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Ramón Marrero Aristy: de la historia tradicional a la apología de Trujillo

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 I.  Ramón Marrero Aristy se destacó como historiador, novelista, funcionario y apologista de Trujillo. Como historiador es altamente conocida su obra La República Dominicana: origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América (C.T, El Caribe, 1958), en el campo de la novela resultó exitoso con “Over”(1943), la novela de la caña, y como funcionario se desempeñó con ventajas en la administración publica, siendo su biografía sobre el tirano Trujillo: síntesis de su vida y de su obra (C.T., Impresora Dominicana, 1949), su juramento público y definitivo de aceptación y fe en los designios de la dictadura.

 

 Los historiadores de la primera mitad del presente siglo tenían una concepción de la historia positivista-idealista. Esa concepción obligada a la narración de los hechos y no a su estudio científico para determinar objetivamente causas y efectos. Por esa razón, los historiadores tradicionales “no se interesaban por establecer generalizaciones y menos leyes, puesto que partían del criterio de que el hecho histórico era uno e irrepetible.  El estudio que hacían de la historia no tomaba en cuenta al hombre como ente colectivo, con sus intereses económicos, políticos y sociales y lo sustituían  por la participación de los héroes e intelectuales de la clase dominante,  porque ellos mismos, los historiadores, provenían de esa clase y no tenían interés en desentrañar la verdad histórica, sino simplemente narrar con cierta belleza y concatenación cronológica los elementos jurídicos,  militares, diplomáticos y políticos de los sucesos en los que los representantes de su clase tuvieron participación.

 Pero además, como apunta Roberto Cassá, en éstos estaba ausente todo intento de explicación histórica compleja, recurrente a los análisis de estructuras determinantes, por lo que no podían representar objetivamente los complejos procesos sociales, económicos y políticos que han conformado la realidad dominicana.

 Sin embargo, Marrero Aristy no tenía la misma procedencia de clase que los mencionados historiadores; por el contrario, el provenía de la clase media, y en un momento de su vida trabajo en ingenios azucareros de la región Este. Esta generación de la que hablamos, tenía sus más cercanas referencias filosóficas y metodológicas en la enseñanza que sobre la historia habla inculcado en el país Eugenio María de Hostos. El apóstol de la educación dominicana propugnaba por una historia moral que debía tener como objetivo el señalamiento del desarrollo orgánico, moral e intelectual a que ha llegado un pueblo cualquiera o todos los pueblos de la tierra. 

 Por otro lado, los historiadores surgidos a partir del primer cuarto del siglo xx, tuvieron la oportunidad de entrar en contacto con otras concepciones históricas, entre ellas el materialismo histórico, que le permitió en algunas ocasiones desarrollar investigaciones de cierto carácter científico, pero lamentablemente, por su vinculación con el poder y la clase dominante, se veían obligados a evadirlas, impidiendo la mayoría de las veces que  realizaran importantes aportes a la historiografía dominicana.

II. Marrero Aristy aparece en la bibliografía histórica nacional junto a Américo Lugo, Luís Padilla D´Onis, Manuel Arturo Peña Batlle, Gustavo Adolfo Mejía Ricart, y otros no menos importantes, como uno de los principales historiadores de las primeras décadas  del siglo xx. De estos, muchos se convirtieron luego, en fervientes apologistas del dictador Trujillo.

 Su condición de historiador de clase media,  no fue obstáculo para que él se integrara desde muy joven a la colaboración con la dictadura de Trujillo, inaugurada en 1930. Pero aun siendo un intelectual trujillista, se atrevió en sus escritos, como lo hizo en la novela “Over”, a plantear un conjunto de tesis históricas que lo ubicaban en el campo de la historiografía no tradicional; sin embargo, cuando escribió su más importante obra histórica, “La República Dominicana”, primaron en él intereses políticos que lo llevaron a plantearse como un historiador tradicional más y a convertir su historia en una apología  con la que buscaba explicar y justificar la tiranía a la que estaba sirviendo.

 Por esa razón es que se puede llegar a la conclusión de que Marrero Aristy aun conociendo el materialismo histórico, adoptó como historiador la concepción positivista-idealista  por conveniencia, aunque algunas veces salpicaba sus escritos con tímidos conceptos que recuerdan la concepción del materialismo histórico.  Hay que recordar desde ahora, que a finales de la década del treinta, en 1939, el país recibió una importante llegada de españoles republicanos y marxistas, lo que incidió en el estudio y conocimiento de teorías que hasta entonces habían estado vedadas para la mayoría de los dominicanos.

En el volumen I de su historia, al parecer escrita por encargo, Marrero anuncia desde el comienzo de la misma los objetivos que lo llevaron a escribirla, justificando el alejamiento de cualquier concepción prohibida por la dictadura: “Las líneas de este libro resumen algunos de los episodios más sobresalientes de la existencia de este pueblo, reseñando a manera de un reportaje, sin pretensiones eruditas y solamente con el propósito de que el lector pueda adquirir una idea general de lo que han sido y son la tierra y el pueblo dominicano.”  En ningún momento el autor se plantea o reflexiona sobre la importancia de la historia, sino que la presenta como algo puramente informativo, aunque de hecho él sabía que su relación llevaba a justificar y exaltar la existencia de Rafael L. Trujillo en la historia dominicana.

 El referido volumen se inicia con la colonización y concluye con la anexión a España en 1861, narrando los sucesos con cierta belleza literaria que hace que su libro en algunos momentos, se acerque al género de la novela histórica, muy apegada a la forma cronológica, mientras que en el volumen II presenta, en la metodología usada para exponer los hechos, una cierta simbiosis entre la concepción tradicional y la del materialismo histórico. En este narra desde la guerra restauradora hasta la caída del general Horacio Vásquez en febrero de 1930, derrocamiento que dio lugar a la dictadura trujillista. El autor va describiendo cronológicamente como quien escribe la memoria de los hechos más importantes, relacionándolos entre si, pero cayendo de nuevo en la presentación alejada de causas y efectos, sin la participación y enfrentamiento de las clases y grupos sociales: los protagonistas vuelven a ser los héroes y las personalidades de la clase dominante de cada momento.

III.  Por ejemplo, para el autor de La República Dominicana, los enfrentamientos entre el Partido Azul que lideraba Gregorio Luperón y el Partido Rojo de Buenaventura Báez, en el siglo pasado, eran por causas políticas, porque uno era liberal y nacionalismo y el otro conservador y extranjerizante, pero en ningún momento aparecen las razones económicas que los enfrentaba desde hacía muchos años.

 Y cuando trató de reseñar los cambios surgidos a partir de la labor de los gobiernos liberales generados por su política económica, sólo dedicó seis párrafos a tratar vagamente el surgimiento de la industria azucarera, lo que demuestra hasta aquí su desprecio por explicar, desde el punto de vista de la estructura económica, los cambios que se dieron en todo el período en la infraestructura de la sociedad dominicana.

 Sin embargo, finalizando el volumen II, Marrero aborda los problemas de la deuda externa y la ocupación norteamericana de 1916 sometiéndolos a un estudio económico y social. En esa parte de su libro toma en cuenta la crisis económica internacional de 1921 y sus efectos en el país; la producción de azúcar y su exportación; las importaciones; la balanza comercial; las clases sociales y su relación con los inversionistas azucareros norteamericanos; así como la participación de la intelectualidad a favor o en contra de la ocupación  norteamericana

Sin lugar a dudas, que a partir de 1900 Marrero Aristy abre las puertas a una interpretación que lo aleja de la historia positivista-idealista, viéndola ahora, no como mera narración de hechos diplomáticos, jurídicos o militares, sino que logra, con sus limitaciones, explicar las relaciones existentes para entonces entre la infraestructura y la superestructura, aunque comete algunos errores al enjuiciar el tipo de economía que existía hasta 1930. Lamentablemente no se adentró más allá, regresando a la forma de hacer la historia alejada de las concepciones científicas de la época. 
 
IV. El volumen III apuntaba de entrada a presentar la evolución de la historia dominicana a partir de la utilización del materialismo histórico y se siente la intención de alejarse del método tradicional para explicar la historia. En él intenta el historiador negar, en cierta forma, la metodología de los dos volúmenes anteriores, tratando de justificar las razones de porqué hasta ese momento se había dedicado simplemente a narrar y diciendo que a él no le “parecía prudente adentrarse demasiado en la zona del optimismo ni aventurarse a hacer pronósticos.”  Entonces se planteó hacer un “análisis retrospectivo acerca de algunos fenómenos del relato hecho hasta aquí no han sido resumidos ni clasificados para mejor comprensión del lector, en razón del mismo carácter de los sucesos históricos, forzosamente subordinada a un orden cronológico.” 

 La primera parte del tercer volumen, el cual cubre lo que se conoce como “La Era de Trujillo”, lo inicia Marrero con su bosquejo del estadio social, económico y político, intentando hacer una síntesis histórica que abarcara los dos volúmenes anteriores.

 V. En el referido volumen, Marrero abandonó la narración y la cronología y entró a plantear el proceso señalado, pero no había profundizado en sus planteamientos,  cuando ya había desviado el tema para explicar un conjunto de prejuicios de la clase dominante y de la intelectualidad contra el negro y el mulato como principales componentes étnicos del pueblo dominicano. Como se sabe, el volumen 3 de La República Dominicana, tenía por objetivo explicar y exaltar los primeros gobiernos de Trujillo, haciéndolos ver como la negación de todo lo negativo ocurrido en la historia dominicana, desde la llegada de Colón hasta la instauración del régimen truillista.

 Aprovechó el volumen para criticar a José Ramón López y Américo Lugo, con la marcada intención de justificar entre las clases pudientes el color de la piel del dictador. Sin embargo, cuando trató de expresar las razones de la matanza haitiana de 1937, terminó declarándose como un ferviente racista.  Más adelante Marrero Aristy define la sociedad dominicana como feudal, explicando que el feudalismo se había originado desde la misma etapa colonial a través del monopolio de la tierra y que con “el desarrollo de las carreteras y caminos transitables por vehículos motorizados (…) se acentuó un fenómeno cuyos efectos se proyectaban con fuerza creciente sobre las grandes masas de la población campesina: el fortalecimiento del feudalismo.”  Luego, en la página 50 y siguientes habla de propietario y plusvalía, así como del salario de los jornaleros: (…). El bajo salario se complementa con una escasa compensación en especie no regulada por ley sino por la costumbre.” Y dice además, que para 1930 la herencia feudal y la industria latifundista constituían las dos modalidades económicas preponderantes en la República, afianzadas y fortalecidas sobre el afirmado de las carreteras.”   

 Consideró como las clases principales de esa economía que llamó feudal y semi-feudal, a los “grandes señores”, “los de levitas”, los agentes y servidores de éstos, (…),  cuya variedad oscila desde el intelectual pobre y sin influencia, el burócrata o empleado civil, y el teniente aguerrido, animal de combate que sigue a su Jefe sin discusión, hasta el jornalero y el pequeño propietario rural.”  A partir de ese capítulo, se inicia la “Era de Trujillo” y la historia volvió a ser nuevamente, no ya la historia las clases, ni de los héroes sino la historia de un solo hombre, la historia de Trujillo.

 Como se puede ver en estas notas, Ramón Marrero Aristy como historiador y novelista, tuvo la oportunidad de escribir alejado del positivismo y el idealismo historicista de la época, pero su vinculación con la tiranía, sus escritos para alagar y promover al sátrapa y su vinculación como funcionario de su régimen  lo convirtió en uno más de los intelectuales creadores y propagadores de la ideología trujillista.

 

 

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