contacto

Historia Dominicana

Sábado
May 27
Tamaño del texto
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Inicio Historia Republicana Los documentos de la Restauración: "El sastre Justiniano Bonilla se va a la guerra"

Los documentos de la Restauración: "El sastre Justiniano Bonilla se va a la guerra"

E-mail Imprimir PDF

La Anexión de Republica Dominicana a España recibió un temprano rechazo de gran parte la población. En el acto de arriar la bandera dominicana en San Francisco de Macorís hubo una protesta del pueblo. En Moca se produjo también un movimiento anti anexionistas en mayo de 1861, la expedición dirigida por Francisco Rosario Sánchez en ese año. Estas acciones fueron derrotadas por las fuerzas coloniales. Entre aquellos movimientos fracasados se encuentra el que se efectuó en febrero de 1863 en Sabaneta, Guayubín y Santiago de los Caballeros.

Sobre el tema existe una amplia bibliografía desde textos escritos por represores como el Capitán General  La Gándara, testimonios de revolucionarios y acuciosos estudios realizados por historiadores dominicanos. Sin pretender dar un aporte nuevo sobre un asunto tan tratado nos hemos acercado a aquellos días de gloria y muerte a través de las Comisiones militares.

La Comisión Militar Ejecutiva y Permanente era uno de los instrumentos legales con que contaba el Estado Español para llevar a cabo la represión contra sus enemigos internos. Creada en los primeros años del siglo XIX, la establecieron poco después en Cuba y luego en dominicana cuando este país retorno en 1861 al seno del imperio español.

Tenia una estructura central en la Capitanía General con un presidente, vocales, fiscales, secretarios e incluso un asesor civil.  En la práctica esta institución no necesitaba de fiscales o jueces profesionales para funcionar fuera del marco de la capital dominicana. Apenas ocurría un acontecimiento que afectara en alguna medida la seguridad del imperio en cualquier región, se constituía. Se escogía a oficiales del ejército para fiscales, jueces y defensores. Eran nombrados por las máximas autoridades militares de cada región. El hecho de que sus integrantes fueran oficiales incrementaba su poder. No podemos olvidar el relevante papel que tenía el Ejército en el imperio español. Acrecentado en este caso por el estado bélico que se desarrollaba en dominicana desde 1863. Los interrogatorios y todos los documentos que generaba un proceso y se  consideraban  de interés se incluían en un expediente.

En Santiago de los Caballeros entre finales de febrero y marzo de 1863 fueron detenidas varias de personas a las que se  acusaban de participar en el alzamiento. No todos llegaron al proceso. Un prisionero entregado para su custodia a un soldado “habiéndosele aquel resistido (…) fue muerto…” (1)

Los reos ausentes eran llamados por edictos, por ejemplo  los asuntes de Santiago de los Caballeros en febrero de 1863 fueron “…llamados por tres edictos…” (2)

Sino se presentaban eran juzgados y condenados si se consideraba que  así lo merecían en ausencia.
La Comisión Militar quedo integrada en Santiago de los Caballeros  por 6 vocales que eran capitanes y un presidente que era el jefe de un batallón, el secretario era un teniente y el fiscal tenia igual grado. (3)
Los detenidos estaban en la fortaleza  de San Luís. En este lugar quedo constituida la Comisión Militar el 26 de febrero.

Los oficiales que eran seleccionados para esa función estaban obligados a aceptar el cargo que se le diera en el tribunal. El reo tenia derecho a escoger al defensor. Se le mostraba una lista de los defensores y él escogía uno.

Los abogados defensores debían de cumplir con toda una formalidad que es descrita en estos términos:  “ (…) habiendo puesto las manos derechas tendidas sobre los puños de sus espadas respectivamente prometieron bajo su palabra  de honor defender a sus respectivos clientes…”•  (4)

El procesado respondía el interrogatorio y un notario recogía textualmente las declaraciones. Posteriormente le leían lo que se anotó de su declaración y lo hacían firmar. Se aclaraba que si estaba de acuerdo en reconocer lo llevado al papel como su testimonio. Si no sabía debía hacerlo por medio de una cruz. El fiscal también firmaba.

En ocasiones el acusado o el testigo por voluntad o presión hacia una segunda o tercera declaración.  La comisión militar dicto severas penas contra los individuos que tomaron parte en la sublevación de febrero de 1863. Varios fueron condenados a muerte y otros a penas de cárcel.

Aunque no podemos ser simplista y considerar que la Comisión Militar era una institución implacable que a la mínima sospecha condenaba a los detenidos.  Había un ejemplo interesante, el de Justiniano Bonilla. Este hombre había sido herido en la plaza en la noche del 24 de febrero y luego se ocultó de las autoridades. Pese a todas las incongruencias en sus declaraciones la Comisión Militar comprendió que estaban ante un entusiasta sin mucho convencimiento y determino el 4 de junio de 1863  “ que sea puesto en libertad sirviendo de castigo la prisión sufrida” (5)

Uno de los individuos acusados en la comisión militar  José Carmen Lantigua “… se halla en la población y en libertad por haberse acogido  indulto con bastante anticipación, a esta fecha…” (6)

LAS MENTIRAS

Es interesante como los acusados mentían. Por ejemplo el sastre  Justiniano Bonilla que fue herido en la plaza de Santiago en la noche del 24 de febrero de 1863 y escapó a un bohío en las afueras de la ciudad donde fue atendido y luego detenido en su casa al retornar a esta, al decirle el abogado defensor por que se fugó y no se atendió la herida en el hospital. Si era inocente como afirmaba no debía de temer ningún tipo de represalia. Este individuo afirmaba que lo habían herido de casualidad.

Para justificar tan extraña conducta argumenta: “que para la herida que recibió no neces
itaba medico  que el mismo lo hacia y como no ha curado y que como no creía nunca el que se le atribuyese que había estado entre los revoltosos fue la rason de no presentarse a la autoridad” (7)
De esta forma este infeliz se convirtió en médico capaz de atender su herida.

Ignacio Ruiz que era dependiente de la casa del comercio de  Alfredo Dehtjen en Santiago y se oculto en el campo, afirmaba que tomó esa decisión pues se encontró a un dependiente de otro comercio que le dijo que “se huyera por que si lo cogían lo iban a fusilar pues lo andaban buscando en cuya virtud salio directamente a Puerto Plata” (8)

De esta forma fue un comentario o intriga de un amigo el que lo llevó a fugarse. Estamos ante un cúmulo de mentiras o verdades dichas a medias difíciles de descifrar. Pero quizás sea esta la única forma que tenemos de acercarnos a los hombres y mujeres desconocidos del alzamiento del 24 de febrero de 1863.
En primer lugar, intentaremos encontrar cuales fueron los motivos que llevaron a estos hombres a sublevarse contra España. Por lo menos los que se reflejan en estos documentos. Uno de ellos era el desprecio de los españoles por los negros y mulatos que en Santo Domingo era mayoría. Un asunto que fue muy explotado por los revolucionarios era el posible retorno a la esclavitud. En Cuba y Puerto Rico, que eran  colonias españolas en el Caribe, existía esa brutal institución, por lo que cabía la posibilidad de que se extendiera a Santo Domingo aunque las condiciones internacionales no eran favorables para restaurarla. Recordemos la oposición de Gran Bretaña al  tráfico humano. En esos años se desarrollaba la guerra civil en los Estados Unidos de los objetivos de esta contienda uno era eliminar la esclavitud.
Pero la población dominicana creía en esa posibilidad. El moreno y albañil   Juan de la Cruz Ureña  (9) fue rápidamente convencido de que la esclavitud retornaría a su patria. Es muy posible que sufriera  el desprecio conque miraban los numerosos funcionarios y militares hispanos que llegaron a dominicana a los negros y mulatos. Eran muy común las racistas bromas que en ocasiones le dirigían a un negro de que si viviera en Cuba lo venderían como esclavo.   

El  albañil Juan de la Cruz Ureña  (10) nos dice que en la noche del 24 :

“ …por la calle del cementerio se encontró con una porción de paisanos armados entre  los cuales recuerda a Ramón Almonte,  Vidal Pichardo, Eugenio Perdomo, Pedro Ignacio Espaillat, Juan Antonio Ales,  Domingo Curiel,  Ramón Pacheco todos los cuales le dijeron que los españoles querían hacerlos esclavos entusiasmado con esto por lo cual consiguieron que los siguiese aunque sin darle armas por entonces ” (11)

Veamos que armas portaban estos insumisos. Lo primero que debemos de valorar es que dominicana es país de muchas guerras. La población dominicana  tenía  una larga tradición de que los civiles  portaran armas o las tuvieran en sus casas. En algunos de los interrogatorios se puso en evidencia esta tradición. Uno de los detenidos por los acontecimientos de Santiago de los Caballeros, Alvaro Fernández   “(…) socio y dueño de la Panadería  a maquina” quien declaró que “siempre ha tenido un revolver del sistema la foviel cual usa para sus viajes a Santo Domingo en lugar del machete”. (12)

Varios de los detenidos y testigos que fueron interrogados por los fiscales de la Comisión Militar se refieren a la existencia de algunas armas entre los sublevados.

Juan Luis Bidó declaró a la Comisión Militar que los líderes iban armados de “carabinas o escopetas y el Perdomo una espada así como Espaillat una pistola” (13)

Otros de los interrogados nos dice “(…)que iban armados de machetes y carabinas(…)”(14)
Eusebio Abreu un reo se refiere que al otro lado del río vio: “a unos cincuenta o sesenta hombres armados”  (15)

Aunque no todos estaban armados, el detenido Vidal Pichardo afirmó que vio en la plaza “mucha gente y bastante de esta hasta sin armas “(16)

¿Cómo se desarrollaron los acontecimientos?

Cada uno de los interrogados trata de eludir toda responsabilidad y afirmó su inocencia poniéndose como simples testigos de los acontecimientos. Todos vieron pasar a la multitud enardecida mientras ellos permanecieron como entes pasivos.

El detenido Vidal Pichardo  afirmó que en la noche del 24 de febrero entre las siete y media  y ocho se encontraba en su casa  “vio pasar alguna gente armada y después hoyo un alboroto en la plaza”. Otros repitieron esta historia de un grupo de individuos alborotando en las calles con dirección de la plaza.
El dueño de la panadería afirmó que: “oyó decir a los ingleses que trabajaban en su maquina que pasaban mucha gente pero sin decirle con que objeto pasaban” (17)

Es indiscutible que  un grupo de vanguardia se lanzó a la calle y se dirigió a la plaza de armas donde estaba la cárcel y el Ayuntamiento y convocaron a cuanto vecino se encontraron al paso a que se le unieran. Para esto no utilizaron la coerción pues ninguno de los reos se atuvo  a este sentido de  una incorporación forzosa  a la sublevación. Un criterio bastante atractivo para justificar su participación en aquellos acontecimientos. Pero es de pensar que el grado de voluntariedad de esta gente era tal que los mismos detenidos comprendieron que era difícil que se le creyera.

El alcohol estuvo presente en aquella noche gloriosa. Muchas veces se olvida lo que significó esta bebida como estimulo para acontecimientos extraordinarios. Según John Keegan, (18) historiador militar británico, en Waterloo una parte de los héroes del Reino Unido estaban bastante pasados de copas. Sus oficiales antes del combate le dieron con prodigalidad alcohol. Hasta ahora de las sumarias confeccionadas sobre los rebeldes de Santiago y que hemos revisado tan solo hemos encontrado una referencia a este viejo amigo de los héroes. Cuatro de los participantes en el motín, luego de encontrar el cadáver de un compañero en la plaza se dirigen   al  Café del Comercio  “donde tomaron una copa” (19)

Podríamos preguntarnos porque  estaba abierto en aquella noche tormentosa el “Café del Comercio”. ¿Contaba con numerosos clientes? ¿Que consumirían en medio del enfrentamiento bélico?

El procesado Vidal Pichardo nos dice que “hoyo decir a los amotinados que el Ayuntamiento que era el que dirigía su  revolución había dicho que en esta no habría sangre ni desgracia de ninguna especie, pues por medio de tratados se lograría lo que se prometían que era reconquistar sus derechos de República Dominicana  “(20)

Es interesante como se creó una interacción espontánea entre los reunidos en la plaza y el Ayuntamiento. Por lo menos esto fue lo que nos dijo Vidal Pichardo. Según su declaración en la plaza se iban reuniendo: “mucha gente y bastante de esta hasta sin armas, como  así mismo el que al anochecer de aquel día vio invitaban al referido ayuntamiento para que se reuniese… “(21)

Es interesante como se intentó formar una dirección militar entre los amotinados. Los independentistas estaban convencidos que la guerra no se ganaría con tan bellas palabras.   

Vidal Pichardo nos narró que en la noche del alzamiento vio a dos miembros  del Ayuntamiento; Juan Luis Bidó y Máximo Grullón “…los cuales iban  comisionados por el ayuntamiento para nombrar Gefes de aquella gente para que se ordenasen; que dichos dos señores preguntaron quienes eran los oficiales de mas graduación y antigüedad y contestándole por los grupos que eran Ramón Almonte y el que declara y  Pedro Ignacio Espaillat volvieron a preguntar Bidó y Grullón a quienes querían por jefe, a lo que contestaron los de los grupos que a los tres ya dichos señores, a los que iban a nombra cuando empezaron los tiros  por lo cual no tuvo efecto el nombramiento” (22)

Esto nos sitúa ante una diferencia abismal entre el movimiento independentista  dominicana y el cubano Los primeros contaban con un grupo de veteranos militares que había tomado parte en las guerras contra Haití. Bastaba salir a la plaza y seleccionar entre la multitud los de mayor prestigio para tener una eficiente y corajuda oficialidad.  Los cubanos tuvieron que buscarla entre los extranjeros.

LAS ACCIONES

Las acciones se concentraron en la plaza de Santiago de los Caballeros En criterio de los españoles allí se reunieron  alrededor de ochocientos hombres (23)

Una de las acciones más importante  fue liberar  los presos de la cárcel. Esta estaba situada en la parte trasera del Ayuntamiento frente a la plaza.  Manuel de Jesús Vargas estaba preso en la cárcel de Santiago de los Caballeros. Luego afirmaría que  “como a las ocho salió con los demás presos cuando el alboroto” (24) Este individuo a los 15 días fue capturado y retornado al presidio.

Otros de los detenidos en su declaración afirmó que “ a un tal Pedro Ruiz oyó decir que el mismo había abierto la puerta de la cárcel que a poco Vidal Pichardo mando a decir al ayuntamiento por dos o tres comisionados  que tenia cuatro mil hombres a su disposición por lo tanto que determinare.  Después de lo cual llego a la plaza Don Juan Luis Bido, y les dijo que esperasen en la plaza  hasta por la mañana que el ayuntamiento determinara lo que había que hacer” (25)

Las acciones fueron  amenazas y soltar los presos de la cárcel que no estaba defendida que combate propiamente. Se quisieron imponer por el número algo parecido a lo que ocurrió en Cuba al inicio. La intervención de una unidad española cambió el panorama de la plaza en pocos minutos.
Según el informe hispano utilizaron  “ un corto numero de fuerzas de este batallón” para dispersar  al enemigo en la plaza de armas en la noche del 24 al 25. El informe oficial hace referencia a 5 muertos y algunos heridos en el bando independentista.  Los represores reconocen tres heridos. (26)

En estas confusiones en ocasiones se producen saqueos. Pero, ni los detenidos ni los testigos se refieren a estos excesos. Al respecto, no había evidencia que los sublevados se entregaran al pillaje. Es interesante que uno de los caídos en la plaza, llamado José Maria Gautier según el testimonio de uno de los detenidos, “tenia aun su cadena  de oro, dos sortijas y un gemelo de camisa “(27) uno de los revolucionarios  “lo recogió para que no se lo robasen”  (28)

Fueron al ayuntamiento y quisieron entregar las alhajas a Juan Luís Bidó “con dos o tres miembros de dicho Ayuntamiento que las conservase  para entregarlas al hermano del difunto ” (29)

En la provincia de Santiago se encontraba un número relativamente importante de miembros de las Reservas Dominicanas. Varios reservistas tuvieron un papel importante en esta sublevación. Entre los rebeldes se encontraban por lo menos  tres teniente coroneles, un capitán, dos tenientes y tres subtenientes. (30)  Por lo menos esto afirmaban las autoridades. Este grupo era considerado tan peligro que se le exceptuó  del perdón.

El 16 de marzo de 1863 el Capitán General dio a la publicidad un indulto para los alzados. No se
consideraban en esa gracia los que fueron “promovedores de la rebelión o como generales o jefes de las fuerzas armadas, contra la tranquilidad publica y a los generales, jefes y oficiales de las Reservas Provinciales, que hayan tomado parte activa en contra del gobierno en estos sucesos” (31)
¿Que ocurrió con los rebeldes heridos?

Las fuerzas españolas atacaron a los sublevados en la plaza. Dispararon y cargaron a la bayoneta. Los revolucionarios se dispersaron. El enemigo estaba fuertemente armado lo que lo hacia muy superior a aquella multitud.

Justiniano Bonilla  fue herido en esa acción. Se dirigió a  su casa y después a la sabana,  paso el rio “… entro en un bohío donde  una tal Matilde Liscuñana le curo su herida” Esta mujer vivía en el bohío de un individuo que se le identifica en la sumaria como  Francisco sin apellido.   Posteriormente Justiniano regresó a su casa, la herida se la curaba su esposa. Allí lo apresaron. 

Otro de los detenidos afirmó que Francisco de Baya  “ que este había salido herido en la espalda y que se marcho hacia Quinigua para desde allí seguir para  abajo” (32)

Los heridos recibieron el apoyo de amigos y parientes y por regla trataron de escapar cada uno por su cuenta. El movimiento había sido liquidado y no existía estructura alguna que los apoye. Cada uno debió ponerse a salvo como pudo.

MUJERES  Y APOYO POPULAR

Al iniciarse el alzamiento un grupo de personas abandonaron la ciudad. Así  lo afirmó el comerciante Genaro Espaillat   que en la noche de lo que el llamó el  “alboroto”   “… noto que muchas familias se iban para el campo..” (33) Pero todas las evidencias han dejado constancia de un apoyo espontáneo a los sublevados. Las mujeres son mas difíciles de distinguir en este apoyo. Es necesario leer con cuidado estos interrogatorios para encontrar su  participación. Veamos que nos dice el moreno y albañil Juan de la Cruz Ureña. (34) Le preguntan que   “Si supo que el día veinte y cinco se reunieron a la otra orilla del Río, gran porción de gente amotinada  y quien la mandaba” (35)

 Respondió “que las mujeres que bio (sic) ir y venir con ropa por el punto en que se hallaba ya de por dicho supo lo que se le pregunta y que los Gefes eran Ramón Almonte, Ramón Pacheco y Isidro Jiménez” (36)

El hecho de que estas mujeres identificaran a los que dirigían a ese grupo situado en las inmediaciones del río, nos dice algún tipo de contacto e intercambio entre estas mujeres y los rebeldes. Es posible que brindaran su solidaridad. Incluso en el caso de que no se diera una acción efectiva de apoyo el que este grupo de mujeres estuvo en las inmediaciones donde se encontraban los rebeldes debió de ser agradable y reconfortante para hombres que estaban dispuestos a morir.

Vidal Pichardo “Teniente coronel de las milicias de  reservas de esa isla clasificado en pasivo” (37) y considerado como uno de “Los Jefes de ese atrevido golpe” (38) luego de frustrado el alzamiento se fue para su casa. Allí “un hijo suyo  le noticio que lo andaban buscando”. Esto lo puso en alerta y cuando lo fueron a detener  escapó por la ventana  “al patio de una vecina” (39)  desde allí observó el registro que la policía hacia en su casa  “que de patio en patio llego a casa de una tal Tina, donde estuvo hasta la noche que con un caballo se marcho a Jacagua” (40) Allí vio a su familia, intento huir  a Haití pero no pudo. Al llegar el general  Hungría se le presentó.

El albañil Juan de la Cruz Ureña (41) afirmó en su declaratoria que luego de retirarse de la plaza donde estuvo mientras se desarrollaba el alzamiento:  “cogió a su familia y la llevo a casa de una conocida suya que vive tras el cementerio; que a la mañana siguiente se traslado con su familia algo mas lejos, hacia los Cerros en casa de un tal señor Alejos y que el veinte seis se paso a una estancia de Don Juan Gil, donde vive una tía de la mujer, que andaba con el, donde permaneció hasta la tarde del día de hoy  que vino para su casa “(42)  

En este caso se ve con nitidez  la participación de la mujer. Inicialmente oculta su familia en “casa de una conocida” luego se  fuga a “donde vive una tía de la mujer”.

La mujer heroína que fusil en mano combatió a los contrarios es relativamente escasa. Esa es la forma que tienen los hombres de reconstruir lo heroico. A falta de fusiles y pistolas hay una tradición en la historia de donarles un puñado  de palabras grandilocuente a algunas mujeres que se destacaron en la guerra.  Muchas veces esas frases tienen un extraño trasfondo masculino. Pero a estas mujeres que no pasaron mas allá de ayudar al perseguido, curar herido han sido virtualmente olvidadas. Quizás ellas misma consideraron el asunto de tan poco mérito que no lo incluyeron en las memorias de sus familias. Si la vida se origina en ellas que relevancia  tiene el curar el desgarrón de una bala.

Es la olvidada mujer dominicana. Convertida en una especie de folclor en novelas y filmes que nos la muestra como entretenimientos fáciles de tiranos. Hay otra historia de estas mujeres. Es necesario irnos en la búsqueda de las mujeres y hombres de “a pie” de aquella noche del 24 de febrero de 1863 cuando en Santiago y otros pueblos la gente sin nombre comenzó a escribir otra historia.

NOTAS

1--AGNRD Fondo César Herrera Tomo 30
2--Ibídem  Tomo 11
3--Ibídem  Tomo 11  folio  2
4--Ibídem folio  35
5--Ibídem  tomo 11  f 99
6--Ibídem Tomo 11
7--Ibídem  tomo  11 f 23
8--Ibídem tomo  11 f 30
9--Ibídem tomo  17 p 6
10--Ibídem tomo  17 p 6
11--Ibídem tomo  17 p 6
12--Ibídem tomo  17 p 3
13--Ibídem Tomo 11 folio 6
14--Ibídem Tomo 30 f 7
15--Ibídem tomo 11 f 48
16--Ibídem tomo 17 p 11
17--Emilio Rodríguez Demorizzi en su libro Próceres de la Restauración Noticias biográficas Editora del Caribe C. por A. Santo Domingo R.D. 1963 p. 109

18--John Keegan El Rostro de la Batalla Editorial: Ediciones Ejercito  Madrid 1990
Año de la Edición: 1990
19--AGNRD Fondo Cesar Herrera  Numero  tomo  17 p 9
20--Ibídem tomo 17 p 11
21--Ibídem tomo  17 p 11
22--Ibídem  tomo  17 p 11
23--Ibídem tomo 30
24--Ibídem tomo 11 f 32
25--Ibídem tomo 17 p 6
26--Colección Cesar herrero tomo 30
27--Ibídem Tomo  17 p 9
28--Ibídem Tomo  17 p 9
29--Ibídem Tomo  17 p 9
30--Ibídem  Tomo 11 folio 51
31--Ibídem Tomo 11 folio 51
32--Ibídem Tomo 17 p 7
33--Ibídem Tomo 11 f 34
34--Ibídem Tomo 17 p 6
35--Ibídem Tomo  17 p 7
36--Ibídem Tomo 17 p 7
37--Ibídem Tomo 17 p 8
38--Pedro M Archambault historia de la Restauración”Ediciones Taller Santo Domingo 1986 p 30
39--AGNRD  Fondo Cesar Herrera  Tomo  17 p 10
40--Ibídem Tomo 17 p 10
41--Ibídem Tomo 17 p 6
42--Ibídem Tomo 17 p 7

 

Resaltados

 

Un nuevo libro de Alejandro Paulino Ramos: "El Paladión: de la ocupación militar norteamericana hasta la dictadura de Trujillo"

Está circulando desde el juveves 15 de diciembre el libro: "El Paladión": de la ocupaci...

 

Alejandro Paulino Ramos escribe: "Orígenes y trayectoria de la sociedad civil en la República Dominicana, 1916-1961"

 (Este ensayo acerca de los "Orígenes y trayectoria de la sociedad civil en la Repúblic...

 

20 de octubre de 1961: "!Libertad!, !Libertad! El grito de Octubre" y "Los masacrados del octubre de 1961"

 ¡Libertad! , ¡Libertad! El grito de octubre" y  "Los masacrados de Octubre del 1961"...