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Inicio Cultura Costumbres Orlando Objío escribe acerca del racismo entre los dominicanos: "Mulato".

Orlando Objío escribe acerca del racismo entre los dominicanos: "Mulato".

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En el Caribe el entrecruzamiento racial y cultural entre indios, blancos y negros ha dado lugar a fenómenos ideológicos complejos y fundamentales, prejuicios de supuesta superioridad/inferioridad racial son esenciales en todo el espacio caribeño, se podría afirmar que el racismo constituye el complejo ideológico predominante, el hecho histórico es que el prejuicio racial deviene en un componente esencial en estos pueblos, en los que las ideas de inferioridad/superioridad racial definen las relaciones sociales cotidianas.

 

La realidad histórica es que la explotación colonial de pueblos no blancos tuvo que justificarse con el racismo. Para el blanco, indios y negros eran seres inferiores que ellos podían explotar sin temor al castigo divino. Así las cosas, lo racial es una cuestión capital en los procesos históricos caribeños, en Haití, por ejemplo, el asunto racial es clave para entender su historia. El Caribe que resulta del proceso colonización europeo presenta un extraordinario proceso de hibridación racial y cultural, lo que ha dado lugar a la emergencia de un sujeto que no es blanco, negro ni indio: El Mulato, a partir de él se han articulado luchas sociales, políticas e ideologías racistas en la interpretación de la historia de estos pueblos. El racismo biológico se ha convertido en una filosofía de la historia. Los intelectuales se auto perciben como los portadores del saber y la verdad, son filtros, a través de ellos se expresan las diferentes ideologías epocales. La miseria que genera la explotación y la hibridación étnica es la base histórica, y a partir de ella la inteligencia caribeña convierte lo racial en una determinación esencial de sus interpretaciones de la realidad nacional de sus pueblos. Este ensayo se propone evidenciar como la intelectualidad articula esta filosofía de la historia francamente racista, para la cual nuestros pueblos son cosas, inservibles para la civilización y la democracia. 

Antonio S. Pedreira, “una de las voces mayores de la intelectualidad puertorriqueña” , escribe su afamado texto “Insularismo” , en el que analiza la realidad puertorriqueña: ¿Cómo somos?/ ¿Qué somos? El ilustre boricua traza su proyecto intelectual: “Intentamos recoger los elementos dispersos que laten en el fondo de nuestra cultura, y sorprender los puntos culminantes de nuestra psicología colectiva”/ “trataremos de poner a flote la esencia de nuestro carácter”/“construir analíticamente la armonía de nuestro carácter”/ “nuestra idiosincrasia”/ “el problema de nuestra idiosincrasia”/ “nuestra personalidad colectiva/ el carácter puertorriqueño”. Pedreira se propone “definir un conjunto de seres que todavía no ha podido delineare a gusto su vida colectiva”; esto es, intenta “definir al pueblo puertorriqueño”, la cultura puertorriqueña, “nuestra personalidad”, su objetivo es  “definir un pueblo indefinible”. La respuesta Pedreira la encuentra  “la etnología, la geografía y la historia”. Lo relativo a lo etnológico  lo establece en el “producto etnológico puertorriqueño”, tipifica tres tipos raciales: el criollo, el mulato y el grifo/ “nuestra formación racial/ composición biológica”.

Para Pedreira el boricua es un pueblo hibrido: “Somos un pueblo racialmente heterogéneo, compuesto de blancos, de negros y de mestizos”, esa es la clave para comprender el alma boricua: “un punto de partida para interpretar nuestro carácter tan mezclado y equívoco, es la variedad de reacciones que responden a secretos estímulos biológicos”. Pueblo mezclado y equívoco / psicología colectiva mezclada y equívoca: “Así, mezclada y equívoca es nuestra psicología”.

Para el ilustre boricua el mestizaje es funesto para su país: “El elemento español funda nuestro pueblo y se funde con las demás razas. De esta fusión parte nuestra confusión”, en la fusión intervienen el blanco español puro: “La raza superior que daba inteligencia y el proyecto”, “los plebeyos blancos (…) poco a poco fueron mezclándose  con la razas negra” y el negro: “la llamada raza inferior que aportaba obligatoriamente el trabajo”; estas razas tienen “fondo y disposiciones psicológicas en pugna”, de la hibridación entre estos “dos troncos primarios” surge el mestizo/el mulato, y provoca “la existencia de una guerra civil biológica en determinados miembros del árbol genealógico (el mestizo/el mulato)”:“En el fondo de nuestro pueblo encontraremos sin ardoroso empeño una pugna biológica de fuerzas disgregantes y contrarias que han retardado la formación definitiva de nuestros modos de pueblo. El señor y el peón que viven en nosotros no logran limar sus asperezas” Esta guerra que se expresará en la pelea de gallos: “En cierto modo la riña de gallos resulta aclaratoria de lo que somos”; tiene lugar en el mulato: “Lucha en el mestizo dos razas antagónicas de difícil conjugación y opuestas culturas (…) una es la superior y la otra (…) es la inferior”, colocado entre esas dos razas y culturas “el mulato será siempre elemento fronterizo, participante de ambas tendencias raciales que acrecentará más o menos de acuerdo con el tipo que escoja para un segundo enlace: el mestizo, el blanco o el negro.

El mulato, que combina en sí las dos últimas y generalmente no suele ser una cosa ni la otra, es un tipo de fondo indefinido y titubeante, que mantiene en agitación ambas tendencias antropológicas sin acabar de perfilarse socialmente. Vive del presente inmediato, defendiéndose de todos y de sí mismo, sin volcar pautas en el ambiente, (negritas nuestras, para Pedreira ambiente es igual a cultura) prudente e indeciso, como el hombre que se encuentra cogido entre dos fuegos. Necesita una mayor cantidad de reservas de una u otra raza para resolver su situación. Es hombre de grupo que colabora, que sigue y no inicia, que marcha en fila y no es puntero. Por lo general, carece de fervores para ser capitán”.

Ese entrecruzamiento entre “los plebeyos blancos” y los negros origina en Puerto Rico “uno de los magno problemas sociales”, “Somos un pueblo racialmente heterogéneo, compuesto de blancos, de negros y de mestizos”, y esto determina el alma boricua “el negro y el blanco con sus curiosos cruces posteriores darían mucho que pensar sobre nuestra inaprensible psicología colectiva” El otro punto de partida/premisa de Pedreira es la geografía/la tierra “La posición geográfica de Puerto Rico determinó el rumbo de nuestra historia y de nuestro carácter” Sobre esas bases teóricas Pedreira llega, respecto a Puerto Rico, a la misma conclusión que el pensamiento pesimista dominicano. Por último; Pedreira encuentra en su país una tragedia política: “la comunidad de intereses, de sentimientos e ideas no existe entre nosotros”, la que tendría su razón de ser en su composición biológica.

A pesar de que la historiografía nacional sostiene concluyentemente que: “en la familia dominicana desde los días de la colonia, se operó una fusión de razas. Los españoles se mezclaron con las mujeres indias y negras, y hoy los hombres de ciencia no pueden identificar a ningún dominicano que lo sea de nacimiento y origen, que sea ni blanco ni negro puro. La prueba confirmativa la da Juan Antonio Alix, el poeta popular de Santiago cuando señala que todos tenemos el negro detrás de la oreja. Había un nieto de Dr. Caminero, el prócer de 1844, que era de color negro y con los ojos verdes, que decía ante el dicho de Alix: Yo soy lo contrario, pues tengo al blanco detrás de la oreja, aludiendo a que el doctor Caminero era blanco puro pero le gustaba la carne prieta” , una interpretación histórica similar a la de Pedreira se ha hecho en nuestro país.

El descubrimiento de América fue un encuentro de etnias y culturas en una geografía nueva y lejana para europeos y negros, estos junto a indios iniciaron un proceso de constitución de una nueva sociedad: La sociedad criolla, la que es el resultado de un extraordinario proceso de hibridación étnica/racial y cultural de pueblos negros, europeos -en nuestro caso fundamentalmente español- y aborígenes. Documentos de la época colonial revelan evidencias de que  la mezcla/hibridación de estos pueblos, razas y culturas se inició de inmediato, en el comienzo mismo de la colonia, Aquí, en La Española, las relaciones sexuales entre españoles e indias fue rápido, abundante y violento, lo que abrió un galopante mestizaje: “El mestizaje es la característica principal de la cultura dominicana. Cuando llegan los españoles en 1492 ya había sociedades mestizas en la isla” . El intercambio sexual entre españoles e indios comenzó temprano, con el mismo Fuerte de la Navidad, lo que permite sostener que “no es obra de la imaginación hablar de mestizaje desde los inicios del año 1494” .

Con la llegada del negro se generalizan las relaciones sexuales entre las etnias presentes en la sociedad colonial (blancos, negros e indios), juntas en un mismo escenario estas tres etnias se inicia el proceso de criollización, consistente en la creación de una sociedad y cultura síntesis de esos pueblos: La sociedad criolla colonial, primer momento histórico del proceso de hibridación racial/cultural. En el marco de esa sociedad se pasó de una economía minera a una cañera y de esta a otra ganadera, esta última es conocida como “La Sociedad Hatera”; ya para este momento el indio había prácticamente desaparecido y el intercambio biológico tenía lugar principalmente entre negros y blancos provocando que demográficamente el mulato se convierta en el tipo racial poblacionalmente mayoritario, esta nueva composición racial de la población se convierte en el elemento fundamental de la criollización. Ciertamente: “La mulatidad es un índice de mezcla racial que revela el abandono de prejuicios sexuales, y por lo tanto, mezcla obligada de elementos africanos y españoles” , la mezcla fue tan profusa que: “la población de la colonia española de la isla de Santo Domingo desde la segunda mitad del siglo XVII era mayoritariamente combinada, esto es, mezclada, híbrida, más exactamente mulata” . No cabe la menor duda de que para mediados del siglo XVIII el mulato formaba la mayoría poblacional, esto lo confirma un viajero que en 1783 visitó la colonia española, nos dice que: “Es rigurosamente cierto que la gran mayoría de los colonos españoles son mestizos, que tienen todavía más de un rasgo africano” . La colonia define un contexto racial complejo, en ella se concretiza la criollización, pero este proceso tiene lugar en presencia de prejuicios raciales: blanco considera inferiores a indios, mestizos, negros y mulatos. El mulato, por su parte, despreciará al negro, padecerá de negro fobia, o blanco filia que para el caso es lo mismo. Este prejuicio es tan fuerte que se le estima como “uno de los rasgos de la identidad dominicana es, precisamente la negación de lo negro” .

Ese es el marco socio-histórico para que la cuestión de la identidad del dominicano sea uno de los ejes predominante en la producción intelectual nacional. En este asunto lo relativo a la configuración étnica/racial del pueblo juega un interesante papel ideológico. Nuestro armazón mental dominante está signado por la hispanofilia, el racismo, el antihaitianismo, el cristianismo, el pesimismo y el anticomunismo, son estas las ideologías fundamentales del pensamiento social dominicano. En la socialización  de estas valoraciones los intelectuales son imprescindibles, ellos son los trabajadores de las ideas. En ese contexto mental “La Cuestión Mulata” constituye uno de los tópicos claves. De lo que se trata es de la composición racial del pueblo, la que es producto de un intenso mestizaje que se inicia con el descubrimiento.

A finales del siglo XIX Hostos, desde una perspectiva racista, describe el fenómeno del mestizaje/hibridación racial cultural que tenía lugar en nuestro país en los siguientes términos: “se presentan a la vista las representaciones vivientes de un pueblo sin tipo étnico definido y sin tipo de civilización determinada, que trata de romper, y está rompiendo, el molde de las organizaciones inferiores para amoldarse a modelos superiores.

Todas las variedades del cruzamiento del entre el etiope y el caucásico, juntas a los representantes más bellos de la familia caucásica y a los más feos de la familia etiópica; todas las ingenuas alegrías de la gente primitiva, que ni en las Antillas, ni en la Hortensia fue nunca feroz, son, al contrario, dulce, ingenua y halagüeña; todos los matices de la inteligencia, así la que sutil como la que es capaz de celebrar la sutileza; todas las exterioridades de todas las formas de cultura; la del bárbaro, que empieza a vestir su desnudez a la vista con colorines; la del semibárbaro, que completa su vestidura con su armamento, y que en calles, como en caminos, anda armado de todas las armas, con machete, revólver, cuchillo y a veces fusil; la del semicivilizado, que no atina a adecuar el traje a la persona y concluye por parecer mono vestido, antes que vestido para ser mono, la del civilizado o imitador de los civilizados, que con su persona contrasta casi tanto como en su actitud t en el género reservado de la alegría con la muchedumbre circunstante” . Esta descripción del dominicano puede considerarse como la premisa de la ideología de los sectores dominantes nacionales: El Pesimismo. Este constituye una filosofía de la historia dominicana, la que es siempre una ideología. La fundamentación teórica del pesimismo reside en la infravaloración histórico-social, política, intelectual, étnica y ética más absoluta sobre el pueblo dominicano.

Ahora bien, aquí hay que aclarar que Hostos no fue el creador del pesimismo dominicano, de esta ideología o filosofía de la historia nacional. Procede la aclaración, por cuanto se ha intentado responsabilizar a Hostos de la emergencia de pesimismo dominicano. Francisco Antonio Avelino (Tony) aclara el asunto: “El criterio minusvalorizador del dominicano que domina todo el pensamiento de la escuela del despotismo ilustrado se encontraba ya formulado por los redactores del informe hecho por la comisión encargada de redactar el programa de constitución (…) en el 1844” . Esa ideología se convirtió en parte del proyecto político de las élites nacionales: “posteriormente esos criterios de interpretación se convirtieron en las ideas fuerza en la ideología de escuela del despotismo ilustrado” .

Tony Avelino, especialista en historia del pensamiento social dominicano y universal, ha dedicado un ingente esfuerzo intelectual a la interpretación del pensamiento de Hostos, al respecto ha publicado cinco ensayos. Él entiende que “es imposible entender las ideas básicas de la ideología de la clase dominante dominicana, sin tener en cuenta la visión y la apreciación de Hostos de la realidad social dominicana” . Para Avelino algunos de los temas planteados por el señor Hostos son “imprescindibles para comprender la ideología de nuestras clases dominantes” . Demuestra Hostos no creó esas ideas básicas, sino que las encontró “de manera difusa en las ideas y criterios aceptados como verdades de sabiduría popular por la inteligencia de la época” . “Hostos encuentra estos juicios de valor como dogmas de interpretación en los reducidos círculos intelectuales del país. Se los apropió y desarrolló dándoles mayor sistematicidad y generalidad en enfoque” . Avelino expone la tesis de que en la visión hostosiana de la sociedad dominicana hay una íntima relación entre pesimismo y despotismo, para él en esa visión está “el punto de partida de las interpretaciones históricas pesimista de los doctrinarios del despotismo ilustrado dominicano”.  (Antonio Avelino, Contribución al estudio del pensamiento social de Eugenio María de Hostos, en “Reflexiones Sobre Algunas Cumbres del Pasado Ideológico Dominicano” . Esto nos permite entender porque Los discípulos de Hostos, los que continuaron su credo filosófico “dieron sustancia ideológica al régimen de Rafael Trujillo” .

Ese enfoque, el pesimismo, se hereda y sistematiza en otros intelectuales dominicanos, ellos son fundamentales en la difusión y sistematización del racismo biológico como base teórica para la interpretación del proceso histórico dominicano, se apoyan en la hibridación racial donde, según ese punto de vista analizado, reside el eje esencial de nuestra historia social y política. Los continuadores y sistematizadores de esta filosofía de la historia dominicana son: José Ramón López, Américo Lugo, Francisco Moscoso Puello, y Pedro Andrés Pérez Cabral.

José Ramón López, en su texto “La Paz en La República Dominicana”, retoma la problemática de la valoración del pueblo dominicano en función de la étnico, se pregunta: ¿Quiénes somos étnica y moralmente? Étnicamente, López distingue tres componentes básicos del pueblo: el indio, el blanco español y el negro africano, y su evaluación étnica de cada uno de ellos es la siguiente: El Indio: Esta es una etnia doblemente, social e intelectualmente, inferior: “La población que encontraron en la isla los descubridores era mentalmente de una inferioridad desesperante”, “el indio quisqueyano era de tipo dolicocéfalo; pero con tan poca cavidad craneal que no era mucho mayor que la de un perro grande”. En el plano social el indio vivía en “un estado social rudimentario, absolutamente primitivo, en el cual la vida no contaba con el esfuerzo inteligente y sistemático del hombre, sino con los medios que espontáneamente proporcionaba la naturaleza”. La conclusión de López es que: “De esa raza nada, o muy poco, había que esperar para el progreso”. De nuestras raíces españolas López pensaba que: “El español que vino a Santo Domingo no era del tipo que nos pintaron Calderón y Lope de Vega, hidalgo rancio, florecimiento de virtudes manchadas tan sólo por el predominio de las ideas de violencia, de la razón de la espada y del orgullo satánico.

Principalmente era, salvo las honrosísimas excepciones que registra la Historia, el soldado ignorante y el vicioso holgazán licenciado del presidio. Gobierno para él, era orden arbitraria a la cual había que obedecer ciegamente. La riqueza se obtenía peleando y conquistando, que eso del trabajo era para el siervo, así como el comercio era para el judío que acababa de ser expulsado de la Península. El hombre en sí nada y nadie era. Derecho y grandeza los que confiriera el rey”. En síntesis el blanco fue para nosotros “un elemento poco eficaz sociológica y económicamente considerado”

Y, sobre el negro decía: “El negro traído de la costa occidental de África en la sentina de los buques que hacían la trata, era mimbro de tribus salvajes, absolutamente ignorante, incapaz de comprender una organización social elevada y de sostenerla así que era incorporado a ella La idea de la justicia estaba aún amorfa en su cerebro. La de libertadora una niebla. La económica no pasaba de proveer al propio consumo quitándole en el combate al vecino lo que éste hubiera producido. Su religión no respondía a una finalidad social estimable, pues no era un código de Moral, por lo menos como lo entendemos ahora, sino un estúpi8do fetichismo que aspiraba a recabar extranaturalmente ventajas ilícitas a favor del profesante contra los demás hombres” .

Este enfoque se convierte en la ideología dominante, Federico García Godoy sostiene que en lo étnico está la causa fundamental de nuestro proceso histórico: “En el hibridismo de nuestra sangre, principalmente reside el veneno cuya persistente acción, aún no modificada o extinguida por la irrupción de otros factores étnicos nos impulsa a tales barbaries”, la barbarie a que se refiere es la anarquía caudillista.

Moscoso Puello, que dice escribir con la intención de decir lo suficiente para que el lector se haga una idea del país, se vale del género epistolar para escribir, entre 1913-1935, sus famosas “Cartas a Evelina”, un texto en el que presenta la psicología y personalidad del pueblo dominicano, el modo de ser y los procedimientos de este dichoso pueblo, el momento psicológico de mis compatriotas, porque, según él: “No se ha hecho un estudio psicológico del pueblo dominicano”. Moscoso Puello parte de la premisa de que  este es “un país desgraciado, infeliz, sin razón de ser”, un país con “anemia intelectual”, donde “las cabezas vacías (…) se suelen contar por millares”, piensan sin el mayor esfuerzo, donde la razón vive un “largo exilio”. Para él, el dominicano es un vicioso, holgazán, fieles a nuestras tradiciones, seres primitivos-antropófagos: “todos casi comemos gente”, cultiva el valor: la república es un Cuartel General: la de las armas es la más brillante, fácil y lucrativa de todas las carreras,

El análisis de Moscoso Puello contiene una paradoja, está consciente que tenemos un origen indo-español y africano; sin embargo sostiene que somos un país de blancos con mayoría mulata: “los dominicanos somos constitucionalmente blancos”, pero “los habitantes de la República Dominicana, somos en su mayoría mulatos, mulatos tropicales que es un tipo singular de la especie humana. Es un producto especial de estas latitudes, que se ha originado por la circunstancia de un sin número de factores (…) Como los frutos del trópico, el aguacate, el zapote, el plátano y la piña, se produce en gran abundancia y para conocerlo bien hay que venir a verlo aquí”. Moscoso Puello reconoce que: “los habitantes de la República Dominicana, somos en su mayoría mulatos, mulatos tropicales que es un tipo singular de la especie humana. Es un producto especial de estas latitudes, que se ha originado por la concurrencia de un sin número de factores…”. Para él ese Hombre Tropical/Mulato Tropical “una variedad humana especial” es una verdadera nulidad humana: “una variedad humana especial. Turbulento y haragán, casi no sirve para nada. En ocasiones es un verdadero estorbo, Y es además, un cofre de vicios. Bailar, jugar y emborracharse y robar son sus cualidades características. Es un hombre primitivo todavía. Vive distanciado de toda idea elevada. Entregado a pasiones muy bajas. Dotado de una incomprensión rudimentaria, parece tener muy insignificante del valor de la vida. Nada le entusiasmo, ni nada le estimula. Sólo vive para el amor y la ratería. Tiene muchas características del mono, su compatriota más distinguido. Su falta de patriotismo es notoria”.

Américo Lugo sistematiza este pensamiento, aborda el análisis del pueblo, su enfoque es una interesante síntesis del positivismo hostosiano y del pesimismo. Para Lugo serán factores étnicos,   geográficos e históricos los que justificarán su propuesta. En lo étnico constata el mestizaje: “El pueblo dominicano es tan mezclado” que el mulato es la variedad predominante: “constituye hoy el elemento criollo por excelencia” . Si la antropología estima que el mestizaje es un factor positivo, en el caso particular dominicano, Lugo entenderá que: “El pueblo dominicano es tan mezclado como los pueblos que mas han figurado en la historia; pero es de dudarse que saque verdaderos a los antropólogos cuando afirman que cuanto mas mezclado es un pueblo, tanto mas fecundo y apto es para la civilización”. Esta es la idea de que el mestizaje entre indios, blancos y negros produjo, en el caso dominicano, un producto biológico inferior. En estos términos, Moscoso Puello plantea que: “La mezcla de estas razas ha dado origen al mestizo dominicano, que es un tipo inferior, por lo regular, en el cual se encuentran las características de la raza blanca y de la negra frecuentemente neutralizadas. Santo Domingo es el país del globo en que mejor se puede hacer un estudio del valor del mestizaje”. Ese mestizaje constituye “una barbaridad biológica” que “De todos modos (…) ha perjudicado de una manera considerable a este país. Constituido en su mayoría, por este tipo de hombres”.

Ahí, en la condición étnica del pueblo, radica, según estos teóricos, el aspecto principal de la incapacidad política para “organizar con él una nación”, ya que “predominan en él elementos de una raza que ha mostrado en la historia muy poca actitud política”. Para ellos los procesos sociales, económicos y políticos del país “se explican instantáneamente” por el mestizaje. Para superar la situación se plantearon que al pueblo dominicano hay que introducirle elementos étnicos superiores, vía la inmigración de blancos: “hay que transfundirle nueva sangre”. “La inmigración tiene aquí la importancia de los cimientos en el edificio”. En otras palabras lo racial constituye el factor decisivo de nuestra incultura política, y esta,  a su vez,  la clave que imposibilita el surgimiento de la nación: “La falta de cultura política del pueblo no le permitido hasta hoy transformarse en nación”. En lo físico – geográfico, el país “ocupa un territorio insular, factores adversos son el clima y la fertilidad del suelo, “El sol tropical es generador de pereza”, “El clima enerva; la fertilidad hace inútil el esfuerzo”.

El pueblo dominicano, analizado por Lugo, desde el ángulo socio – histórico, deviene en lo siguiente: “El pueblo es un montón informe”, para él, el pueblo es “Esa masa caótica de crímenes y de sangre”. La sociedad dominicana está estratificada en dos clases, sociedad de primera, la clase elevada: “son los ricos, los gobernantes mientras gobiernan, los hombres muy instruidos, los profesionales sobresalientes”, son la minoría. La otra, es la sociedad de segunda, la clase inferior, son la mayoría, “la mayor parte de los dominicanos son seres enfermos, inficionados de vicios morales o de ilusiones que falsean completamente su esfuerzo intelectual”, “esta clase y la de los agricultores, nunca deberían ser clases gobernantes sino gobernadas”.

Es un pueblo donde todas las condiciones son adversas al ordenamiento democrático, especialmente el medio social, “un pueblo que ha vivido en la atmósfera de la inmoralidad publica y la injusticia, que esta inficionado de vicios, de errores fundamentales, que no conoce más prácticas gubernativas que las que en estas tierra han podido perdurar, las de la tiranía; que esta revuelto siempre por ideas subversivas contra el orden gubernativo instituido, sea este bueno o malo, poco importa; queréis que un pueblo semejante, que carece en absoluto de tradición aprovechable y de educación se convierta de un día a otro, surgiendo de la noche de los horrores todo estropeado, harapiento, hambriento, con el rostro pálido y demacrado a la mañana deliciosa de un despertar inesperado, se convierta, lo repetimos, en un pueblo adulto, robusto y sano, lleno de vigor moral, con ideas justas, con nobles propósitos, con hábitos sociales y políticos que le permitan dar en su nuevo genero de vida la misma notación de los pueblos que como Suiza, Inglaterra y los Estados Unidos de América, no solo necesitaron siglos para llegar ahí, sino que contaban con elementos étnicos superiores por una preparación y una adaptación lenta y natural al medio geográfico y al medio internacional”.

Un pueblo semejante, con “absoluta falta de conciencia nacional”, no constituye una nación y tiene muy poca aptitud política, ese pueblo es incapaz de gobernarse, carece en absoluto de tradición aprovechable y de educación, grande debió ser la incapacidad para el Estado del pueblo que soportó durante un cuarto de siglo yugo tan ambicioso como el haitiano. Es un pueblo que con sus actuales defectos de ningún modo puede servir para a formación de un Estado. En ese contexto socio – histórico no hay Nación ni Estado, el Estado dominicano no nació viable. Murió asfixiado en la cuna. No existe la nación “porque no tiene la conciencia de la comunidad que constituye, porque su actividad no se ha generalizado bastante. No siendo una nación, el Estado que pretende representarlo no es un verdadero Estado”.

Si no hay nación: “No hay Estado, aunque se proclame, se establezca y se organice, el pueblo no logra constituirlo, porque el Estado dominicano es el reflejo de la mudable voluntad de las masas populares, de ningún modo la expresión de una volunta pública que aquí no existe”. En síntesis, las causas de la incapacidad política del pueblo radican en el territorio, el clima, la alimentación, el mestizaje, y la falta de cultura política: “Por la posesión de un territorio demasiado fértil bajo un clima tórrido, la deficiencia de la alimentación, la mezcla excesiva de sangre africana, y la falta de cultura, el pueblo dominicano tiene muy poca aptitud política.”Las interrogantes que racionalmente se desprende de este discurso positivista-pesimista son: ¿Qué valor tiene, desde el punto de vista del derecho publico moderno, este pequeño Estado dominicano? Ninguno. ¿Bajo  que forma de gobierno gobernar a este pueblo? La respuesta es elaborada por Américo Lugo, quien mejor perfila el planteamiento del Despotismo Ilustrado/Dictadura Tutelar de los Intelectuales: “…el pueblo dominicano, en su estado actual, no puede ser gobernado en el verdadero sentido de esta palabra”, “no se pude gobernar a un pueblo que no tiene conciencia de nación. este se titula soberano y no es sino un esclavo: su gobierno se titula Estado y no puede ser por fuerza sino un déspota”. (Cursivas Nuestras) Coherente con sus ideas políticas, las reitera en 1916, cuando en carta a Horacio Vásquez sostiene: “Hasta ahora me ha parecido punto menos que imposible el gobernarnos sin tiranía o despotismo”.

Entonces: ¿Quién debe  dirigir el proceso? El arielismo formalizó un marco de pensamiento en el cual la minoría ilustrada asume la condición dirigente de las masas ignaras. Ariel representa a la inteligencia que debe guiar a su pueblo al progreso. En nuestro país esa ideología fue asumida por la élite intelectual. López precede en el planteamiento: “El pueblo ha sido reducido a la impotencia para realizar las verdaderas reformas a que aspira. Los dirigentes, la autoridad, los vencedores, los letrados estipendiarios son quienes deben tomar la iniciativa, porque este mal que persevera desde ha cuatro centurias no puede ser extirpado sino viniendo la redención de arriba para abajo, naciendo en las cabezas que  aún tienen capacidad para pensar bien y extendiéndose como las raíces del cupei, desde la alto hasta alcanzar la capa de la tierra” .

Para Lugo, por su parte, los intelectuales, “la minoría ilustrada”, “esa, suerte de aristocracia transitoria”, deben responsabilizarse de la dirección del proceso de constitución del estado-nación, ya que, si bien; no hay Estado, el pueblo está en vísperas de formarlo, va a formarlo, pero, si la clase de segunda nunca debe gobernar, entonces, toca a la minoría dirigir bajo el despotismo ilustrado. Los  letrados,  el más noble elemento del pueblo que: “forma un embrión de Estado, debe constituirse en partido político, no para gobernar a las masas, sino con el propósito de educarlas y suplir, la de otro modo inevitable intervención extranjera”. ¿Cómo tendría que gobernar ese partido de la minoría? Con leyes de carácter tutelar el gobierno de la ciudad letrada se dedicaría a preparar al dominicano “para el ejercicio por ahora imposible del gobierno republicano, democráticos y representativo, a fin de ir realizando poco a poco este ideal de nuestra constitución”. El primer paso: “Para que se lograse el Estado Dominicano habría que principiar por fundar un partido político, de amplia base, de claros y sencillos principios, cuyo objetivo fuese, no tanto el gobierno, cosa inasequible por mediata y condicional, sino el desarrollo de la deficientísima capacidad política del pueblo, cosa inmediata y esencial”.

Entiende Lugo que: “Nos falta despertar en el pueblo la conciencia de la unidad, unificar su voluntad y personificar en el Estado esa conciencia y esa voluntad. El hombre de Estado que consiga eso, habrá creado la nació. A ese magno ideal tienden mis esfuerzos por formar entre nosotros una conciencia histórica”. Luego, gobernaría “menos para aspirar a gobernar las masas que con el propósito de educarlas y suplir de otro modo inevitable la intervención extranjera.” Así, el objeto de este partido no sería gobernar, sino “preparar al dominicano para el ejercicio por ahora imposible del gobierno republicano, democrático, y representativo, a fin de ir realizando poco a poco este ideal de nuestra constitución” .

Esa desvalorización radical, absoluta del pueblo dominicano que elabora el  pesimismo se entronca con el arielismo, y ambos devienen en el par ideológico básico, que  convertido en la cosmovisión predominante en la intelectualidad de la época, servirá de sostén en su integración a la Era de Trujillo. Ellos serán los Salomones  del régimen, utilizados en la generación de la ideología trujillista. Así, con los intelectuales a la disposición del déspota, se articula una  nueva racionalización del autoritarismo. La intelectualidad trujillista  elaborará un marco de pensamiento en el que, primero, se refutará la tesis central del pesimismo sobre la inexistencia de la nación y del Estado, y, en segundo lugar, se estructuran nuevas justificaciones sobre la necesidad histórica de un orden estatal despótico, en las que pesimismo, arielismo , hispanofilia, cristianismo, anticomunismo, antihaitianismo,  divinización del jefe e historia servirán de fundamentos ideológico, con dicha integración la dictadura adquirió un barniz de ilustrada.  En cuanto a lo primero, el trujillismo, desde 1930, frente al discurso negador de la existencia de la nación y del Estado, representó un optimismo. Se afirma la existencia de ambas realidades, y Trujillo será su constructor.

Pedro Andrés Pérez Cabral escribe su famoso texto “La Comunidad Mulata”, su punto de partida es la realidad étnica nacional/la verdad étnica de los países que: “el mulato mayoritario domina política y demográficamente la escena dominicana”. El país presenta una llamativa peculiaridad: “Ninguna de las islas antillanas, ninguna de las regiones de la tierra firme americana ha ofrecido el espectáculo de la libre mezcla de blancos y negros, sin cortapisas restrictivas de importancia y sin otra variedad de mestizaje, propia de (…) la República Dominicana” . Este fenómeno “constituye el signo supremo de la historia antillana”. Esto nos convierte en un “conglomerado original”, en “la única nación mulata del mundo”. “El pueblo dominicano constituye la única comunidad mulata  entre las sociedades políticas organizadas del orbe. El mulato, abrumadoramente dominante en todos los sectores y clases, forma la gran masa de la población” .  Para Pérez Cabral “el mulato constituye una categoría racial distinta”, según él: “Tal población tiene…su manera específica de obrar, de reaccionar, de comportarse, de ofender, de defenderse, de atravesar las crisis sociales, de descomponerse”, esto es, el mulato presenta una biotecnia especial, o sea que le corresponde una determinada formación sicológica, a partir de estas premisas Pérez Cabral se dedica al estudio de “la cuestión mulata dominicana”, de aquello que él denomina “la sicosocilogía mulata”.

Desde esta visión entre comunidad mulata y dictadura existe un nexo necesario: “Son los pueblos, en síntesis, los que fijan los límites del despotismo. Los grandes estragos de la crisis sociales tienen lugar en las comunidades deleznables” . Ahora bien, sucede que frente a las crisis despóticas esta formación-comunidad mulata dominicana tiene una conducta excepcional, una conducta colectiva impropia: la defensa abierta: “La comunidad dominicana ha realizado generalmente una defensa abierta (…) ha sido (…) una defensa utilitarista” . En el país: “El proceso de defensa abierta ha tenido lugar de forma progresivamente acentuada en el curso histórico de la comunidad” . ¿Qué es la defensa abierta? “En este caso el conglomerado halaga y se congracia con el régimen tiránico con su figura primordial. Lo que ocurre, desde luego, es la instauración de una defensa que tiende a la congratulación y el ditirambo a favor del agente despótico. Se le adula para que no pegue. Semejante conducta revela notoriamente la disposición colectiva de ofrendar el sacrificio de la porción subjetiva de la colectividad a cambio de la presunta conservación de la integridad física de la misma. Es una defensa ominosa que desenfrena una carrera hacia la perversión y la corrupción de parte de todos los componentes del conglomerado (…) El conglomerado se sumerge en una odiosa y repugnante pugna de ditirambos y abyecciones. Del simple propósito de la conservación corporal, de la supervivencia se pasa insensiblemente al propósito de progresar utilitariamente por el camino de la intensificación de la práctica aduladora (…) la iniciativa servil no sólo inmuniza y resguarda, sino que también es útil, indispensable realmente para obtener mejoras materiales personales” . “La sociedad no sólo se defiende mal, sino que abre también sus tejidos y membranas para ofrecer al agresor implacable y totalitario sus básicos pilares de sostenimiento y reserva. Tal abertura forma parte de la defensa equivocada y utilitarista, inadecuada y condenable” .  Esa comunidad mulata “no ha podido defenderse por estar constitutivamente incapacitada para asumir otra forma de defensa colectiva” . En síntesis “la sociedad practica una política suicida” .

Para el autor somos una comunidad deleznable, un país putrefacto. La comunidad mulata, República Dominicana, tiene una sico-sociología mulata, cuyos elementos son la blanco filia, la negro fobia, la haitiano fobia, el anexionismo, falta de conciencia patriótica, la defensa abierta y el servilismo, todo ello nos hace una comunidad deleznable. En la relativo al anexionismo Pérez Cabral sintetiza la historia dominicana y la ve dominada por una “tendencia subyacente de floración periódica hacia la sumisión colonial”, entiende que entre los dominicanos se ha hecho crónico “el espíritu de supeditación y dependencia”. Un pueblo de mentalidad, actitud colonial en el que: “los verdaderos líderes populares que arrastran a las grandes masas nativas fueron los más brutales y descarnados anexionistas (Santana, Báez, etc.). Ante los ojos del pueblo desprovisto de conciencia nacional y presa del pavor de Haití el anexionismo no constituía pecado público ni político (…) Ningún conglomerado americano ha conocido tan horrorosos crímenes de lesa patria ni guarda en su anales máculas tan repugnantes” . Pueblo de espíritu anexionista que “Si carecía de conciencia patriótica mal habría de tener conciencia política” .

Se nos pinta como una comunidad mulata sin conciencia nacionalista y anexionista: “Los dos brotes autonomistas de 1844 y 1863 se debieron más a la decepción nativa ante el mal gobierno de haitianos y españoles que a la existencia de una verdadera conciencia nacional” .  En nuestro caso el nacionalismo es una postura de minoría: “Una subminoría, homeopática, cobró apariencia ostensible en los momentos en que la apatía o el desinterés o la debilidad metropolitana se hizo patente. Así aconteció cuando Nuñez de Cáceres y su grupo burocrático frente a La España Boba; cuando Sánchez y su grupo febrerita ante la reducción del poder haitiano en La Reforma se 1843; cuando Luperón y sus amigos ante la infructuosa búsqueda de metrópolis después de la desocupación española; cuando Américo Lugo y sus cofirmantes ante la ocupación yanqui de 1916 a 1924” . Pueblo artificial que no logra convertirse en nación, con una herencia colonial: “Entre las cualidades coloniales permanentes se cuentan la inflamada tendencia a la dependencia metropolitana, a ausencia de aspiraciones autónomas, el retardo de los signos evolutivos. Entre los factores básicos de la nacionalidad que están ausentes se enumeran: la falta absoluta de una conciencia nacional, la inexistencia de una minoría progresista cuantitativamente eficaz, la ausencia de dignidad nacional” . Así las cosas: “En ningún momento del necesariamente inorgánico proceso nacional existió lo que pudiera tenerse como bosquejo o embrión de modalidad colectiva (…) el artificio social dominicano fue apenas una silueta impotente” . “un pueblo estructurado artificiosamente en la vía de la organización social, a contrapelo de las condiciones históricas, geográficas y políticas, precariamente constituido en razón de una composición étnica de muy difícil estabilización sicosociológica” . Es un pueblo con un “trauma crónico que impide la integración de los factores básicos de la nacionalidad” .

Y, cual médico el señor Pérez Cabral diagnostica que: “Tal es el estado actual de la colectividad dominicana: un conglomerado disuelto que contiene  dentro de descomposición el retoño germinal capaz iniciar la reconstitución social, siempre y cuando disponga de las condiciones ambientales indispensables luego de la eliminación de sus propias excreciones destructivas. Esta eliminación saludable, de índole terapéutica, implica, por razones obvias, el desencadenamiento de la revolución, sea inmediatamente, ora al cabo de un período reactivador de carácter prerrevolucionario(…) implica, por razones obvias, el desencadenamiento de la revolución, sea inmediatamente, ora al cabo de un período reactivador de carácter prerrevolucionario” , entiende que “la etapa trujillista y su actual secuela neotrujillista deben ser sustituidas, a la mayor brevedad posible, por un régimen de igual intensidad pero de sentido contrario” . Para alcanzar ese régimen nuevo habría que hacer la revolución, llevada a cabo por una selecta minoría.

En efecto, Pérez Cabral parte de una particular concepción de la historia, según su punto de vista la lucha social tiene lugar entre dos minorías: “la historia nos aparece, dentro del cauce de las luchas sociales, como la contrapartida de minorías técnicas”, las denomina: la minoría opresora y la minoría insurgente (liberadora, revolucionaria o simplemente transformadora). Desde esta perspectiva: “Los cambios sociales de trascendencia son el resultado inmediato  o mediato de la acción de las minorías eficaces. Esta es una de las lecciones incontrovertibles de la historia” . Por lo tanto: “En tanto no se produzca en el seno de la comunidad la formación de una minoría motorizadora, la sociedad urgida de cambios fundamentales, profundos, se debatirá (…) en la agudización del subdesarrollo múltiple, en el estado de parálisis social, en el circulo vicioso de la falta de impulso progresista o en el desorden bullicioso y anárquico característico de los estadios sociales de dinamismo insuficiente” . Este es “un problema sustancial”, “constituye un verdadero freno”, “es una condición sine qua non” del proceso revolucionario. La formación de esta minoría revolucionaria “forma parte del cuadro general de la llamadas condiciones objetivas a que alude la dialéctica materialista”. “Tal es la piedra angular de la fase inicial, decisiva, del proceso de transformación socio-política”.

El racismo constituye un componente fundamental de la ideología dominante en el país, sirvió para justificar la explotación del indio y del negro durante la colonia, en este contexto histórico el blanco justificó su dominio en la inferioridad racial de negros e indios. Basados en el hibridismo racial, esto es, en la libre mezcla de blancos, indios y negros que provoca el mestizaje mulato, Lugo y Pérez Cabral postulan una interpretación socio-histórica negativa sobre el pueblo dominicano. Ambos parten del punto de vista de la formación étnica del pueblo, caracterizado por el predomino demográfico del mulato; lo que ha provocado que seamos una comunidad mulata. La consecuencia histórica del hibridismo racial, según el pesimismo, para Lugo será la inexistencia de la nación y la inviabilidad del estado. Para Pérez Cabral la disolución ética y nacional. Se trata de una interpretación francamente racista y denigrante del pueblo. El peligro político de este enfoque reside en el hecho de que se pasa a considerar necesario un régimen de fuerza, dirigido por una minoría, como motor de la historia. En el plano de la lucha política sería incorrecto plantearse la táctica y la estrategia basados en Lugo o en Pérez Cabral, tenemos en este plano que recuperar a Juan Pablo Duarte, quien, en la lucha por la liberación nacional, se encontró con la dificultad de que los negros que habían obtenido la libertad como resultado de la ocupación haitiana se mostraban remisos en el apoyo al movimiento independentista o de separación de Haití, este fue el caso de José Joaquín Puello y sus hermanos quienes decidieron sumarse a los Trinitarios cuando recibieron garantías de que fundada lanuela república no se restablecería la esclavitud. Y, también fue el caso de “un importante grupo de familias negras habitantes de la zona de Santa María, en San Cristóbal, que se negaron a apoyar al naciente gobierno dominicano en la organización del primer ejército nacional, resistiéndose a dejarse reclutar como soldados. Para someter a estos “dominicanos rebeldes” y obligarlos a apoyar la independencia, fue necesario enviar tropas bajo el mando del General  Felipe Alfau a Santa María” . La actitud de los negros es comprensible dado que Los Trinitarios fueron presentados como racistas esclavistas, Duarte para contrarrestar la propaganda adversa planteó claramente la unidad político-racial del pueblo, superando todo vestigio de racismo: “Los blancos, morenos/cobrizos, cruzados/marchando serenos/unidos y osados/la patria salvemos/de viles tiranos/y al mundo mostremos/que somos hermanos”.

La corriente del pensamiento social dominicano denominada pesimismo es esencialmente una visión infravaloradora de las condiciones sociales, étnicas, éticas e intelectuales de nuestro pueblo. Para esta ideología somos un pueblo inficionado de vicios y lacras, en el que, por lo tanto, nación y estado democrático nacieron inviables, desde esta perspectiva carecemos de aptitud para la vida civilizada. El pesimismo acentúa los factores biológicos/étnicos, históricos y geográficos como elementos explicativos fundamentales de su interpretación socio-histórica y postula por un poder político autoritario como forma de gobierno para el pueblo dominicano: He ahí su peligro político.

Nuestro país es una confirmación de la tesis científica de que la raza es una función de la cultura, entre nosotros la cultura ha dado lugar a una institucionalización de una falsa identidad racial. Un observador atento de la estructura racial de la población dominicana fácilmente advierte una clara y dominante tendencia hacia la mulatización general de la sociedad, proceso iniciado con el descubrimiento y colonización de la isla. Sin embargo; la documentación oficial y la cultura pretenden ocultar la realidad, así, conforme a datos que se desprenden del actual padrón electoral el 82% de la población dominicana se considera “India”, el 4% negra, el 8% blanca y sólo el 2% se reconoció mulata. El 4% restante no se identificó racialmente. Estos datos revelan tres puntos, primero, que la gran mayoría de los dominicanos se resiste a ser identificados como mulatos, prefieren, contra la evidencia demográfica, otra identidad racial: la de “Indio”. Este mito racial-cultural de que somos indios se institucionalizó durante la Era de Trujillo y perdura hasta hoy. Segundo, que apenas un 4% se reconoce negro, lo cual lo convierte en la minoría poblacional, lo que evidentemente es falso. Y, tercero, que el pequeño pero significativo grupo que racialmente se percibe como mulato, crea oficialmente esta “nueva” categoría racial: El Mulato. Que nadie se llame a engaño: “estamos frente a un fenómeno desconocido hasta ahora en la historia dominicana, esto es, la existencia de un movimiento de “mulatos valientes” que andan en busca de una reafirmación positiva de su identidad, en contraste con la falsificación secular de su raza y color” . Marrero Aristy enfatizaba que este es un país de mulatos y con Trujillo en el poder decía que el próximo presidente tendría que “salir de la mulatería”, de este modo, pensaba Aristy, se evitaría que lo fuese “un filorio del Parque Colón”. En la historia política dominicana los mulatos hemos sido decisivos, al nacer la República Sánchez y Joaquín Puello asumen la dirección política y militar, de los Trinitarios. La historia moderna se abre con un mulato en el poder: Trujillo, y continúa con otro mulato: Leonel. La mulatización es, definitivamente, tal y como la señalara Andrés Pérez Cabral “el signo supremo de la historia antillana”.   Soy Orgullosamente Mulato.

 

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