como profesor investigador titular C. de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia. Ha publicado centenares de artículos en publicaciones de Cuba, Venezuela, México, España, República Dominicana, Puerto Rico y de otros países. Entre sus libros se destacan: Máximo Gómez, el Libertador de Cuba (1989), José Martí: vida, tiempos e ideas (2004), y Encuentro en la historia: Cuba y Venezuela (2005). (Tomado de las notas publicadas por el AGN, en la solapa de la obra).

Repercute en México la muerte de Almoina

Escrito por: José Pimentel Múñoz 
Para periódico El Nacional, Rep. Dominicana

Casi medio siglo después de ocurrido, continúa repercutiendo en México el asesinato de José Almoina Mateos, quien fue a finales de la década del 40 secretario particular del dictador Rafael L. Trujillo.
Un intelectual cubano radicado en México, el doctor Salvador E. Morales Pérez,  que esta semana publicará en Santo Domingo un libro sobre Almoina, acaba de escribir un artículo en el cual menciona el crimen, registrado en mayo de 1960.

Morales Pérez alude a la muerte de Almoina, tras destacar que la ciudadanía mexicana ha sido  sorprendida con la  noticia de que los responsables del asesinato del periodista mexicano Manuel Buendía Tellezgirón han sido puestos en anticipada libertad por decisión de un tribunal colegiado.
“Se trató de uno de los crímenes (el de Buendía) que no sólo conmovió el medio periodístico e intelectual, también a una audiencia que seguía puntualmente su columna Red Privada, en el otrora afamado diario mexicano Excélsior. El día 30 de mayo de 1984 –como José Almoina en mayo de 1960– cayó Buendía acribillado a balazos en el estacionamiento de la calle Insurgentes, en los bajos de su oficina y a plena luz del día. Hoy, en los noticieros televisivos se le achaca el crimen siniestro al narcotráfico, que por entonces no tenía la presencia, fuerza y violencia que ha adquirido hoy día y se omiten otras complejidades de la letal acción”, explica Morales Pérez en un articulo en el periódico La Jornada de Michoacán.

Entre los hechos develados por Buendía Tellezgirón  estuvo la cuestión relativa a un intento de puesta en libertad de los asesinos de Almoina en 1960. “Años atrás, en una nota publicada en el diario El Día el 4 de octubre de 1972, denunció que desde Miami los grupos terroristas contrarrevolucionarios autotitulados anticastristas se dirigieron al gobierno mexicano para pedir el indulto y excarcelación de los sicarios de origen cubano al servicio de la dictadura de Trujillo, que ejecutaron en México, Distrito Federal, al destacado intelectual español refugiado desde 1947 en el país, José Almoina Mateos. El atentado había ocurrido el 4 de mayo 1960, al día siguiente Almoina murió. El mismo fue perpetrado por Francisco Manuel Quintana Valdés, alias Manuel Ramos Valdés, y alias Frank Quintana, así como Servando Molina Fernández, alias Dionisio García Mendieta y alias Artemio Servando Molina, servidores de los aparatos represivos de Batista. Habían escapado a Miami, pero la reacción oficial y pública adquirió tal vigor que fueron extraditados en agosto, juzgados y condenados a 40 años de prisión. El resto del equipo homicida evadió la ley”.

Morales Pérez viene a la capital dominicana esta misma semana a poner en circulación su libro “Almoina, un exiliado gallego contra la dictadura trujillista”. El acto tendrá lugar el miércoles 18 a partir de las 7 de la noche en la sede de la Academia Dominicana de Historia.

Buendia

Los autores de la muerte de Buendía Tellezgirón y que han podido salir de la cárcel en México, son Rafael Moro Ávila y José Antonio Zorrilla Pérez. Este último era director  de la Dirección Federal de Seguridad, dependiente de la Secretaría de Gobernación, y Moro Ávila un agente de la misma.
En su artículo en el diario La Jornada de Michoacán, Morales Pérez  observa que Buendía denunció la relación entre Quintana, asesino del escritor Almoina, y un cubano de nombre Henry Agüero Garcés, autor de un  atentado contra el diario El Día, de México. Agüero fue, desde Miami, uno de los firmantes de la petición de excarcelación de Quintana.

El intelectual cubano radicado en México expresa que “el crimen contra Almoina quedó con semejantes oscuridades al realizado contra Buendía”. A éste se le define como uno de los columnistas más importantes de México en la segunda mitad del siglo 20.

Destaca que “ahora, cuando estoy próximo a poner en circulación un estudio llevado a cabo como parte de mi proyecto de investigación en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo –en torno a las diversas facetas de la vida -desgraciada en mucho aspectos– de José Almoina Mateos (Almoina, un exiliado gallego contra la dictadura trujillista) libro que saldrá publicado bajo el patrocinio del Archivo General de la Nación de República Dominicana–, en la cual destaco sus aportes a la vida cultural de República Dominicana y de México, pero muy especialmente su contribución a la denuncia del régimen dictatorial de Trujillo sostenido con la aquiescencia de Estados Unidos, cobra relevancia este hecho infame de poner en libertad a estos asesinos (los de Buendía) que como aquellos que robaron la vida de Almoina, reciben la gracia mal habida de magistrados que deben ser puestos bajo escrutinio”.
Fuente:  Periódico "El Nacional", 16 de marzo 2009

Almoina en versión tardía de Cucho Álvarez Pina

Por Salvador E. Morales Pérez (autor del libro sobre Almoina)
Publicado en periódico "Diario Libre", 14 marzo 2009ñ

Virgilio Álvarez Pina junto a Trujillo.

Cuando daba los últimos toques al libro, "Almoina, un exiliado gallego contra la dictadura trujillista", que el miércoles 18 pondré en circulación en la Academia de la Historia, la mano atenta y amiga de José Chez Checo puso bajo mis ojos vía Internet la publicación más reciente que le dedica un capítulo. Esta era las publicitadas y largamente esperadas memorias de Virgilio Álvarez Pina (Cucho).

El "gallego", como se referían a Almoina, obtuvo todo un capítulo de vapuleos a diestra y siniestra en las muy tardías memorias de un íntimo, muy íntimo, del "Generalísimo", como era de esperar. En ellas, Almoina es descrito como un tránsfuga, intrigante de la peor calaña, traicionero, engatusador, artífice de la mentira, agente de los enemigos del gobierno que conspiraban en el exilio, reptil, violador de menores, adulador y bufón barato, mercenario de la pluma… 

Algunas de sus afirmaciones, sin ninguna apoyatura documental, son erróneas y no hace falta mi libro para desmentirlas porque otros investigadores han ofrecido suficiente información para debilitarlas. En mi obra se completan con creces.

Qué otra idea podía tener Cucho Álvarez Pina, quien formaba parte orgánica de aquella dictadura, -hay que ver cómo se horroriza de los improperios vertidos en Una satrapía en el Caribe- de quien había hecho tantas y tan duras revelaciones de los mecanismos brutales que caracterizaban el manejo del Estado Dominicano por el déspota y la camarilla que sirvió a todos sus designios.

Desde la primera expresión, xenofóbica a todas luces -Un extranjero en Palacio- empieza dar su discutible versión acerca del nombramiento del refugiado español como Secretario Particular de Trujillo. Por supuesto que lo juzgaron un advenedizo y en la justa alarma que puede haberle producido el cargo especial que le otorgó el "Jefe", no hay ningún reproche a las mañas de Trujillo de contraponer a sus burócratas. No remite a datos serios y meditados, sólo un poco de literatura, mucho de fabulación, no de recuerdos sino de reconcomios y mucho más de chismografía.

De que el nombramiento cayó como bomba no cabe duda. Eran los modos utilizados por Trujillo. De pronto lo hizo ciudadano dominicano de un plumazo presidencial. Mediante decreto quedó investido sin más requisitos ni formalidades de la nacionalidad dominicana. Parte de la verdad es que Trujillo quiso aprovechar para sí la preparación y talentos del exiliado español demostrados en la instrucción de su hijo Ramfis. No descartó, por el giro que estaba tomando la guerra, el deseo de enviar una señal al exterior de su gradual liberalización. En su mente cabían las más intrigantes estratagemas.

El caso es que el "gallego" pasó a una situación frágil. No sólo debía compartir con el dictador y sus familiares cercanos, también se vio forzado a lidiar con la colmena de empleados y secuaces de los cuales éste se valía para ejercer sin límites su enigmático estilo de gobierno unipersonal y omnímodo. Cundió la alarma dentro del trujillismo de primer nivel. Un extranjero en Palacio bastó para dar la señal colectiva. Buen cotarro se formó inmediatamente. Ante el peligro enervante, las camarillas de lambiscones y genuflexos hicieron causa común. 

No cabe duda, de que sin más cartas que sus facultades y preparación intelectual, tuvo que vérselas en condiciones muy desventajosas con aquel abanico de políticos y funcionarios de las más diversas procedencias y apetencias. Antiguos nacionalistas de capital político dilapidado, escritores de nombradía socialmente desprestigiados, empresarios habilidosos, militares aupados y prepotentes, oportunistas de toda laya. Gracias a ellos se había dado un sostén legitimador a la tiranía. Para ellos el extranjero no era más que un advenedizo, sin credenciales políticas ni burocráticas.

Con respecto a este entorno, llamémosle "palaciego" en atención a que giraban como satélites del Monarca sin corona, el testimonio del abogado opositor Rafael Albuquerque, es demoledor y a mi modo de ver convincente, en la medida de que sufrió en carne propia las complacencias represivas de estos cómplices de la dictadura al escribir:</p> <p>"Mucha culpa de su endiosamiento recayó en un número apreciable de los intelectuales de la época, quienes por no perder sus cómodas posiciones dentro del marco de la sociedad dominicana en donde realizaban sus actividades cotidianas, y en no contados casos por miedo a la reacción enojosa del tirano, prefirieron renunciar a la postura digna y enaltecedora producto del sacrificio, a cambio de poner incondicionalmente al servicio del sátrapa sus plumas y sus intelectos".

Historiadores dominicanos al someter a incisiva y cruda disección la metamorfosis del grueso de la intelectualidad liberal y nacionalista que arropó a Trujillo a partir de 1930 hasta su triste ocaso, han sido contundentes en cuestionar tan grotesco concubinato entre los hombres de ideas e ideales con la ejecutoria del zafio sátrapa que los chupó y degradó a su antojo:

"Fue particularmente trágico que lo que debió haberse proyectado en un pensamiento progresista, propiamente moderno, como apuntaban las tendencias de los años previos a 1930, se frustrase y torciese hacia expresiones ideológicas abominables, que mostraban a la intelectualidad en sus potencialidades más indignas. A fin de cuentas, al identificarse de una u otra forma, con el trujillato, la intelectualidad se envileció y se definió como una generación culpable, siendo la portadora de un inmenso sentimiento de frustración y desconcierto nacional".

Almoina no sólo se las tendría que ver con la cohorte de intelectuales envilecidos y escarnecidos por el régimen. Hombres de gran talento en su mayoría aunque no faltaban segundones con sobrado ingenio para la zalema y la adulonería. En aquel entorno se codeaba la gente de saber enajenado con los más vulgares matones y operadores politiqueros. El ambiente palaciego estaba poblado por los más extravagantes contrastes: el historiador y el literato erudito junto al militar o diplomático de rico expediente criminal. Un conjunto de tan absurda naturaleza no podía presagiar nada bueno para un hombre inclinado al trabajo de gabinete.

Las camarillas, urdían sin tregua una maraña de chismes e intrigas palaciegas, conspirando unas contra otras, pactando alianzas fugaces, tramando zancadillas y esperando entrar o salir en desgracia. Este avispero hacía del entorno presidencial un pantano peligroso y pestilente. En las memorias dejadas por Cucho Álvarez Pina como las de otros de aquellos precarios e infelices, funcionarios en alza o en desgracia, podemos colegir la inhóspita atmósfera en donde se vio Almoina situado, por el capricho accidental de una voluntad ajena y superior a la suya.

En las memorias dejadas por Cucho Álvarez Pina  podemos colegir la inhóspita atmósfera en donde se vio Almoina situado, por el capricho accidental de una voluntad ajena y superior a la suya. </p> <p>El "gallego" no sólo debía compartir con el dictador y sus familiares cercanos, también se vio forzado a lidiar con la colmena de empleados y secuaces de los cuales éste se valía para ejercer sin límites su enigmático estilo de gobierno unipersonal y omnímodo. Cundió la alarma dentro del trujillismo de primer nivel. 

De SALVADOR E. MORALES PÉREZ

Fuente: Periódico "Diario Libre", 14 marzo 2009

 

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