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Juan Pablo Duarte, la Nación Dominicana y su proyecto de Constitución

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Conferencia pronunciada en Piedra Blanca, municipio de la Provincia Monseñor Nouel y en la ciudad de Elías Piña, los días 24 y 26 de febrero, como parte de la celebración del Mes de la Patria, organizada por la Comisión de Efemérides Patrias.

Introducción:

El pueblo dominicano ha sabido constituirse como nación libre y soberana, como lo fue el sueño de nuestros patricios Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, en medio de la dominación y los intentos colonialistas de los imperios, desde finales del siglo xv hasta la postrimería del siglo xx. Sin embargo, lo que acontece en la actualidad en la sociedad dominicana apunta a la profundización de una crisis que puede llevarnos a la desaparición como pueblo, y por lo tanto a truncar el sueño duartiano, de la existencia de la República Dominicana.

 El antídoto planteado por Juan Pablo Duarte, para la preservación de la  nación dominicana, está contenido su ejemplo de vida, en su proyecto de constitución de 1844 y las recomendaciones para que ella y las leyes marquen la convivencia entre todos los dominicanos. Por eso, aunque tendré necesariamente que reseñar los más importantes momentos relacionados con nuestro patricio, mi objetivo es llamar la atención sobre el alcance del pensamiento de Duarte en la crisis que estamos viviendo en la actualidad.

La formación del pueblo dominicano:

La formación de nuestro pueblo comenzó desde el instante en que los españoles desembarcaron en la isla de Haití en 1492 y de inmediato planificaron el control político-administrativo sobre el territorio, el despojo de las riquezas y recursos naturales, y la sumisión de su población, en condición de esclavitud, a sus designios imperiales.

Muy pronto y en medio de la desaparición física de población indígena, se produjeron cambios en los propósitos económicos de los colonizadores, dando inicio a la industria azucarera y la introducción de un importante contingente de africanos, capturados en sus tierras y convertidos abusivamente en esclavos, para enriquecer la España colonialista y a sus súbditos en territorios americanos.

La resistencia indígena primero y luego las insurrecciones de los esclavos africanos trasplantados en los ingenios, hatos y estancias de nuestra isla, prologaron lo que con el tiempo, en la medida en que se producía una integración demográfica, principalmente entre españoles y africanos, resultaría en la existencia de un conglomerado que comenzó a considerarse criollo y propio de esta tierra en contraposición y celoso de la presencia del español nacido en España y reubicado en su condición de supremacía económica y social en Santo Domingo.

El enfrentamiento del criollo-español-dominicano con los dominadores se expresó tempranamente para 1605, cuando las autoridades españolas de la Isla intentaron poner fin al trasiego ilegal pero necesario, de mercancías provenientes de imperios enemigos de España, lo que conocemos en la historia de aquellos tiempos como “el contrabando”. El mulato criollo Hernando de Montoro simbolizó la desobediencia aplastada a sangre y fuego, en los territorios devastados y por demás despoblados en que se producía aquella práctica que rechazaban las autoridades españolas de la Isla, los que abandonados a su suerte, facilitaron la presencia de otras potencias europeas.

La crisis económica generada por aquella acción, conocida como “devastaciones de Osorio”, produjo con el tiempo la emigración del español atraído por el oro de México y otras regiones continentales, la presencia en la parte despoblada de nacionales de Holanda y Francia principalmente, el fortalecimiento demográfico del criollo-mestizo y el arraigo económico y emocional de quienes ya se sentían parte de nuestro pueblo y comenzaban a identificarse temprano a partir del siglo xvii, como españoles, blancos de la tierra, españoles-dominicanos y o simplemente “dominicanos”.

Lo que no impidió que España mantuviera radicalmente su dominio y siguiera imponiendo su orden político-administrativo y social sobre toda la población de Santo Domingo, utilizando la Isla como parte del juego de intereses que la enfrentaba con otras potencias europeas, como sucedió con los tratados de Nimega (1678), Ryswick (1697), Aranjuez (1777) y Basilea (1795). Cada uno de estos acuerdos internacionales iban consolidando y definiendo lo que pronto resultó en una poderosa colonia francesa en la que se desarrolló una rica economía de plantaciones esclavistas, mientras el Santo Domingo español languidecía económicamente y comenzaba a vincularse con sus vecinos franceses a través del hato ganadero.

El Tratado de Basilea, con el que se puso fin a los conflictos entre Francia y España en 1795, produjo el cambio de autoridad colonial en Santo Domingo español, pues todo el territorio de la Isla pasó a ser parte del imperio francés. La reacción de los dominicanos españoles, de los mestizos y esclavos ante el cambio de mando ha sido poco estudiado, pero son conocidos los documentos de rechazo por una parte de los dominicanos que comenzaron a emigrar a Cuba, Puerto Rico y Venezuela, y a movimientos que apuntaban a la libertad de los esclavos como sucedió en 1796, posiblemente influenciados por los reflejos de las luchas que se daban más allá de la frontera con la colonia francesa.

Fue en medio de lo que aconteció desde entonces, que las tropas de Toussaint Louverture, actuando a nombre de Francia, ocuparon la parte española, liberaron los esclavos de su opresión económico-social e iniciaron cambios en la economía que fueron pronto abortados por la presencia del ejercito francés (1802-1809), que controló y organizó la nueva colonia de Francia en  el Santo Domingo español.

Pero las ideas liberales de la Revolución Francesa se expandían por el mundo con su grito de libertad ciudadana e independencia de los pueblos, y en Santo Domingo no se ignoró el influjo de que eran portadora, dejándose sentir en las luchas que los dominicanos iniciaron en 1808 contra la dominación francesa: dominicanos, que reclamaban la vuelta a la condición de colonia de España, encabezados por Sánchez Ramírez unos, y otros que combatían contra los franceses favoreciendo la independencia, encabezados por Ciriaco Ramírez y aunque con la derrota de los segundos, al mismo tiempo que salían los franceses de nuestro territorio, volvimos a la condición de colonia de España (109-1821). Doce años después los liberales dominicanos proclamaron la primera independencia, aquella que conocemos en la historia como la Independencia Efímera de Núñez de Cáceres”, por haber sido este intelectual criollo quien encabezó la conspiración y proclamación del Estado Libre del Haití Español el 1 de diciembre de 1821.

Lamentablemente, la falta de apoyo social de esta independencia, pues los sectores oligárquicos esclavistas preferían la integración con la República de Haití o la continuidad de España en su dominación sobre Santo Domingo, así como los errores de Núñez de Cáceres en no proclamar la libertad de los esclavos y la aptitud de estos esclavos en acogerse a la presencia haitiana, sumado al fracaso de las búsqueda de una integración regional con el proyecto de la Gran Colombia que lideraba Simón Bolívar en América del Sur, trajo como consecuencia la presencia y dominación de Haití en el territorio dominicano durante 22 años, desde el 9 de febrero de 1822 hasta el 27 de febrero de 1844.

Como se ve, resulta un mito puesto a circular por sectores conservadores, de que el pueblo dominicano fue el único del Continente en no lograr su independencia de una potencia europea y al contrario la alcanzo de un pueblo semejante al nuestro, la República de Haití.

Las luchas de los dominicanos trasciende los límites de los siglos xvii y xviii, haciéndose evidentes recién se iniciaba el siglo xix, tomando parte en la derrota infligida al ejercito francés (1808-1809), e independizándonos de España en 1821. En esos dos acontecimientos se encuentra la génesis de la República Dominicana, consolidada en el proyecto duartiano que tomó forma a partir de la constitución de La Trinitaria el 16 de julio de 1838, hecho realidad en 27 de febrero de 1844 y definitivamente, después que malos dominicanos que nunca creyeron en la existencia de nuestra nación anexionaron la República a la imperial España en 1861, y los verdaderos dominicanos encabezados por los líderes restauradores derrotaron al ejercito español y proclamaron para siempre la República Dominicana, 1865.

Juan Pablo Duarte y la Nación Dominicana:

Con ese proceso como referente, es que debemos estudiar el aporte de Juan Pablo Duarte y sus compañeros a la fundación de la República, teniendo como instrumento para lograr sus objetivos la organización secreta La Trinitaria, un partido juvenil constituido en principio por nueve jóvenes, con edades que oscilaban entre los 16 y los 28 años. Los convocados para la constitución de la organización el día escogido y en la casa de Doña Chepita Pérez, madre de uno de los presentes, Juan Isidro Pérez, fueron Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandrino Pina, José María Serra, Felipe Alfau, Jacinto de la Concha, Juan Nepomuceno Ravelo, Félix María Ruiz y Benito González.

En el juramento de esos jóvenes al fundar la organización, redactado por Duarte, está definido el proyecto de nación soñado por él, quien muy joven había vivido en España y viajado por varios países de Europa, en los que conoció las ideas liberales que se debatían en esos pueblos. En ese juramento quedó establecida la necesidad de crear un país libre y soberano e independiente, que se llamaría República Dominicana, el cual tendría su pabellón tricolor en cuarto encarnados y azules, atravesado por una cruz blanca, y que se reconocerían con las palabras de Dios Patria y Libertad.

Su objetivo, la Independencia y proclamación de la República Dominicana, coincidió con los intereses de quienes en Haití buscaban poner fin a la dictadura de Boyer, encabezados por Charles Herard, y con los dominicanos que planificaban la separación de Haití para llevarnos de nuevo a la condición de colonia de Francia, España, Inglaterra o de los Estados Unidos. Con estos últimos se coincidía en el propósito de la separación de Haití.

La estrategia de los Trinitarios, en conocimientos de que debían de aprovechar todas las coyunturas y aliados para ponerle fin la presencia haitiana, favoreció los contactos de Mella con los reformistas haitianos y con los separatistas no independentistas que eran conocidos como pro- españoles y afrancesados.

El problema principal de los liberales haitianos era sacudirse de la dictadura de Boyer, mientras que los dominicanos teñimos tres objetivos principales: salir de la dictadura, separarnos de Haití y proclamar la República Dominicana. Eso es lo que explica los contactos de los trinitarios con los reformistas haitianos y con los conservadores dominicanos Pedro y Ramón Santana, cabecillas de sectores económicos vinculados a la ganadería en la región Este.

El apoyo de los Trinitarios a los reformistas haitianos facilitó la proclamación del fin de la dictadura de Boyer en Santo Domingo, pero cuando los implicados en la parte dominicana se pronunciaron públicamente a favor del movimiento después de enterarse que Boyer había salido hacia el exilio el 13 de marzo de 1843, quedaron evidenciados en sus proyectos independentistas.

El 24 de marzo, al conocerse la noticia en Santo Domingo, los trinitarios y otros opositores tanto haitianos como dominicanos, salieron por las calles gritando “vivas por la independencia y la Reforma”, como lo explica el historiador Frank Moya Pons, con un saldo de 2 muertos y 5 heridos. La participación en los hechos y en la formación de las juntas populares constituidas para defender la Reforma, facilitó que el nuevo gobierno haitiano encabezado por Herard identificará a los cabecillas trinitarios, en especial a Juan Pablo Duarte y a Francisco del Rosario Sánchez, quienes tuvieron que irse a la clandestinidad o salir del país, como sucedió con varios de los trinitarios entre ellos Duarte (quien era reconocido por todos como líder del movimiento), cuando el nuevo presidente de Haití Charles Herard, enterado de los planes de los dominicanos, invadió nuestro territorio en julio de 1843. Identificado como cabecilla de los planes y perseguido por los militares y espías haitianos, Duarte salió secretamente del país el 2 de agosto de 1843.

La presencia del ejército haitiano y la ausencia de Duarte fuera del territorio dominicano, no pudieron evitar la continuación y consolidación de la conspiración, que consistía en que Duarte obtuviera las armas en Curazao y Venezuela y desembarcará por las playas de Guayacanes el 9 de diciembre (lo que no fue posible), como una forma de adelantarse a los planes de los afrancesados, apoyados por el cónsul francés Levasseur, a cambio de la cesión de la bahía de Samaná. Esos planes fueron anunciados  por estos antinacionales en un manifiesto puesto a circular el 1 de enero de 1844.

Por su lado, los Trinitarios pusieron a circular un manifiesto el 16 de enero del mismo año, llamando a la rebelión para independizarnos de los haitianos. Para ese fin, los duartistas contaron con la adhesión a sus planes de los hateros seybanos encabezados por los hermanos Santana.

Nacimiento de la República Dominicana:

Aproximadamente a las 11 de noche del 27 de febrero, se reunieron en la Puerta de la Misericordia los conjurados encabezados por Ramón Matías Mella y después del histórico trabucazo, se dirigieron a la Puerta del Conde, baluarte en el que Francisco del Rosario Sánchez enarboló la bandera diseñada por Duarte y bordada por Concepción Bona.  El día 28, los haitianos firmaron la capitulación en las negociaciones ante el comité insurreccional encabezado por Sánchez, pasando el poder totalmente a los dominicanos el día 29, quedando de inmediato constituida la Junta Central Gubernativa, el 1 de marzo, en la que estaban representados las fuerzas políticas que tomaron parte en la proclamación.

Mientras se comenzaba a constituir el Estado dominicano, Juan Pablo Duarte regresaba de su exilio a principio de marzo y fue recibido como el verdadero responsable de la independencia y reconocido como Padre de la Patria, pero los acontecimientos más allá de la frontera con Haití y los conflictos políticos internos que enfrentaban a liberales y antinacionales terminaron por llevarlo al ostracismo.

El proyecto de constitución de Juan Pablo Duarte:

Pero antes, el patricio había redactado el proyecto de constitución, que como ley fundamental de los dominicanos completaría lo que sería la nación soñada por él: la que se llamaría República Dominicana, sería la reunión de todos los dominicanos, con su religión católica, pero con libertad de conciencia y tolerancia de culto, que no podría formar parte integrante de ninguna otra nación, ni patrimonio de familia, ni de personas algunas; una República con su bandera tricolor, libre, soberana e independiente, y en la que todos los dominicanos estaríamos sujetos a la constitución y las leyes, tanto los gobernantes como los gobernados; una Nación en la que las leyes no tendrían efectos retroactivos, nadie podría ser juzgado sino con arreglo a ellas, ni se le podría aplicar penas que no estuvieran contempladas en las mismas, porque ninguna persona, sin importar su autoridad tenía derecho a prohibir lo que la ley no prohibía.

Los trinitarios encabezados por Duarte intentaron controlar la Junta Central Gubernativa para desde ella hacer realidad los planes del patricio, pero muy pronto la reacción de la República de Haití provocó situaciones inesperadas, que se conjugaron con los conflictos internos al interior de la junta de gobierno:

Las invasiones haitianas para evitar la consolidación de la independencia, se habían iniciado el 19 de marzo cuando el ejército haitiano encabezado por Charles Herard atacó la población de Azua y el 30 de marzo, hicieron lo mismo contra la población de Santiago de los Caballeros, pero en las dos batallas, las tropas nacionales derrotaron a las haitianas.

La dictadura de Pedro Santana y el exilio de Duarte:

La condición de líder de Pedro Santana en estos aprestos militares, elevó su prestigio, lo que facilitó que los sectores enemigos de la nación dominicana y que propiciaban con desesperación el protectorado extranjero ante la amenaza haitiana, se aglutinaran a su alrededor, controlaran la Junta Central Gubernativa y comenzaran a desplazar a los trinitarios de la misma. Esto obligó a Mella y a Sánchez a propiciar una contra ofensiva que permitiera el ascenso de Duarte a la Presidencia, acción que fue ejecutada mediante el fracasado golpe de Estado militar el 9 de junio de 1844.

Prisioneros los principales lideres de la Trinitaria, fueron juzgados por Santana, condenados a muerte y luego, ante el reclamo de la población para que esa decisión no se produjera, inculpados como traidores a la patria y expulsados a perpetuidad del territorio dominicano. Meses después, Santana como presidente de la Junta Central Gubernativa convocó a un congreso constituyente, y presionó para que éste, reunido en San Cristóbal durante semanas, redactara una constitución que fue proclamada el 6 de noviembre de 1844, que si bien recogía algunos de los principios contenidos en el proyecto de constitución de Juan Pablo Duarte, resultó en una ley fundamental que por la preeminencia del artículo 210 otorgaba poderes anticonstitucionales y dictatoriales al presidente Pedro Santana, quien a la vez se hizo proclamar como el primer presidente constitucional de los dominicanos.

Vigencia del Pensamiento Duartiano:

Desde entonces Juan Pablo Duarte vivió en varios pueblos de América sin volver a pisar suelo dominicano hasta 1864, cuando se enteró de que el pueblo dominicano luchaba para restaurar la República Dominicana que había entregado Santana en 1861, entonces regresó para integrarse a las luchas para que la República Dominicana fuera una vez más libre, soberana e independiente.

Sí estudiamos lo que acontece en la República Dominicana en el presente marcado por la corrupción, la perdida de la identidad, la enajenación de nuestros recursos naturales, pero sobre todo el irrespeto a la constitución y las leyes, podríamos concluir en que todavía el sueño de Duarte no ha terminado de hacerse realidad y en su ejemplo de vida y proyecto de constitución están la guías para la preservación de la nación dominicana: la honestidad, la defensa de la libertad, nuestra independencia y soberanía, pero sobre todo: el respeto a la constitución y las leyes.

Para termina y para que podamos ver la vigencia del pensamiento de Juan Pablo Duarte, permítanme reseñarlo como aparece en su proyecto de constitución:

Siendo la Independencia Nacional la fuente y garantía de las libertades patrias, la ley suprema del pueblo dominicano es y será siempre su existencia política como Nación Libre e independiente de toda dominación, protectorado, intervención e influencia extranjera.

La Republica Dominicana no es ni podrá ser jamás parte integrante de ninguna otra nación, ni patrimonio de familia ni de persona alguna propia y mucho menos extraña.

El gobierno deberá ser siempre popular en cuanto a su origen, electivo en cuanto al modo de organizarse, representativo en cuanto al sistema,  republicano en cuanto a sus actos.

Todo gobernante o gobernado que contrarié la constitución, de cualquier modo que sea, se coloca ipso facto y por sí mismo fuera de la ley.

Lo que la ley no prohíbe, ninguna persona o sea o no sea autoridad, tiene derecho a prohibirle.

La ley es la que da al gobernante el derecho de mandar e impone al gobernado la obligación de obedecer.

Toda autoridad no constituida con arreglo a la ley es ilegitima  por tanto no tiene derecho alguno a gobernar ni se está en la obligación de obedecerla.

• La ley es la regla a la cual debe acomodar sus actos, así los gobernados como los gobernantes.

La ley debe ser acatada y obedecida.

Las ordenes municipales, para que tengan fuerza de ley en sus municipios, deben ser aprobadas por el Congreso Nacional.

La Religión del Estado deberá ser siempre la católica apostólica sin prejuicio de la libertad e conciencia y tolerancia de culto y de sociedades no contrarias a la moral pública y caridad evangélicas.

Los cuatro poderes del Estado deberán ser: el Poder Municipal, el Poder legislativo, el poder  judicial y el poder ejecutivo.

Después de esta lectura, creo sinceramente que las palabras sobran. Muchas Gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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