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Roberto Cassá: "Caamaño y la Batalla del Puente"

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"Todavía no está terminada de escribir la historia de la Revolución de Abril de 1965. Algunos textos, como el de Pierro Gleijeses, han hecho grandes contribuciones a su conocimiento,  pero muchas cosas de primera importancia todavía quedan desconocidas para el gran público. Uno de esos episodios es el momento en que el coronel Caamaño asume el liderazgo militar y político de la Revolución, el 27 de abril, momento en que el proceso toma sesgos distintos a los proyectados.

Para indagar sobre el particular, nos pusimos al hablar con Claudio Caamaño, primo, amigo y compañero inseparable del coronel, entonces teniente de la Policía Nacional y comprometido con el Movimiento Enriquillo,  de los militares constitucionalista. Yo no había tenido ocasión de conocer personalmente a Claudio, y desde el primer momento me impresionó su persona y la calidad honesta de su relato. Escuchar la precisa minuciosidad envuelta en sus palabras es una experiencia inolvidable, que sumerge en el pasado como ante el vértigo del abismo. Claudio me narró episodios estelares de la historia dominicana, que vivió al lado de su primo, en un tiempo mayor del que tomaron en la realidad.  Así lo hizo respecto a lo sucedido en ese memorable día, luego de su traslado desde Santiago a Santo Domingo. Dispensó conmigo su tiempo con jovial paciencia y, culminando en amaneceres, entre peces multicolores y canes bravísimos, disfrutando de jugos y panes de frutas esmeradamente preparados por su esposa, me enseñó en demasía de lo sublime de la historia dominicana.

Claudio prepara un libro de memorias sobre la Revolución, el cual me atrevo a anunciar como una obra que aportará como ninguna otra. Lo que sé que recoge es tan variado que me tomo la libertad  de ampararme por adelantado en su testimonio.
    
El primer desengaño

Cuando Claudio llegó desde Santiago, la tarde del 26 de abril, encontró que su primo Francisco se hallaba asilado en la embajada de Ecuador, sospechando una traición. Temprano al otro día se reincorporó, para verse en breve designo jefe militar constitucionalista, posiblemente por ser el único coronel, en sustitución temporal del teniente coronel Miguel A. Hernando Ramírez, aquejado de hepatitis. Al designarlo, el presidente Rafael Molina Ureña lo instruyó de concentrar todos los efectivos en el puente Duarte, a fin de resistir la esperada ofensiva de las tropas del complejo de San Isidro. Allí se dirigió, cuenta Claudio, a tomar las previsiones de lugar, viendo el inclemente bombardeo que aguantaban miles de civiles y cientos de militares. Ya había experimentado el primer desengaño con los norteamericanos al ver los intentos de su diplomático Sarkovky ante Molina Ureña.

Caamaño trataba de reunir todas las fuerzas, en estado bastante disperso, cuando fue convocado a la embajada de Estados Unidos. Allí Claudio fue testigo de su rechazo de la conminación a la rendición del embajador  Tapley Bennet. La prepotencia del diplomático lo reforzó en su determinación casi suicida a afrontar todas las consecuencias de la dignidad. Se dirigió a su puesto de mando,  acompañado de Claudio y Manuel Montes Arache, encontrando, hacia las 2 de la tarde, que las tropas del CEFA habían traspasado el puente y avanzaban por la Avenida Amado García Guerrero (hoy 27 de Febrero). Rápidamente reorganizó las tropas y arengó a la multitud de civiles a pelear, señalando que tampoco los enemigos disponían de verdaderas experiencias de combate.

Ilio Capozzi, instructor de los hombres ranas, con participación en la Segunda Guerra Mundial y en Indochina, explicó que la formación del CEFA era muy larga y frágil, por lo que Caamaño dispuso romperla en varios puntos. Al efecto, dividió la tropa en tres columnas, una al mando de Montes Arache, otra de Fabio Chestaro y la tercera de él mismo. En todas se combinaban unos pocos militares y cientos de civiles. Los oficiales que Claudio recuerda que se distinguieron en la batalla fueron, además de Caamaño y él mismo,  Montes Arache, Juan M. Lora Fernández, quien había estado al frente de la posición los días anteriores, Ilio Capozzi, Gerardo Marte, el único caído ese día. El contingente se había ido achicando a medida que se agudiza el bombardeo. Unos treinta hombres rana se mantuvieron firmes, y, a último momento, se incorporaron unos marinos que provenían de un barco anclado en el puerto y que contaban con varias ametralladoras pesadas.

Demasiado riesgoso

    A pesar de la superioridad numérica del CEFA, los constitucionalistas lograron destrozarlos, encajonando a sus restos en torno a la incineradora.  Fue entonces que se abrió la ofensiva de los tanques, a los cuales faltó infantería. Tan pronto se les dispararon varios cañonazos, los tanques rompieron la formación, siendo tomados varios de ellos incluso por civiles prácticamente desarmados. Los restos del CEFA se atrincheraron en la parte baja contigua al puente, escapando durante la noche.

Mientras tanto, la multitud, compuesta principalmente de pobres de la zona, festejaba en la oscuridad la victoria. No les preocupaba el sinnúmero de cadáveres desparramados por todas partes. En el casco colonial no se sabía nada y el desorden había cundido, temiéndose la derrota, pero la decisión de Caamaño y sus compañeros salvó la Revolución. Cuando otros se impresionaron ante las amenazas del procónsul o juzgaron inútil o demasiado riesgosa la prolongación de los combates, Caamaño potenció su determinación. Fue el héroe necesario para variar el curso de la historia, tornándose en líder de calidad inédita.

Tomado de: Roberto Cassá. "Caamaño y la Batalla del Puente". Periódico Ultima Hora,24 de abril de 1994/ www.historiadominicana.com.do


 

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